Este mes tocan badenes. Si a principios de febrero os presentamos el Speed Kidney desarrollado por la Universidad Politécnica de Valencia, hoy toca un nuevo sistema que pretende hacer nuestra conducción más cómoda. Sobre todo si hablamos de estos pequeños e incómodos elementos.
Hace un par de años se presentó el primer badén inteligente. Un badén que consistía en unas bandas huecas que se rellenaban con un líquido de forma que si un vehículo se aproximaba a la velocidad adecuada, al pisar el badén el líquido se movía, vaciando la zona de contacto, y quedando liso sin molestas al conductor. En cambio, si el vehículo circulaba a una velocidad excesiva, no había tiempo a que se el líquido cambiara de ubicación, por lo que actuaba como un badén tradicional.

Uno de los elementos que nunca he podido acabar de comprender son los badenes ubicados transversalmente en la calzada para evitar los excesos de velocidad. Sí, está claro: o frenas, o el bote que pegas en el asiento de tu coche (y ya no quiero ni explicar las sensaciones en moto) es de esos que hacen época. Pero el problema es que estos badenes deben pasarse muy a menudo a velocidades inferiores a los 10 km/h, y eso ya no tiene ningún sentido.

