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		<title>Magazine - actitud</title>
		<link>http://www.circulaseguro.com</link>
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Publicación sobre seguridad vial y educación vial, con información, consejos y reflexiones para circular más seguros		</description>
		<pubDate>2012-02-10 08:32:35</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Conducimos de acuerdo con nuestro aspecto físico?]]></title>
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      <pubDate>Mon, 06 Feb 2012 06:00:05 +0000</pubDate>

      <author>Josep Camós</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image70876" src="http://img.circulaseguro.com/2012/02/conductor.jpg" class="centro" alt="Conductor" /></p>

	<p>Me ha llamado la atención la existencia de este post <a href="http://pedroarnella.blogspot.com/2012/01/el-caracter-corporal-del-conductor.html">en el blog de Pedro Arnella</a>, conocido formador de conducción avanzada que lleva casi treinta años trabajando en ese sector. El caso es que Arnella habla del <strong>carácter corporal del conductor</strong>, y se remite a los estudios del japonés Aruchika Noguchi denominado <strong>Taiheki</strong>, 体癖, que puede traducirse por &#8220;el hábito del cuerpo&#8221;, donde explica <strong>cómo el cuerpo condiciona la forma de comportarnos</strong>.</p>

	<p>Siguiendo esta referencia, resulta que las personas que físicamente comparten parecido <strong>presentan un comportamiento también similar</strong>. Durante años, Arnella estuvo estudiando esta tesis y la vinculó al mundo de la psicología de la conducción, realizando una clasificación en <strong>cinco tipos de conductores</strong> que se manifiestan de diez formas diferentes.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lógicamente, y como toda tabla de clasificación de rasgos psicológicos, esta adaptación del Taiheki <strong>sirve más para ver tendencias</strong> que para evaluar de forma drástica a los conductores, ya que <strong>cada persona puede presentar estas características más puras o más mezcladas</strong>. En cualquier caso, en función de esta clasificación, Arnella distingue los siguientes tipos de conductores:</p>

	<ul>
		<li><strong>Conductor mental. </strong>Su aspecto es estirado y vertical. Fiel a sus principios, es respetuoso con las normas. Sin embargo, vive muy <em>en su mundo</em>, de manera que es bastante proclive a la distracción. Cuando se despista, no comete errores demasiado graves.</li>
	</ul>

	<ul>
		<li><strong>Conductor emocional.</strong>Su aspecto es redondeado. Es instintivo y espontáneo, y se deja llevar por su estado de ánimo. No suele profundizar en sus técnicas, pero si lo hace alcanza un buen nivel por puro instinto. Eso sí, lo pierde con facilidad si no practica.</li>
	</ul>

	<ul>
		<li><strong>Conductor dinámico. </strong> Su aspecto es atlético. Aprende con la misma facilidad que desaprende lo aprendido, ya que no se interesa demasiado por destacar en la conducción, a no ser que tenga a alguien que lo observa. </li>
	</ul>

	<ul>
		<li><strong>Conductor competitivo. </strong>Su aspecto es compacto y retorcido. Conduce con visceralidad, sin cometer errores graves a no ser que se pique con alguien, lo que sucede con relativa frecuencia. Es propenso a asumir un mayor nivel de riesgo vial.</li>
	</ul>

	<ul>
		<li><strong>Conductor intuitivo. </strong>Su aspecto puede ser condensado (bajo y compacto) o corpulento (bonachón y relajado). Suele verlas venir de lejos, por lo que es capaz de hablar o pensar en otra cosa mientras conduce y no cometer ningún error grave.</li>
	</ul>

	<p>Como se desprende de lo que se especifica para cada tipo, los primeros tres primero piensan y luego actúan, mientras que en los dos últimos casos la situación se da a la inversa. Además, cada uno de estos tipo de conductor se subdividen en dos dependiendo de un rasgo: activo o pasivo. Así se entiende, por ejemplo, que el conductor intuitivo pueda presentar dos morfologías diferentes.</p>

	<p>Son características que nunca me había parado a considerar. Hombre, sí que es cierto que cuando uno va conociendo gente que se ve en ese momento tan crucial de la vida como es aprender a conducir (y, sobre todo, a circular) <strong>tiende a establecer sus propias reglas</strong>, sus propios prejuicios (en un aspecto positivo, constructivo) en cuanto a edad, género, aficiones, compañías de grupos de iguales&#8230; Incluso por algo tan poco científico como los signos zodiacales he llegado a intuir yo algunos rasgos comunes a algunos alumnos, no me avergüenza reconocerlo. </p>

	<p>Y lo más curioso es que los esquemas cuadran, los <strong>prejuicios bien entendidos</strong> ayudan a prever por dónde saldrá el alumno antes de que lo haga. Muchos de los míos se quedaban entre maravillados y perplejos cuando les respondía a lo que estaban pensando sin que hubieran dicho ni media, a lo que yo con un poco de sorna les replicaba: &#8220;No te importa que me haya metido en tu cerebro, ¿verdad?&#8221;</p>

	<p>Ahora bien, lo de la constitución física me ha llamado poderosamente la atención. ¿Qué ocurrirá cuando el conductor envejece y sus características morfológicas varían? Porque, dejando de lado si ganamos peso con los años o no, hay rasgos que varían con el paso de los años. ¿Cambiarán en el mismo sentido las <strong>actitudes del conductor</strong>?</p>

	<p>Vía | <a href="http://pedroarnella.blogspot.com/2012/01/el-caracter-corporal-del-conductor.html">Pedro Arnella</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo me lo quito de detrás?]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/como-me-lo-quito-de-detras</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/como-me-lo-quito-de-detras</guid>
      <pubDate>Sun, 22 Jan 2012 21:49:55 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image70785" src="http://img.circulaseguro.com/2012/01/kissass.jpg" class="centro" alt="La ausencia de distancia de seguridad por detrás puede llevar a situaciones algo embarazosas..." /></p>

