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La carretera N-323 conecta, entre otros, Figueruelas con Mallén, en la provincia de Zaragoza. Se trata de un tramo de 27 kilómetros con un tráfico muy grande de camiones, y al ser una vía de doble sentido, los adelantamientos eran frecuentes. Para atajar la siniestralidad del tramo se cambiará la señalización para avisar a los conductores del peligro que tiene cada cinco Km.
Pero no sólo eso, se limitará la velocidad máxima a 80 Km/h y quedarán prohibidos los adelantamientos. El alcalde de Mallén declaró: “A 80 por hora, estos 27 kilómetros cuestan 20 minutos. Si realizamos uno, dos o tres adelantamientos, podemos llegar a ganar tres o cuatro minutos. ¿No merece la pena perder ese tiempo para evitar muertes?”.
Esos tres o cuatro minutos pueden tener un coste elevado. Incluso conduciendo un vehículo de gran potencia, pongamos 200 CV en adelante y en compacto/berlina, el número de adelantamientos unido a las condiciones hacen del tramo un sitio bastante peligroso. ¿Por qué? El factor humano por partida doble, cuando se diseñó la carretera y cuando se utiliza en el día a día.





