Artículos etiquetados como Anticipacion en la conduccion

Es muy caro hacer las cosas mal al volante

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Cuando viajo me fijo mucho en los coches de mi alrededor, y en qué hacen sus conductores, en cómo se comportan al volante. Veo de todo, como está claro para cualquiera que haga una cierta cantidad de kilómetros con cierta frecuencia. Lo que más veo es prisa, y también “hacerse el bueno” cuando se pasa por una zona de radar conocido (sí, levantar el pie hasta que circulan a menos de 110 km/h, para luego acelerar y volver a su velocidad de crucero habitual). En el último viaje que hice me pregunté por qué la gente se esfuerza en apurar al máximo las normas, el tiempo y el espacio, si lo que realmente sale barato es circular con calma, con tiempo, y sin arriesgar lo más mínimo. Como hoy es mi cumpleaños, me siento más filosófico de lo normal.
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Principios del comportamiento vial (2): la previsión

Adelantamiento por RinzeWind

Como ya sabemos, tras ver el comportamiento que pueden tener los demás y a pesar de utilizar el principio de confianza, toda precaución es poca a la hora de ponerse al volante. De ahí, la previsión como principio basado en que todo obstáculo o situación que pueda sorprendernos deberá ser aceptado sin alterar nuestra capacidad de anticipación para evitar cualquier incidente vial.

La anticipación como alternativa a la propia seguridad personal, siempre que la situación de peligro inicial sea de tal naturaleza que, efectivamente, exija una resolución del conflicto como, por ejemplo, una maniobra evasiva consistente en el giro de volante hacia la derecha para impedir una colisión por alcance en una vía de doble sentido de circulación. Pero, hay muchos más ejemplos…

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Propósito de Año Nuevo: ceder el paso a los peatones

Creo que estas imágenes no son para nada exclusivas de Mérida. Es más, forma parte de lo habitual ver cómo algunos conductores van totalmente a lo suyo sin importarles para nada su entorno, especialmente los peatones. El motivo del vídeo que vemos es dar a conocer una situación particular de Mérida, concretamente en una zona donde se ha abierto un nuevo centro comercial, pero es una situación generalizada en cualquier punto de la geografía de nuestro país.

Los semáforos están inhabilitados, pero el paso de peatones si que existe. Esa actitud de algunos conductores pasando como si no viesen al peatón me es demasiado familiar, lo que no entiendo es cómo se puede comportar uno así y luego tener la conciencia tranquila. Cierto es que los semáforos no funcionan, pero en una zona que está limitada a 50 km/h (ese es otro tema) con pasos de cebra de cuando en cuando, lo lógico es que haya una cierta anticipación por parte de los conductores.
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Hay decisiones que no se pueden cambiar sobre la marcha

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Es un tema peliagudo este de las decisiones al volante. Como Josep nos contó en el pasado, la toma de decisiones en el coche, sin dudas. Es algo que tiene que mucha lógica por la responsabilidad y el escaso margen de tiempo que tenemos comparado con la decisión de comprar una casa o un coche, o incluso la ropa que llevamos. Y en ese sentido, en el que Josep nos contaba, creo que es bueno que una vez tomada la decisión no la cambies porque puede tener malas consecuencias. A veces, cambiar una decisión que resulta en un error implica tomar otra.

Para ilustrar lo que quiero decir, y que no se malinterprete como una burda generalización, voy a contar un caso real que me pasó estas vacaciones mientras me desplazaba a mi tierra a pasar unos días. Mi experiencia no es mucha, pero los kilómetros ya se empiezan a acumular y es inevitable ver cosas. Lo que contaré ahora no duró más de 10 segundos, pero me parece lo suficientemente relevante para compartirlo. Tiene que ver entre otras cosas con la anticipación, la información previa, y la toma de decisiones en segundos.
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Cuidado con el perro… y con su amo

Perro arropado

*Betoven era el perro ideal.* Nació faltándole una _e_ y una _h_ en el nombre que le impuso su autoproclamado amo, pero a él le daba igual. Por la mañana despertaba a David con mucha suavidad. Le acercaba las zapatillas hasta los pies de la cama. Le encendía la tele con un preciso golpe de pata sobre el mando a distancia. Si hubiese podido, hasta le habría puesto sobre la mesa un café con leche y una madalena para desayunar. Betoven era el mejor amigo de David. *Todo lo hacía por él.*

Y David quería a su perro como se quiere a un perro. Con mucho cariño pero también con *una pizca de autoridad* para dejar claro quién manda. Algún toque de periódico en el hocico para regañarlo de vez en cuando y aquel perro se había transformado en un fiel animal que obedecía a todo lo que su amo le ordenaba. Como tiene que ser.