	<p>Recuerdo que en los tiempos en que era un novato, e incluso antes en prácticas, una de las cosas que más nervioso me ponía era ver algo <em>demasiado grande</em> por el retrovisor. Sobre todo, porque a menudo el tamaño aparente en el espejito no está relacionado con el tamaño físico de mi perseguidor, sino por la ausencia de la apropiada <strong>distancia de seguridad</strong>.</p>

	<p>Con el tiempo, los kilómetros y la eterna presencia de chupa culos tras de mi, en cierta medida me he acostumbrado, aunque odie decirlo. Sigue siendo una situación bastante delicada, pero ahora la sorteo con mayor tranquilidad. Sin esa sensación de angustia, que por otra parte sólo podía ser mala consejera. </p>

	<p>Muy desde el principio descarté la opción de intentar distanciar a mi perseguidor utilizando la táctica de dar toquecitos al freno, lo suficiente para que se encienda la luz de freno y asuste al perseguidor, pero sin llegar a perder velocidad real. He escuchado y leído acerca de este <em>modus operandi</em> en diversas ocasiones, pero como digo la descarté porque me parece que <strong>hay demasiadas cosas que podrían ir mal</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Por ejemplo, podría darle sin querer un poquito <strong>demasiado al freno</strong>. Perder velocidad de verdad, por poca que sea, puede acabar con el parachoques de nuestro perseguidor limpiando las telarañas del maletero. </p>

	<p>O, otro ejemplo, a lo mejor el sobresalto que recibe el que nos sigue es demasiado grande, haciendo que<strong> sobrereaccione con una maniobra evasiva exagerada</strong>, provocando otro accidente. Alguien con el alma muy negra podría pensar que se lo merece, por ir tan pegado. No sé de qué color será mi alma (seguramente, verde fosforita), pero no puedo evitar pensar que <strong>terceras personas podrían verse involucrados en la colisión</strong>.</p>

	<p><img id="image70786" src="http://img.circulaseguro.com/2012/01/kissass2.jpg" class="centro" alt="La ausencia de distancia de seguridad por detrás puede llevar a situaciones algo embarazosas..." style="width: 650px" /></p>

	<p>Otra solución que también descarté fue la posibilidad de intentar distanciarme mediante un acelerón. Observé que, en la mayoría de los casos, el resultado era que el de atrás <strong>seguíamos a la misma (escasa) distancia</strong>, pero que ahora<strong> íbamos más rápido</strong> los dos. Con lo cual, las consecuencias de un posible incidente serían peores.</p>

	<p>Todo lo contrario, la actitud que he ido adoptando para este tipo de situaciones consiste en <strong>levantar ligeramente el pie</strong>. No sé que opinaréis vosotros, pero yo creo que mayoritariamente me funciona. </p>

	<p>Tengo una interesante teoría al respecto. Creo que la mayoría de conductores que se acerca demasiado al que va delante no lo hace por un a sobre-confianza en sus reflejos felinos, sino por <strong>dejadez en la conducción</strong>. Paulatinamente, han perdido el miedo a darle a otro por detrás, aprendiendo a tolerar la presencia de un coche a pocos metros de su capó.</p>

	<p>Levantando el pie un poco, mi vehículo pierde velocidad pero de forma <strong>muy gradual</strong> (como el de todo el mundo, en eso no es especial). En consecuencia, la distancia tiende a reducirse a un más. No lo suficiente para causar una colisión o asustar al de atrás.</p>

	<p>Si veo que el de atrás no reacciona, estaré a tiempo de recuperar velocidad. Pero no suele ser necesario. La mayoría de conductores acaba notando que se reduce la distancia, y eso hace que <strong>despierten de su letargo</strong>. Re-evalúan la situación, y por lo genera,l <strong>vuelven a una distancia mayor que la inicial</strong>, más segura. </p>

	<p>Todo esto, claro, en las vías en que no es posible adelantar. Cuando sí es posible, hacer reducir al de atrás tiene la virtud de incentivar que decidan pasar de mi y dejarme tranquilo. Y, yo, tan contento. Porque, aunque me haya acostumbrado a ello en parte, <strong>¡sin nadie detrás se conduce mucho mejor!</strong></p>

	<p>En Circula seguro | <a href="http://www.circulaseguro.com/tag/distancia-de-seguridad">¿Conocemos las normas de circulación? (6): sobre la distancia de seguridad</a><br />
Fotos | <a href="http://www.flickr.com/photos/walkadog/3275927178/">Beverly & Pack</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/widakso/829120177/">widakso</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La distracción, el estrés y el factor emocional, a estudio]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/la-distraccion-el-estres-y-el-factor-emocional-a-estudio</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/la-distraccion-el-estres-y-el-factor-emocional-a-estudio</guid>
      <pubDate>Mon, 02 Jan 2012 06:00:36 +0000</pubDate>

      <author>Josep Camós</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image70701" src="http://img.circulaseguro.com/2012/01/circulacion.jpg" class="centro" alt="Circulación de vehículos" /></p>

	<p>Circular con un vehículo es, desde un punto de vista psicológico, una <strong>actividad compleja</strong> en la que el conductor va observando, analizando la información que recibe, comparándola con sus conocimientos, tomando una decisión y ejecutándola de forma segura en un tiempo mínimo. Y eso es así de forma reiterada durante toda la actividad, desde que iniciamos la marcha hasta que detenemos el vehículo. Por eso una <strong>distracción</strong> puede hacernos perder la concentración necesaria para realizar todo este proceso.</p>

