
Curiosamente, en un entorno inundado de asfalto, muchas poblaciones han encontrado un desahogo en la agobiante escasez de aparcamiento en descampados sin pavimentar. Ya sea en las afueras, o islas de terreno que en su día, por los devenires de la especulación, quedaron sin edificar. Incluso, a veces, en la misma arena de la playa.
No es que tenga información fiable al respecto, pero supongo que su origen es tan antiguo como la automoción personal masificada. «Si no encuentro sitio para aparcar, pues lo dejo ahí, total no hay nada». Bueno, en muchos de ellos solía haber niños jugando, cuando aún podían (y querían) hacerlo al aire libre.
Con el tiempo, el uso de solares como salvación del que intenta dejar encontrar un lugar donde depositar se ha institucionalizado. E incluso, en algunos casos, oficializado mediante señales colocadas por las autoridades locales. Aunque raramente van más allá de marcar la zona de entrada.











