Artículos etiquetados como Aptitudes para la conduccion

¿Qué hacemos si nos encontramos con un conductor en sentido contrario?

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Cada cierto tiempo vemos noticias sobre conductores que se han metido en una autovía en sentido contrario al habitual. Lejos de pensar en kamikazes, que los hay, en muchas ocasiones todo se reduce a un despiste. Un despiste enorme, sí, porque por lo general es muy difícil no darse cuenta de que nos estamos incorporando a la autovía de una forma antinatural, y es muy difícil no ver las enormes señales de STOP que suelen presentarse ante nuestros ojos, pero son despistes al fin y al cabo.

El ultimo caso, en Palma, tenía como protagonista a una mujer de 65 años que se introdujo en sentido contrario por la Vía de cintura y, lejos de detener el vehículo y tratar de solucionar el asunto, siguió circulando, quizás con la intención de salir por una próxima salida. Sea como sea, el hecho se produjo, y nosotros no vamos a juzgar su comportamiento, para eso ya está el sabio usuario de Twitter. Lo que sí podemos hacer es contar qué podemos hacer si alguna vez nos encontramos con una situación así en la carretera.

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Efectos oculares y visuales que conviene asumir a la hora de conducir

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La conducción requiere de la vista como sentido principal, sin el que resulta evidente que no es posible (hoy) conducir ningún vehículo. Teniendo eso tan claro, nos encontramos con multitud de casos diferentes en cuanto a la salud de la vista del conductor, y ya en otras ocasiones mencionamos lo poco que nos preocupa nuestra visión para conducir, en general. La percepción subjetiva es que vemos bien, igual que a pesar de habernos tomado unas cervezas “estamos perfectos para conducir“: en ambos casos conviene pensar que no somos los más indicados para juzgar nuestros sentidos, y necesitamos acudir al oftalmólogo con regularidad, y más cuanto más edad acumulemos a la espalda.

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Tres tipos de alerta en la conducción

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La capacidad de observación que tiene todo conductor durante la conducción dependerá, entre otros factores, del buen uso y manejo de los mandos de su vehículo y de la concentración durante la distancia que le queda por recorrer. La planificación del viaje implica o lleva consigo saber el tiempo que se tarda de ‘A’ a ‘B’ pero no siempre se podrá cumplir debido a imperativos del tráfico rodado y al estado de la vía con sus condiciones medio ambientales.

Pues bien, durante todo ese tiempo el nivel de alerta o atención mientras conducimos debe permanecer para llegar con seguridad a nuestro destino. Cualquier contratiempo que sume tiempo a nuestro desplazamiento debemos compensarlo con un buen descanso y no al revés. Veamos por qué.

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Las fases del siniestro vial (y 3): situación límite

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Un escenario vial por donde nos movemos como conductores o peatones y donde experimentamos en cualquier incidente rodado las fases de percepción, respuesta y, por último, la menos deseada por tratarse de una situación limite, como es, el conflicto.

Situación límite podría ser el título de una buena película pero no viene al caso aunque sí relacionado con el tema de hoy ya que puede representar la última fase en la que se divide el siniestro vial, es decir, el momento en el que se produce físicamente el incidente. Una fase que puede dividirse: en momentos o lugares, punto de máximo efecto, colisiones reflejas y posiciones finales.

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Las fases del siniestro vial (2): Decisión y respuesta

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Como dijimos en el artículo anterior sobre la percepción, el incidente con ocasión de la movilidad entre el tráfico de vehículos (con o sin motor), peatones y ciclistas, ya sea en casco urbano o interurbano, no se produce de forma repentina o de forma azarosa, sino que se trata de una sucesión encadenada de hechos que se producen en dos dimensiones físicas: en un terreno, sitio o lugar y en un intervalo de tiempo.

Dentro de ese escenario vial por donde nos movemos, tenemos que tener en cuenta que no estamos exentos de sufrir un incidente vial bien como peatón o como conductor. La fase de percepción nos pone en alerta ante un hecho inesperado como puede ser, por ejemplo, un vehículo que nos precede y frena de forma brusca o la irrupción súbita de un peatón. En todo caso, será la fase de decisión la que nos servirá para dar respuesta a ese peligro.

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Las fases del siniestro vial (1): Percepción

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El incidente o siniestro vial con ocasión del tráfico de vehículos (con o sin motor) y en donde también participan peatones y ciclistas, ya sea en casco urbano o interurbano, no se produce de forma repentina o como caído del cielo (falsa creencia), sino que se trata de una sucesión encadenada de hechos que se producen en dos dimensiones físicas: en un terreno, sitio o lugar y en un intervalo de tiempo.

