“¡Demonios Marty! ¡Cuando esto llegue a 325 km/h tendremos esa foto por fin!”. “¿Qué es un km/h, Doc!? ¿¡Doc!?”Lo que hay que leer. Nada menos que 325 km/h de velocidad punta en una autopista con límite de velocidad 110 km/h. Si, casi el triple del límite legal. Lo peor de este caso que leemos en el Heraldo es que el infractor no fue pillado en ese momento. No señor. Por algo posterior que no ha trascendido, la policía se incautó del teléfono móvil de este fitipaldi de la vida y vio entre otras grabaciones, como la noche de autos el señor en cuestión grababa cómo la aguja del velocímetro llegaba a tan mágica cifra.
Se me ocurren tantas cosas que decir que no se por dónde empezar. Me parece grave hasta cierto punto quebrantar la ley, pero es que hay quebrantos y quebrantos. Circular a 130 km/h por una vía de 110 km/h es punible, circular a 200 km/h por el mismo lugar ya lo considero un delito, imaginad qué pienso de los 325 km/h. No se si hay algún psiquiatra en la sala, pero me encantaría saber, más allá de lo que es la sensación de velocidad y la adrenalina que se segrega (que da gustito, la verdad) qué “trabajo” cerebral hace que se corran semejantes riesgos en una carretera pública. Para grabar cómo llega la aguja al final.











