
Dicen que los ojos obsesionaban al gran Darwin. El hombre pensaba que eran tan maravillosos que desafiaban la teoría de la evolución que había estado desarrollando, algo tan genial parecía obra divina. Sin embargo, acabó encontrando organismos con ojos menos desarrollados, lo que le permitió establecer la evolución de tan maravilloso instrumento de observación, según su consabida selección natural.
Y es que la naturaleza es sabia, mucho más de lo que pensamos. No sólo ha dotado de ojos a todo el reino animal, sino que además los ha colocado en el lugar donde más útiles pueden ser. Por ejemplo, los animales herbívoros, que no necesitan una gran visión frontal para comer plantas (ya que éstas están inmóviles), y suelen ser presa de los carnívoros, suelen tener sus ojos a cada lado del cuerpo, lo que les permite una visión periférica mayor, pudiendo vigilar con facilidad sus depredadores.











