Artículos etiquetados como Aptitudes para la conduccion

La diferencia entre un accidente y su posibilidad (1): la visión subjetiva

Untitled Por Joost J. Bakker IJmuiden

La conducción de un vehículo, además de los conocimientos teóricos y prácticos, requiere ciertas aptitudes psicofísicas. Digamos que son las condiciones físicas y clínicas exigidas por los Centros de Reconocimiento de Conductores para obtener o prorrogar el permiso de conducir. En dicha revisión se comprueba, además del estado de salud, la capacidad auditiva, la coordinación motora y sensorial.

Pues bien, uno de los requisitos más influyentes en la tarea de conducir es la capacidad visual, es decir, la acción y efecto de percibir el conductor, a través de la vista, el entorno que le rodea. Además de la atención permanente en la conducción, todo conductor, tiene que saber seleccionar los mensajes externos que le llegan, darle su importancia e interpretarlos acorde a su experiencia.

El tiempo que tardamos en reaccionar o la ausencia de maniobra evasiva son algunas de las causas que directa o indirectamente influyen en los siniestros con ocasión del tráfico. La respuesta ante una situación de riesgo al volante va a depender de cómo ésta sea percibida. De ahí la importancia de la percepción subjetiva y real de que dispone el conductor en la fase previa al conflicto.

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¿Podemos cambiar nuestros hábitos en la conducción?

¿Step 10?

Este artículo se podría llamar más bien, díme cómo conduces y te diré quién eres, pero prefiero desligarme del tópico para no hacer más célebre el origen del refrán. No se trata de reafirmar una conducta sino más bien todo lo contrario, sacar nuestra propia conclusión sobre la forma de comportamiento al volante.

El hábito, que en psicología, es el comportamiento repetido regularmente por una persona, puede ser bueno si se tiene la capacidad de tomar una decisión correcta y también puede ser malo si el comportamiento equivale a sinvergonzonería o inmoral. Y no es cuestión de gustos sino simplemente llamar las cosas por su nombre.

No obstante, para no crear discordia entre los lectores, la buena o la mala costumbre al volante es la que nos delata a veces; lo cual es muy cierto pero la realidad puede ser otra, veamos porqué.

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«Yo sé conducir»

Jaime Algersuari

Cuando uno es adolescente, se empeña en ocasiones en demostrar lo bueno que es en algo, o lo mucho que sabe, o lo bien que se le da un deporte… incluso quiere demostrar lo que nadie le pide que demuestre. Quiere llamar la atención, y obtener la aprobación de otros para sentirse más a gusto.

A más de uno le he oído decir/leído “Yo sé conducir”. Perdona, pero meter primera y segunda en una urbanización o un camino de tierra no es saber conducir, es tener una idea de cómo hacer moverse a un coche. Incluso se lo oigo a los alumnos de autoescuela: “Yo sé conducir”.

Lo siento, pero no. Estás aprendiendo a circular, que no es lo mismo. Saber conducir es algo que viene con la experiencia, los kilómetros, y los años. Puede que a lo largo de una vida ni a base de kilómetros ni de años aprendas a conducir correctamente, de la misma forma que no todas las personas de 70 años son catedráticas de castellano a fuerza de escribirlo y hablarlo.

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La nueva campaña de ‘Ponle Freno’ y los conductores más veteranos, o cómo ponerle freno al abuelo

Hombre mayor conductor

La dificultad de nuestros mayores para dejar de conducir es un asunto duro de acometer. Por un lado, está la *necesidad y el derecho a la movilidad* que permite el vehículo privado. Por el otro, está el hecho de que con el correr de los años van disminuyendo las *aptitudes psicofísicas necesarias para una conducción segura*. No es un tema nuevo, y de hecho desde *Circula Seguro* ya tratamos en el pasado este problema poniendo el foco sobre cómo detectar que un conductor está perdiendo facultades.

Además, este es un problema que aumentará cada vez más si tenemos en cuenta el ritmo de envejecimiento de la población. Quizá por eso, la plataforma ‘Ponle Freno’ ha puesto en marcha una campaña para concienciar a las personas mayores de que en la vida llega un momento en que, *por responsabilidad, más vale dejar el coche quieto*, y para ilustrar este problema han empleado una pieza de vídeo que me ha llamado la atención, ya que en ella aparecen algunas historias que dan mucho que pensar.

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¿Seguridad vial o deber de confidencialidad médica? He aquí el dilema

Médico

Si un médico pasa el informe de un paciente a *Tráfico* por entender que esa persona no puede conducir, ¿está violando el *principio de confidencialidad* entre médico y paciente o le está haciendo *un bien a la seguridad vial*? Si simplemente informa a Tráfico de lo que ha detectado en una exploración rutinaria, ¿debe anteponer sus deberes para con el paciente a su sentido del deber como ciudadano?