	<p>Ahora se está intentando hilar más fino en la investigación de todo este proceso, por lo que dos grupos de trabajo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada están determinando <strong>qué factores emocionales intervienen en la toma de decisiones</strong> del conductor ante una situación de riesgo, y lo están estudiando con unos simuladores de motos con los que se han recreado situaciones críticas de tráfico para evaluar las respuestas de los participantes.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Las primeras deducciones apuntan a que el conductor puede <strong>evaluar una situación de riesgo</strong> sin que le influyan mucho la emociones, pero a la hora de <strong>tomar la decisión</strong> de acelerar o frenar sí que existe influencia de factores internos y externos.</p>

	<p>De un lado, los estudios que se vienen realizando corroboran que cuando conducimos nos vemos sometidos a una <strong>gran demanda de atención</strong>, y si introducimos una nueva actividad como puede ser hablar por teléfono, entonces disminuyen los recursos que tenemos destinados a la gestión del entorno.</p>

	<p>Por otra parte, se está analizando la <strong>perspectiva emocional</strong>. Siguiendo con el ejemplo del teléfono, podría ser que la conversación fuera intrascendente desde un punto de vista emocional, o bien una discusión acalorada, lo que predispondría al conductor e influiría necesariamente en su toma de decisiones. </p>

	<p>En este sentido, se ha podido determinar que escuchar un sonido neutro, como un bip electrónico, no distrae tanto como un <strong>sonido con carga emocional</strong> como la risa de un niño o un grito. Ante el bip, el conductor no aparta la mirada de la carretera. Un sonido emocional, tanto positivo como negativo, conllevan una peor respuesta a la hora de actuar en una situación crítica.</p>

<h2>Tendencia al riesgo y falta de práctica</h2>

	<p><img id="image70702" src="http://img.circulaseguro.com/2012/01/corriente_circulacion.jpg" class="centro" alt="Circulación de vehículos" /></p>

	<p>Tras analizar el movimiento ocular de los participantes en el estudio, se ha podido comprobar que los conductores <strong>con mayor tendencia al riesgo</strong> sienten también <strong>más estrés</strong> derivado del esfuerzo que ponen al conducir. Y como consecuencia de este estrés, este tipo de conductores no se fijan en los puntos claves de la circulación, lo que los sitúa en un nivel de riesgo mayor.</p>

	<p>De aquí los investigadores han extraido una conclusión interesante, y es que piensan que el factor determinante de las conductas de riesgo es, por un lado, la atención que se presta a la conducción y los distractores y, por otro, la <strong>falta de entrenamiento</strong> y la <strong>falta de experiencia</strong> en situaciones peligrosas. </p>

	<p>Este punto se ha podido comprobar por la vía de la práctica, nunca mejor dicho, ya que los conductores que recibieron un entrenamiento relativamente corto en conducción simulada redujeron su nivel de riesgo, modificando la exploración visual, el manejo del vehículo y la adaptación de la velocidad a las circunstancias. <strong>La formación parece ser, una vez más, la clave.</strong></p>

	<p>El estudio estará terminado y se publicarán las conclusiones finales, con unas indicaciones sobre cómo modificar las conductas de riesgo, hacia el año 2013.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.radiogranada.es/modules.php?name=News&file=article&sid=72498#.TvMqkcLsQVQ.twitter">Radio Granada</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Presión de grupo y seguridad vial: un particular caso (y 2)]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/presion-de-grupo-y-seguridad-vial-un-particular-caso-y-2</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/presion-de-grupo-y-seguridad-vial-un-particular-caso-y-2</guid>
      <pubDate>Sun, 20 Nov 2011 05:08:18 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image70470" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/friends.jpg" class="centro" alt="Un grupo de amigos bien avenidos, presionándose mutuamente las espaldas" /></p>

	<p>Hace unos días empezamos a ver la apasionante historia de Escargot, una de nuestras lectoras más activas. Conductora con más de una década de experiencia, siempre se había caracterizado por <strong>respetar de forma escrupulosa los límites de velocidad</strong>. Hasta que un encontronazo con un agente de la ley y los comentarios impertinentes de un grupo de compañeros con quien suele compartir coche le hicieron dudar de sus principios.</p>

	<p>Habíamos dejado la historia poco después de que nuestra protagonista tuviera una conversación cara a cara con un experimentado <em>superador de límites</em>. La conversación, junto con algunas experiencias anteriores, hicieron mella en el <strong>credo vial</strong> de nuestra heroína (sin segundas&#8230;). Pero la cosa no acaba aquí, en el sistema rotatorio, no pasó mucho tiempo hasta que tuviera que volver a tomar el volante.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote>[Pocos días después] me toca conducir y voy con otros compañeros. Ya de normal vamos justo de tiempo y ese jueves encuentro tractores pero no puedo adelantarlo. El resultado es que llegamos tarde y los dos que han venido conmigo hablan entre ellos y me dicen que para la semana siguiente mejor salimos cinco minutos antes. Yo quería proponerlo pero no me atrevía porque creía que a los demás les parecería mal.</blockquote></p>

	<p>Total, que el jueves siguiente me toca otra vez y además con uno de ellos. Y con otro más. Y están de acuerdo en quedar a las 7:25. Pero el otro que va a viajar conmigo es el de los 140 y me dice que ni hablar, que a las 7:30 como siempre. (...) Cuando llegan los otros y salimos, él y yo tenemos esta conversación:</p>

 &#8211; Hoy vamos a enseñar a conducir a esta mujer.<br />


 &#8211; Oye, que ya llevo diez años conduciendo y no he estado sin conducir ni dos semanas.<br />


 &#8211; Pues hoy te vas a quitar el miedo.<br />


 &#8211; De miedo nada, que no me da miedo la carretera. Lo único que me da miedo es la multa.<br />


	<p>Y los otros dos, que creía que se iban a poner de mi parte, se ponen de parte de él.</p>

