Es triste, pero está claro que cada vez se destinan menos partidas presupuestarias para sufragar los costes de las infraestructuras como los guardarrailes o, más genéricamente, los dispositivos de contención. No solo se está decrementando el total que supone la renovación de los elementos, sino que también decrece el total destinado a su instalación.
En pocas palabras, cada vez se destina menos dinero a mantener en buen estado unos elementos que ayudan de forma importante a la disminución de víctimas mortales en accidentes en carretera. Ojo, estamos de acuerdo con que los guardarrailes tienen una tara que nadie parece terminar de solucionar cuando hablamos de motoristas, pero en este caso no vamos por ahí, sino por el camino del “no hay dinero”.