Estas preguntas están siendo puestas de relieve en los últimos días, y todo a causa de un *proyecto* que está siendo evaluado por los ministerios de Sanidad, Justicia y Trabajo para integrar en la mejora de la seguridad vial el seguimiento de los profesionales facultativos a sus pacientes. El *debate* está abierto y no es sencillo posicionarse.

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Aprender a circular… o a examinarse

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Éste es un dilema al que, conscientemente o no, todos nos encontramos al pasar por la autoescuela. De hecho, seguramente llegará a condicionar la elección del centro; confiaremos nuestra suerte a un profesor con ganas de enseñarnos, o bien caeremos en la tentación de una oferta que promete rapidez.

Si estáis leyendo un blog de Seguridad vial, seguramente es porque ya estáis mínimamente concienciados del tema, y por lo tanto supongo que la respuesta de la mayoría sería «aprender a circular, no a hacer el examen». Y yo estoy de acuerdo, claro. Os invito a compartir mis reflexiones sobre este tema. Y, por supuesto, a decir la vuestra.

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Parte médico de incapacidad vial, ¿utópico o posible?

Médico y paciente

Imaginemos una situación como otra cualquiera de las que suceden cada día en España. Se presenta una persona en la consulta del médico y le confiesa con sorna que desde hace unos meses tiene una gran dificultad para distinguir las señales de tráfico. Vamos, que no las ve hasta que no las tiene a un palmo de sus narices… El médico, atónito, hace la exploración de rigor y tras confirmar una pérdida de agudeza visual deriva al paciente hacia el servicio de oftalmología para que le echen un buen vistazo.

Cuando por la tarde el médico cuelga la bata y el fonendoscopio, se va a su casa y allí se sienta en el sofá a ver la tele, de pronto repara en un detalle aterrador. Aquel paciente ha acudido a la consulta conduciendo su coche… y se ha marchado de vuelta a casa conduciendo su coche. ¿Cuántas señales no habrá visto por el camino? ¿Cuántos coches, camiones, motos, bicis y peatones le habrán salido de la nada si ese hombre ha tenido que circular contra la luz del sol vespertino?

Al médico se le han quitado las ganas de cenar. ¿No hay nada que él pueda hacer?

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Señor agente, la culpa es de mis genes

Genes

No todos los conductores somos iguales, *aquí no hay democracia desde el punto de vista de la naturaleza*. A veces, para conducir mal no hace falta hacerlo a propósito, ni estar drogado/borracho, o teniendo un mal día. A veces es simplemente por que son así, y existe una evidencia científica que lo avala.

La Universida de Irvine en California se encontraba haciendo un estudio sobre habilidades motoras y se encontró con un curioso hallazgo. Había un grupo de personas que hacían las pruebas peor y tenían una característica en común, *un defecto en sus genes*, que son los que configuran al ser humano.

Dicha limitación genética limita la disponibilidad de una proteína denominada «Factor neurotrófico derivado del cerebro» (BDNF), que entre otras cosas supone hacer las pruebas hasta un 20% peor que quien no la tiene, así como tener más tendencia a olvidar los contenidos teóricos cuando se sacó el carnet.

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¿Adaptarme al medio o adaptar el medio a mí? (y 2)

Adaptación al medio

Como decíamos ayer, el debate entre la adaptación al medio o la adaptación del medio a nuestras necesidades tiene un punto de inflexión. Es aquel en que las personas olvidamos que somos capaces de dominar el medio precisamente porque en primer lugar hemos sido capaces de adaptarnos al medio.

De este punto a exigir que sea el medio el que nos responda en todo momento hay un paso minúsculo. Y a partir de ese momento, cuando olvidamos la necesidad básica de adaptar nuestra conducción al ritmo del tráfico y de la vía, cuando anteponemos nuestras exigencias como conductores por encima de la realidad que nos rodea, es cuando puede venir el problema.

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¿Adaptarme al medio o adaptar el medio a mí? (1)

Adaptación al medio

Desde la aparición de las primeras formas de vida sobre la Tierra, hace ya unos cuantos días, la adaptación al medio ha sido la técnica clave para la supervivencia y la evolución de las especies. De hecho, esa cualidad se contempla como uno de los parámetros para medir la inteligencia de la persona: De cómo observe y comprenda la cambiante realidad que lo rodea, de cómo evolucione él mismo en su forma de pensar y de cómo aprenda a elaborar una respuesta adecuada a cada situación dependerá su éxito.

Cuando nos encontramos al volante, observamos nuestro entorno, seleccionamos los estímulos que nos interesan, pensamos cuál será la respuesta idónea para la situación que tenemos ante nosotros, la ejecutamos con acierto, y todo eso en un tiempo dado que para ir bien debe ser el menor posible, ya que la realidad que nos rodea cambia a un ritmo frenético, tanto mayor cuanto mayor sea la velocidad a la que circulemos.

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