	<p>Lo que vemos son características típicas de un grupo de personas. En primer lugar, existe una tolerancia mínima a la diferencia de opinión. De esta forma, <strong>cualquier desviación sobre la norma</strong> del grupo rápidamente es acogida con comentarios de corte negativa, como tener miedo. Y, lo que es peor, comentarios con cierto tono repulsivamente machista.</p>

	<p>En segundo lugar, tenemos tendencia a formar bandos imaginarios. Normalmente son temporales, pero si en alguna ocasión nos sentimos en minoría, ante la perspectiva de <strong>de quedar aislado de la sociedad</strong>, tendemos a acusar el efecto rebote. Es decir, no sólo renunciamos a nuestra conducta habitual, sino que la llevamos al extremo opuesto.</p>

	<p><img id="image70469" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/dentrovehiculo.jpg" class="centro" alt="Presión grupal en el interior de un vehículo" /></p>

	<p>Por supuesto, la presión continuó ya dentro del vehículo, esta vez recorriendo a una serie de topicazos que, pese a exagerados (y algunos directamente falsos), <strong>a fuerza de repetirse calan en la mente colectiva</strong>.</p>

	<p><blockquote>Total, que el trozo de autovía que hacemos se lo pasan diciendo que corra un poco, que mi aguja marca siempre más de lo que corro, que el radar tiene un margen de error, que por cualquier motivo se pueden recurrir las multas, que además no todas se mandan&#8230; y yo sigo a 120.</blockquote></p>

	<p>De ahí pasamos a una carretera de 90. Con arcén, pero no llega al metro y medio y no hay ni señal de 90 ni de 100. Al principio voy a 90, pero los tengo diciendo (sobre todo él) que corra un poco más, que si el coche puede, que si me van a pintar el coche de amarillo para que sea más agresivo y me dé por correr más&#8230; Que si es mejor para el coche, que así no se dormirá el motor, que ese coche está hecho para correr&#8230;</p>

	<p>Llegados a este punto, la voluntad de nuestra protagonista se <strong>empieza a resquebrajar</strong>. Como decíamos el otro día, intenta buscar motivos para justificar una <a href="http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/si-yo-nunca-lo-hago-pero-hoy-o-reflexiones-sobre-la-auto-justificacion">modificación de su conducta</a>:</p>

	<p><blockquote>Yo, por no aguantarlos, me justifico en que no hay señal de 90 y empiezo a ir a 100 a ver si con eso ya se conforman. Pero después me empiezan a decir que puedo ir a 120. Y que con esta recta ya hemos echado el azúcar al café, y con la otra ya hemos dado una vuelta al café con la cucharilla, que ir a menos de 120 por esta otra recta es un despilfarro&#8230; Total, que les hago caso y lo pongo a 120. Pero mirando por todas partes, no vaya a ser que esté el radar escondido por allí.</blockquote></p>

	<p>Y después de eso viene una carretera de 100. Ya allí me dicen que a ver si puedo correr un poco más y no sé si ya por fastidio o por diversión (que un poco hay, sobre todo por ir con ellos) o porque sí ya en algún punto alcanzo los 140.</p>

	<p>La <strong>presión del grupo finalmente logró su magia</strong> (negra). Como tantas otras veces. Aunque no podemos decir que la protagonista esté orgullosa de ello.</p>

<blockquote>A la vuelta espero tener un viaje más calmado y que la gente esté menos pesada, pero por casualidad me toca con el mismo otra vez y me dice delante de los demás que vamos a seguir con las clases de por la mañana y los otros (que no habían viajado conmigo a la ida) quieren saber de qué habla y se unen a la fiesta. Y hala, otra vez igual y yo fastidiada. Cuando llegamos me dice que así hemos ganado 10 minutos. 10 minutos que se me pasan en casa, sentada encima de la cama, preguntándome cómo cuernos he hecho para tirar por la borda 10 años de conducción responsable por 10 míseros minutos.</blockquote>

	<p><img id="image70468" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/drogas.jpg" class="centro" alt="El uso de drogas muchas veces se inicia a causa de la presión de grupo" /></p>

	<p>Por supuesto, <strong>el grupo acogió de buen grado la asimilación del nuevo miembro a sus costumbres</strong>, que cada vez quedan más arraigadas en la personalidad:</p>

<blockquote>En la rueda todo el mundo se ha enterado y ya no tengo excusa para intentar quedar antes, pero a la vez le voy cogiendo gusto a correr sobre todo cuando viajo con él.</blockquote>

	<p>Aunque sea una comparación polémica y algo&#8230; bruta, no me parece descabellado equiparar situaciones de este tipo de modificación de la personalidad a <strong>la iniciación a las drogas</strong>. A menudo, el consumo es por diversión en el grupo de amigos juvenil, por no ser el que da la nota y no <em>se lanza</em>. Pero, poco a poco, aquellos que tienen la desgracia de caer demasiado hondo en una espiral pueden acabar en el abismo. Hasta el punto de echar a perder toda una vida&#8230; sufrimiento de los seres queridos, enfermedades, o incluso la muerte.</p>

	<p>De igual forma, aunque el nuevo hábito de nuestra protagonista le permita ganar 10 minutos al día (aunque, siendo realistas, seguramente sea bastante menos, si sólo llegaba tarde cuando había tractores&#8230;). Pero con que sólo <strong>una vez en la vida</strong> la cosa vaya mal, esa velocidad extra puede causar daño, mucho daño. </p>

	<p>¿Por qué la presión de grupo pudo con nuestra amiga Escargot? Sólo es mi opinión: probablemente porque <strong>sus convicciones no eran firmes</strong>. Y, sobre todo, porque no estaban fundamentadas de forma correcta. Una multa es lo de menos. Diez minutos al día son lo de menos. El espíritu de vivir al día nos hace elegir las recompensas inmediatas que la seguridad del largo plazo. Pero no hay que olvidarlo: hay mucho más en juego, cosas que <strong>valen más que aguantar bromas de compañeros y perder 10 minutos cada día</strong>.</p>

