
A veces la vida nos asesta un tremendo mazazo que nos desvencija por completo y le da la vuelta a todo nuestro mundo. Tras ese instante que lo cambia todo pasamos de la confianza y la tranquilidad de vivir una vida normal al máximo desasosiego, a la máxima confusión. Pasamos de un momento de euforia desatada a la tristeza infinita, de la alegría que nos llena al dolor, al vacío. “Ha habido un accidente” es la frase que lo cambia todo.
Sin embargo, no toda la siniestralidad vial sucede de una manera tan imprevista. No todas las colisiones son huérfanas de simiente. No todos los choques llegan sin haber avisado, y mucho, durante días, semanas, meses… e incluso años. Aunque la carretera no nos brinda una segunda oportunidad, en ocasiones, y antes que se produzca el siniestro, vemos indicios que a todas luces nos anticipan lo que un día u otro llegará para cambiarlo todo. Evitar caer en el triángulo de la siniestralidad vial consiste en identificar esos indicios y poner en marcha las medidas preventivas necesarias.
Hoy vamos a hablar, durante un buen rato, de Eva. ¿Os apetece conocerla?