El escenario vial ya lo conocemos, es decir, es por donde nos movemos. Un espacio donde existen varias zonas, fases o áreas para explicar o reconstruir lo sucedido dentro de una secuencia temporal recorrida por un vehículo o peatón. Pues bien, una de esas fases sería la percepción, es decir, la acción y efecto de comprender o conocer algo.

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La diferencia entre un accidente y su posibilidad (2): la visión objetiva

Crash por jlmaral

Como ya dijimos en el artículo anterior cuando vimos la visión subjetiva para explicar la composición de cualquier incidente vial desde que se percibe el peligro hasta que se produce el mismo, esa serie de acontecimientos consta de varias fases y a su vez de posiciones las cuales están constituidas por momentos o espacios.

Vimos con algunos ejemplos la primera fase de percepción y definimos la visión subjetiva como el momento en el cual, cualquier conductor, en condiciones normales, puede percatarse de alguna circunstancia irregular y que al mismo tiempo la identifica como un peligro. Es la primera visión que tenemos del acontecimiento inesperado.

Pues bien, para completar la fase de percepción pasamos a explicar ahora al segundo momento de dicha fase, la visión objetiva o real para comprender, la secuencia previa que existe con anterioridad a la toma de decisión. Veamos algunos ejemplos.

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La diferencia entre un accidente y su posibilidad (1): la visión subjetiva

Untitled Por Joost J. Bakker IJmuiden

La conducción de un vehículo, además de los conocimientos teóricos y prácticos, requiere ciertas aptitudes psicofísicas. Digamos que son las condiciones físicas y clínicas exigidas por los Centros de Reconocimiento de Conductores para obtener o prorrogar el permiso de conducir. En dicha revisión se comprueba, además del estado de salud, la capacidad auditiva, la coordinación motora y sensorial.

Pues bien, uno de los requisitos más influyentes en la tarea de conducir es la capacidad visual, es decir, la acción y efecto de percibir el conductor, a través de la vista, el entorno que le rodea. Además de la atención permanente en la conducción, todo conductor, tiene que saber seleccionar los mensajes externos que le llegan, darle su importancia e interpretarlos acorde a su experiencia.

El tiempo que tardamos en reaccionar o la ausencia de maniobra evasiva son algunas de las causas que directa o indirectamente influyen en los siniestros con ocasión del tráfico. La respuesta ante una situación de riesgo al volante va a depender de cómo ésta sea percibida. De ahí la importancia de la percepción subjetiva y real de que dispone el conductor en la fase previa al conflicto.

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¿Podemos cambiar nuestros hábitos en la conducción?

¿Step 10?

Este artículo se podría llamar más bien, díme cómo conduces y te diré quién eres, pero prefiero desligarme del tópico para no hacer más célebre el origen del refrán. No se trata de reafirmar una conducta sino más bien todo lo contrario, sacar nuestra propia conclusión sobre la forma de comportamiento al volante.

El hábito, que en psicología, es el comportamiento repetido regularmente por una persona, puede ser bueno si se tiene la capacidad de tomar una decisión correcta y también puede ser malo si el comportamiento equivale a sinvergonzonería o inmoral. Y no es cuestión de gustos sino simplemente llamar las cosas por su nombre.

No obstante, para no crear discordia entre los lectores, la buena o la mala costumbre al volante es la que nos delata a veces; lo cual es muy cierto pero la realidad puede ser otra, veamos porqué.

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“Yo sé conducir”

Jaime Algersuari

Cuando uno es adolescente, se empeña en ocasiones en demostrar lo bueno que es en algo, o lo mucho que sabe, o lo bien que se le da un deporte… incluso quiere demostrar lo que nadie le pide que demuestre. Quiere llamar la atención, y obtener la aprobación de otros para sentirse más a gusto.

A más de uno le he oído decir/leído “Yo sé conducir”. Perdona, pero meter primera y segunda en una urbanización o un camino de tierra no es saber conducir, es tener una idea de cómo hacer moverse a un coche. Incluso se lo oigo a los alumnos de autoescuela: “Yo sé conducir”.

Lo siento, pero no. Estás aprendiendo a circular, que no es lo mismo. Saber conducir es algo que viene con la experiencia, los kilómetros, y los años. Puede que a lo largo de una vida ni a base de kilómetros ni de años aprendas a conducir correctamente, de la misma forma que no todas las personas de 70 años son catedráticas de castellano a fuerza de escribirlo y hablarlo.

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