	<p>En Circula seguro | <a href="http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/presion-de-grupo-y-seguridad-vial-un-particular-caso-1">Presión de grupo y seguridad vial: un particular caso (1)</a><br />

Fotos  | <a href="http://www.flickr.com/photos/erinkohlenbergphoto/5362087247/">redcargurl</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/simon_shek/343583965/">Simon Sheck</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/59937401@N07/6127240700/">Images of money</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Presión de grupo y seguridad vial: un particular caso (1)]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/presion-de-grupo-y-seguridad-vial-un-particular-caso-1</link>
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      <pubDate>Thu, 17 Nov 2011 20:59:49 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image70472" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/grupodepersonas.jpg" class="centro" alt="Un grupo" /></p>

	<p>Hace justo una semana hablábamos de <a href="http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/si-yo-nunca-lo-hago-pero-hoy-o-reflexiones-sobre-la-auto-justificacion">la tendencia a auto-justificarnos</a>, y las más inverosímiles excusas que solemos montarnos. <a href="http://www.circulaseguro.com/usuario/escargot">Escargot</a>, una de nuestras lectoras más activas, tuvo a bien compartir su excusa: «<em>Si no lo hago, mis compañeros me pintarán el coche de amarillo</em>».</p>

	<p>A la par que impactante, es una frase que deja entrever el típico caso de <strong>presión de grupo</strong>. En <strong>Circula seguro</strong> siempre hemos dicho que la <strong>conducción es un hecho social</strong>. Pero normalmente nos referimos a la relación entre los diferentes vehículos que transitan por la misma carretera al mismo tiempo. </p>

	<p>No obstante, no es menos cierto que en <strong>el interior de cada vehículo existen relaciones sociales</strong> entre los diferentes individuos que viajan a bordo. Y, como animales sociales que somos, dichas relaciones afectan a absolutamente todo lo que hacemos. Incluso a nuestra actitud al volante.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Si quisiera fardar de instinto periodístico diría que intrigado por su misteriosa respuesta, contacté con Escargot para conocer los detalles de su historia. Pero como soy Físico y no periodista, y como durante la campaña electoral ya hay demasiadas mentiras, confesaré que fue ella misma quien se puso en <a href="http://www.circulaseguro.com/contacto">contacto con los editores de la casa</a> con la sana intención de <strong>explicar su versión de los hechos</strong> en un medio algo más privado que el sistema de comentarios (y, como agradecimiento, lo que hago yo es publicar su historia a bombo y platillo).</p>

	<p><img id="image70474" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/velocidadenobras.jpg" class="centro" alt="Límite de velocidad debido a obras" /></p>

	<p>El que presento es sólo un <strong>caso particular</strong>. Y mis interludios son sólo mi opinión, que vale tanto como la de cualquier otro. No obstante, seguramente hay muchos casos similares ahí fuera.  Gente que sale de la autoescuela sabiendo que <strong>lo que tiene entre manos no es un volante, sino una gran responsabilidad</strong>, que con el tiempo pierden sus convicciones. Escargot era una de ellas:</p>

	<p><blockquote>Me saqué el carnet en el 2000 y desde el primer momento fui respetando las normas de Tráfico. Básicamente porque creía que estaban para facilitarnos las cosas y evitar los accidentes, cosa que en parte sigo pensando. (...) De todo esto ha pasado más o menos un año y le he dado un millón de vueltas. (...)</p>

	<p>Saltarse los límites me sigue pareciendo una aberración pero determinados comentarios de la gente los comprendo y hasta los comparto un poco. Ya no le presto más atención al tema pero sí que es verdad que el tema de la velocidad me empieza a mosquear cada vez más.</blockquote></p>

	<p>No obstante, un estrambótico suceso hizo mella en su <strong>sistema de valores viales</strong>.</p>

	<p><blockquote>Pasé un día por una zona en obras. Había señales de 80, 60 y 40 y la de 40 estaba destapada, así que por ahí pasaba <strong>a 40 exactos</strong>. De pronto un día miro el retrovisor y veo que llevo a la Guardia Civil detrás y que me echan las luces. Como no entiendo nada me meto en una gasolinera que hay allí al lado y ellos se meten detrás de mí. </p>

	<p>El guardia viene y me pregunta que por qué voy a 40, que si al coche le pasa algo. Le digo que no, que hay una señal de 40 y la estoy cumpliendo. Y me contesta que <strong>a esas señales no hay que hacerles caso</strong> (...), que no quiere volver a verme pasar cumpliendo ese límite. Yo me quedo extrañadísima. Eso sí, en cuanto se van vuelvo a la carretera y sigo como si nada, por esa zona a 40 hasta que se acaban las obras.</blockquote></p>

	<p><img id="image70471" src="http://img.circulaseguro.com/2011/11/velocidad.jpg" class="centro" alt="Velocidad" /></p>

	<p>Como veis, la historia empieza con un suceso impactante, y hasta cierto punto inquietante. ¡La que daría por tener una grabación de la benemérita realizando tamaña afirmación! Apuesto a que no era una patrulla de tráfico, de las que están acostumbradas a rescatar masas de carne sanguinolentas entre de amasijos de metal.</p>

	<p><blockquote>En Septiembre del 2010 empiezo a viajar en rueda <em>[un sistema de turnos aleatorios para compartir vehículo en trayectos diarios]</em>. (...) Un lunes, que iba en el coche de un compañero, solos, me doy cuenta de que va a 140 por una carretera de 90 y se lo comento:</p>

 &#8211; Oye, que vas a 140.<br />

 &#8211; Ya, pero&#8230; ¿vas mal? ¿Vas insegura?<br />

 &#8211; No, si voy bien. Pero si te pillan se te va a caer el pelo.<br />

 &#8211; Oye, ¿tú siempre respetas los límites de velocidad?<br />

 &#8211; Sí.<br />

 &#8211; ¿Y nunca has sentido la tentación de saltártelos?<br />

 &#8211; Sí, pero si quiero correr me voy por una carretera de ésas por las que se puede ir a 90 pero que a 70 ya te matarías y corro lo que me parece por ahí. Sin pasar de 90, claro.<br />

 &#8211; Pues eso es más peligroso.<br />

 &#8211; Ya, pero mientras no cambien las normas&#8230;<br />


	<p>Y entonces me doy cuenta de dos cosas: de que tiene razón, que el límite no siempre está bien puesto, y de que es la primera vez que reconozco que no estoy de acuerdo y que en el fondo yo también quiero correr.</blockquote></p>

	<p>En este punto de la historia ya es posible advertir los primeros rasgos de la presión de grupo. Por el momento, personalizada por un único individuo. Aunque, como veremos en el próximo artículo, pronto se unieron <strong>más voces al coro</strong>.</p>

	<p>Foto | <a href="http://www.flickr.com/photos/atalaya/114548703/">jmereio</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/srgblog/2263419964/">sergis blog</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/toxickore/4354761715/">toxickcore</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Un profe, un poli, un galeno]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/un-profe-un-poli-un-galeno</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/un-profe-un-poli-un-galeno</guid>
      <pubDate>Wed, 06 Jul 2011 05:00:43 +0000</pubDate>

      <author>Josep Camós</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image69732" src="http://img.circulaseguro.com/2011/06/piramide_.jpg" class="centro_sinmarco" alt="Pirámide de la seguridad vial" /></p>

	<p>A veces la vida nos asesta un tremendo mazazo que nos desvencija por completo y le da la vuelta a todo nuestro mundo. Tras ese <a href="http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/el-instante-que-lo-cambia-todo">instante que lo cambia todo</a> pasamos de la confianza y la tranquilidad de vivir una vida normal al máximo desasosiego, a la máxima confusión. Pasamos de un momento de euforia desatada a la tristeza infinita, de la alegría que nos llena al dolor, al vacío. &#8220;Ha habido un accidente&#8221; es la frase que lo cambia todo.</p>

	<p>Sin embargo, <strong>no toda la siniestralidad vial sucede de una manera tan imprevista</strong>. No todas las colisiones son huérfanas de simiente. No todos los choques llegan sin haber avisado, y mucho, durante días, semanas, meses&#8230; e incluso años. Aunque la carretera no nos brinda una segunda oportunidad, en ocasiones, y antes que se produzca el siniestro, vemos indicios que a todas luces nos anticipan lo que un día u otro llegará para cambiarlo todo. Evitar caer en el triángulo de la siniestralidad vial consiste en identificar esos indicios y poner en marcha las <strong>medidas preventivas</strong> necesarias.</p>

	<p>Hoy vamos a hablar, durante un buen rato, de Eva. ¿Os apetece conocerla?</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><img id="image69697" src="http://img.circulaseguro.com/2011/06/eva.jpg" class="centro" alt="Eva" /></p>

<h2>Día 12. El profe</h2>

	<p>Ya llevo unos cuantos días de clase con Eva, la chica más risueña del mundo. Mi impresión personal me dice que esta chavala lo tiene todo para ser una más en las estadísticas de la <span class="caps">DGT</span>. Y me jode, porque lo suyo no es malicia ni nada, pero esta chica apunta maneras. No hay más que oírla hablar mientras hace la práctica.</p>

	<p>Que si el otro día iba bien puesta cuando salió de fiesta, que si se subió al coche del Eric que iba fatal, que si la Paula acabó vomitándolo todo en el asiento y con temblores… Y así cada día que la veo. Y lo peor de todo es que en el coche ya no hace falta que ella beba ni que tome nada, porque se le va la olla que es un gusto. Miento: lo peor de todo es que cuando la lía, la culpa siempre es de los demás.</p>

	<p>Hablo con ella e intento que comprenda cuáles son las consecuencias de las acciones que emprende a cada momento. Le explico una y otra vez la diferencia entre conducir y circular, la necesidad de estar al 100% en todo momento para hacer frente a todo lo que nos rodea, pero no hay manera. Que si quieres arroz, Catalina, que su mente está en Pernambuco o un poquito más allá.</p>

	<p>&#8220;Concienciación&#8221; es la palabra. O falta de concienciación, claro. Pero, ¿cómo va a concienciarse esta chica si no tiene ni idea de lo que significa el problema que lleva encima? Si al menos hubiera venido algún día a clase en vez de aprobar la teòrica a base de hacer tests… El caso es que ahora, a contrarreloj, yo intento que comprenda las consecuencias de lo que observo, lo que le espera si no hace nada por cambiar el chip, pero ella lo único que quiere es aprobar, que conducir ya sabe.</p>

	<p>O eso dice. Y eso cree.</p>

	<p><img id="image69699" src="http://img.circulaseguro.com/2011/06/coches.jpg" class="centro" alt="Coches detenidos" /></p>

<h2>Día 237. El poli</h2>

	<p>5 de marzo del 2011. Sábado o, mejor dicho, madrugada del domingo. Son las 06:20 horas. Hace frio, pero no importa, el control de alcoholemia no entiende ni de frio ni de calor. Hay que hacerlo y punto.</p>

	<p>06:35 horas. Llega nuestro primer &#8220;cliente&#8221;, se trata de una chica novel. De nombre, Eva. Conduce un pequeño utilitario de color rojo que al bajar la ventanilla en el punto  de control deja escapar una música estridente y demasiado alta. No hay respeto. Mal rollo. Positivo, sí o sí.</p>

<blockquote>Buenos días. Control de alcoholemia. ¿Me permite su permiso de conducir, por favor?</blockquote>

	<p>En mi mente aún retumban los ecos del &#8220;chumba-chumba&#8221;. Eva es una joven de 19 años, guapa como un sol, pero a aquella hora sus preciosos ojos verdes se han transformado en dos cuencos rojizos y tristes de mirada vidriosa. Su voz es ronca y de su boca se desprende una halitosis penetrante que me llega. Me mira y se le escapa la risa, quizás por la situación o alentada por unos amigos que, a mi juicio, no lo son. Me dice que nunca ha soplado y que es su primera vez. Le explico cómo hay que realizar la prueba, pero aún así lo intenta varias veces sin éxito. </p>

<blockquote>Señorita, ha vuelto a interrumpir la prueba. No deje de soplar hasta que yo le avise.</blockquote>

	<p>Al final, 0.33 mg/l. Blanco y en botella. Por mi cabeza pasa un fugaz pensamiento: &#8220;Coño, por su estado habría apostado que superaba los 0.50&#8221;. Le informo de sus derechos y le digo que al dar positivo deberá realizar la prueba en otro aparato de más precisión.  Ya en la <em>intimidad</em> del furgón le pregunto si sabe cuál es la su tasa máxima permitida. &#8220;Pues&#8230; no sé. ¿0.25?&#8221; Le refresco la memoria: &#8220;En su caso es 0.15, ya que usted es conductora novel&#8221;. La primera prueba en el etilómetro evidencial escupe un 0.35mg/l, así que deberá aguardar un mínimo de 10 minutos antes de realizar la segunda prueba, la definitiva.</p>

<blockquote>¿Otra prueba? ¡Pero si ya he soplado!</blockquote>

	<p>Joder, le he explicado tres veces el mecanismo de la alcoholemia y no se ha enterado de nada. Lo que hace el alcohol&#8230; Eva se va caminando hacía el coche como una trapecista sobre tacones rojos. Empiezo a rellenar las actas correspondiente a cada alcoholemia: estadístico, impreso de tíquets, derechos en la prueba, acta de inmovilizar vehículo&#8230; Desde mi posición oigo las risas y la música del coche rojo. Por segunda vez pienso que no hay respeto. Ha pasado el tiempo de espera y realizo la segunda y definitiva prueba. 0.34 mg/l. Positivo. No lo entiende, me dice que hace rato que no bebe, que sólo se ha tomado tres o cuatro copas en toda la noche.</p>

	<p>Mi parte más visceral desearía darle un sermón, pero ahora no toca. Hay trabajo y sus condiciones no son las mejores, así que sólo alcanzo a decirle que debe tener cuidado, porque ella es la responsable de la gente que lleva y con su estado puede tener un accidente. Pero a Eva eso no le importa. Sólo pregunta por los puntos y por la pasta de la infracción mientras me repite por enésima vez que va bien, &#8220;que yo controlo&#8221;.</p>

	<p>Me siento contrariado. Esa chica no es ningún delincuente y sin embargo puede matar a alguien. He hecho mi trabajo. Sí, pero no. No llegamos. La Administración NO llega. Y nuestra &#8220;medicina&#8221; es impopular. Efectiva a veces y necesaria, por supuesto, pero impopular, y eso a mí también me jode. Me jode que nos llamen cabrones como poco y, sí, me jode que mucha gente nos odie, pero es lo que hay: nuestro trabajo es difícil de comprender. Tocamos el bolsillo, y eso, ¿a quién le gusta?</p>

	<p>El coche de Eva se queda inmovilizado. Nadie se puede hacer cargo de él porque todos van igual. Qué lástima. Pero dentro de mi contradicción&#8230; me siento reconfortado. Hemos hecho nuestro trabajo y hemos sacado un peligro de la circulación. Eva llora, me comenta que es una putada y que sus padres se cabrearán con ella si se enteran o si no aparece ya mismo por casa. Le digo que lo siento y que otra cosa no puedo hacer. </p>

	<p>A las 08:30 horas finaliza el control. En total cuatro positivos por alcohol y otro por drogas. Nos vamos a tomar un café, que ya toca. Pero el café dura un instante. Nuestra emisora brama. Un accidente.</p>

	<p>Domingo, 10:40 h. Tal y como le comenté a Eva, paso para comprobar si su tasa ya es inferior a 0.15. Están todos dormidos. Alguien ha vomitado, manchando el lateral de la puerta posterior. Despierto a Eva y veo que su cara no ha mejorado. El rímel corrido le da un aspecto de <em>femme fatale</em>, aunque su habla es más clara que hace unas horas. Le hago la prueba y…. ¡0.12! Aprovecho para darle mi pequeño sermón. Quizás sea estéril o quizás no, pero me permito perder con ella un par de minutos para concienciarla. Le explico que venimos de un accidente y que el chico que conducía ha dado positivo, que mira la hora que es y aún tienes alcohol en tu organismo.</p>

	<p>Le quitamos el cepo al coche y lentamente se va sin decirme nada. Cara larga, mirada indiferente. Está en su derecho. Nosotros somos impopulares y eso hay que aceptarlo. Miro su alejar. Dentro de mí le deseo suerte, deseando de corazón que la denuncia o mis palabras hayan servido de algo.</p>

	<p><img id="image69700" src="http://img.circulaseguro.com/2011/06/coche.jpg" class="centro" alt="Salpicadero" /></p>

<h2>Día 412. El galeno</h2>

	<p>Noche de sábado, noche de verano, en una guardia de Urgencias repleta de casos difíciles. Son las 4:45 y llega una chica con la ambulancia, la acompañan las autoridades. &#8220;Nada serio&#8221;, me insinúa el técnico sanitario mientras me acerco a la paciente. La veo tan afectada por alguna que otra sustancia además del alcohol que soy incapaz de sacarle a la chica más datos salvo que se llama Eva, y sus supuestos amigos no aparecen por ahí para dar mas información o simplemente dar la cara. Suele pasar.</p>