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¿Susto o miedo? He ahí el dilema

Miedo o susto

Ahora por aquí lo empezamos a llamar Halloween, pero el homenaje anual a los difuntos está tan arraigado entre nosotros como cualquier otra celebración pagana. Estos días recuerdo a una vecina que tuve, una señora ya mayor, muy andaluza ella, que cada vez que veía en la tele el primer anuncio de Halloween en Port Aventura nos preguntaba en casa: “Y a ustedes, ¿esto no os da susto?”

La primera vez que lo preguntó ni siquiera entendí lo que quería decir. Luego traduje mentalmente: “Ah, quiere decir si no nos da miedo”. Extraña confusión.

Y el viernes pasado, al hilo del comentario que dejó mi compañero Morrillu en aquella triste entrada sobre el atropello a los mossos d’esquadra, la imagen de aquella mujer (Carmen, se llamaba) me volvió a la cabeza. Y es que no es lo mismo pasar miedo en la carretera que pasar un susto al volante.

Miedo, nunca. Pero es que susto… jamás de los jamases.

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Conducción preventiva (y 3). Nuestro espacio

Autos de choque

Estos días hemos comprendido que la observación es una pieza fundamental para obtener la información necesaria para la conducción preventiva y que una anticipación bien entendida redunda en nuestra propia seguridad vial y, por extensión, en la seguridad vial colectiva.

Como habremos observado, no siempre las cosas salen como uno espera. Por eso precisamente hemos aprendido a anticiparnos y reaccionar en caso necesario. Ah, pero para desarrollar nuestras reacciones necesitamos contar con un escenario, que no es otro que el espacio que nos rodea. Y a eso dedicaremos esta última del mini monográfico dándole un repaso al tercer pilar sobre el que se asienta la conducción preventiva: el dominio de nuestro espacio.

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Conducción preventiva (2). La anticipación

La anticipación permite estar preparados para actuar

Después de hablar sobre la observación, que nos debe permitir seleccionar de forma adecuada la información que nos interesa como conductores, el siguiente pilar de la conducción preventiva es la anticipación. Entendemos la anticipación como una técnica por la cual somos capaces de aventurar cuáles serán los comportamientos del resto de usuarios de la vía antes de que estos tengan lugar y de esta forma estar preparados para actuar en caso necesario.

Quizá la anticipación es el pilar más fácil de entender a nivel conceptual, pero su puesta en escena reviste un problema bastante peliagudo: Si llevamos a cabo la anticipación de una manera inadecuada, eso nos puede acarrear más conflictos que ventajas, llegando al punto, sin quererlo, de propiciar nosotros mismos una colisión. Una buena técnica de anticipación, por el contrario, nos ayudará a realizar la mejor de las conducciones preventivas, lo que redundará sin duda en una mejora de nuestra propia seguridad vial y, por qué no, también en la de los demás.

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Conducción preventiva (1). La observación

Las vías urbanas ponen a prueba nuestro sentido de la observación

La técnica para una conducción preventiva se apoya en tres pilares fundamentales: la observación, la anticipación y el dominio de nuestro espacio. Si empleamos estas técnicas de forma correcta, estaremos llevando a cabo una conducción preventiva. Hoy iniciamos un pequeño monográfico sobre esta cuestión básica para nuestra seguridad vial, y comenzamos por el primer eslabón en la cadena de la conducción preventiva: la observación.

Ciertamente, el 90% de los estímulos que percibe un conductor son de tipo visual. El movimiento de los vehículos, su posición en la vía, el peatón que cruza la calzada… Todos esos estímulos entran en los ojos del conductor y llegan al cerebro para que este razone una respuesta adecuada y envíe a los músculos unas órdenes de reacción correctas que además deben ejecutarse en un tiempo mínimo. Por eso resulta básico que nuestra observación esté bien educada para que el resto de la cadena funcione.

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