Enhorabuena, ya tienes el carnet de conducir. A partir de ahora, puedes circular por las carreteras libremente, siempre y cuando respetes las reglas del juego. Pero ojo, que tu aprendizaje no ha terminado, no ha hecho nada más que empezar. Y este momento es especialmente sensible.
Cuando dejamos de tener al plasta de la autoescuela a nuestra derecha, si viajamos solos nadie va a corregirnos ni a detectar manías y malas costumbres que podemos estar empezando a adquirir. Por ejemplo, mi profesor siempre me daba un manotazo cuando veía que mi mano derecha iba demasiado pegada al pomo del cambio.
Justo cuando uno empieza a “soltarse” y gana confianza, es cuando pueden aparecer algunas manías. Si eso no se corrige a tiempo, pueden dilatarse en el tiempo lo suficiente como para que dejarlas sea más difícil que abandonar el tabaco.
Veamos algunas manías comunes:











