
“Esta noche algún gracioso me ha dado un golpe en el coche y me lo ha dejado bonito. Y, vale, sí, lo tengo a todo riesgo y por tanto no voy a tener que preocuparme por lo que me va a costar la broma, que la aseguradora va a correr con los gastos. Pero, me lo monte como me lo monte, voy a tener que estar perdiendo horas de trabajo para llevar el coche al taller, esperar a que me lo miren, luego que me lo periten, que me lo arreglen… ¡Yo no tengo por qué pasar por todo esto! ¡Que la culpa del golpe no ha sido mía!”
¿Quién no se ha sentido alguna vez así después de descubrir la huella de algún ave nocturna (entiéndase “pajarraco”) sin demasiados escrúpulos? Todo esto, que podría ser una historia real pero no lo es, tiene los días contados…



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