	<p>Me centro en su evaluación médica. Hay fractura de húmero derecho, esguince cervical y no hay marca de cinturón. Al rato, con Eva ya más tranquila y más sobria, charlamos un poco. Para mis adentros, pienso que esta chica ha llegado muy alto en la pirámide de la prevención en seguridad vial. Es una lástima, desde luego, pero aquí el galeno, o sea yo, todavía puede hacer pedagogía:</p>

<blockquote>Eva, has tenido suerte en esta ruleta rusa. No llevabas el cinturón, ¿verdad?</blockquote>

	<p>Ella, llorando, asiente.</p>

<blockquote>Además de beber, ¿tomaste alguna cosilla más? Ya me entiendes…</blockquote>

	<p>Avergonzada, duda pero cuenta la verdad. Eva no es objeto de sanción ni de juicio moral por mi parte, pero entiendo que me corresponde decirle que NO debería haber llegado hasta el box de Urgencias con la historia que me cuenta, me remonto a las buenas intenciones de su antiguo profe y a las de aquel poli que un día intentó dialogar con ella y reconducir su comportamiento al volante.</p>

	<p>&#8220;Mira, Eva, no hemos llegado tarde. Tarde hubiera sido que estuvieras ya en el otro lado. Todavía puedes sacarle punta a lo ocurrido, pese a que la recuperación va a hacer que ese trabajo que tanto te ilusionaba empezar el lunes no va a poder ser. Que me tendrás que seguir visitando. Que ya veremos cómo termina este latigazo cervical y que ante todo espero que hayas aprendido algo de todo esto. Que al fin y al cabo, no has causado ninguna victima. Aprovecha esta oportunidad, que quizás sea la última que te brinda la vida.&#8221;</p>

	<p>Hoy es el último día de seguimento que visito a Eva. Le guiño el ojo y me despido preguntándome si la volveré a ver. Mientras, antes de hacer entrar a mi siguiente paciente, me quedo pensativo y me pregunto si nuestro sistema sanitario merece conductores que admitan que lo suyo ha sido un accidente o si debería ya saber Eva que su mal llamado &#8220;accidente&#8221; fue la consecuencia de hacer caso omiso a aquellos agentes pedagógicos que invirtieron parte de su tiempo en intentar hacerle ver de qué va esto de la seguridad vial.</p>

	<p>Con la colaboración de | <a href="http://www.comevitarunaccidentdetransit.com/">Miquel Bort</a>, Dr. Josep Serra<br />

Foto | <a href="http://www.flickr.com/photos/lamon/">lamon</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/portaltampico/455777121/">portaltampico</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/dobrych/3276682088/">dobrych</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/photomonkey/12746989/">Photo Monkey</a><br />

Composición | Josep Camós<br />

(Nota: las fotografías empleadas no se corresponden con los personajes referidos en la narración)</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La paradoja del (pre) conductor ya sensibilizado]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/la-paradoja-del-pre-conductor-ya-sensibilizado</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/la-paradoja-del-pre-conductor-ya-sensibilizado</guid>
      <pubDate>Wed, 23 Mar 2011 08:15:31 +0000</pubDate>

      <author>Josep Camós</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image69227" src="http://img.circulaseguro.com/2011/03/autoescuela_miguel.jpg" class="centro" alt="Autoescuela Miguel" /></p>

	<p>Tú preguntas a tus alumnos por sus ideas preconcebidas sobre el <strong>factor de riesgo</strong> que vas a trabajar, luego les das información pura y llana, más tarde les dejas explicar cuáles son sus hábitos, después les muestras el testimonio de una persona que explica en primera persona las consecuencias de ese factor de riesgo y tras el shock emocional dejas que tus alumnos asuman un compromiso de cambio en sus comportamientos, comprobando finalmente los logros de la sesión.</p>

	<p>Esa es la estructura de un curso de sensibilización basado en el cambio de actitudes, tal y como me la enseñaron en su momento. Ahora bien, lo que no me explicaron es cómo trabajar con aquellos alumnos que <strong>ya tienen claro un factor de riesgo</strong> y pese a ello son obligados a estudiar, pongamos por caso, tasas de alcoholemia absurdas desde el punto de vista de la seguridad vial cuando resulta que ellos son abstemios, o el peligro de la carretera cuando ellos han sufrido de cerca un drama vial. Por poner dos ejemplos reales como la vida misma, digo.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Puede parecer una exageración pillada por los pelos, pero creo que no lo es. Cada día tengo más alumnos musulmanes en el aula de enseñanza teórica y según su religión, que siguen con mayor o menor fervor, esos alumnos <strong>tienen prohibido el alcohol</strong>. En consecuencia, lo de la tasa máxima permitida de alcoholemia les suena a ciencia ficción. Se lo estudian porque hay un examen que pasar, pero a veces me pregunto si no se mirarán el resto del temario con similar escepticismo.</p>

	<p>Y si estos casos parecen curiosos o casi humorísticos, los hay que resultan preocupantes.</p>

	<p><img id="image69231" src="http://img.circulaseguro.com/2011/03/coche_siniestrado.jpg" class="centro" alt="Coche siniestrado" /></p>

	<p>Cambio de escenario. Esto pasa cuando hablo de los peligros de circular sin cinturón de seguridad y al pinchar un vídeo en clase, siempre advirtiendo previamente del contenido, me encuentro con que alguno de los chicos aparta la mirada con semblante triste. Lo detecto y enseguida me acerco a él por si se encuentra bien. En la mayoría de los casos me explica que él, o alguien cercano a él, sufrió un siniestro a bordo de un vehículo y por tanto <strong>ya viene sensibilizado de casa</strong>.</p>

	<p>Llegamos a la enseñanza práctica. Aunque más de uno desde fuera puede pensar en el cliché del joven <strong>loco por conducir a doscientos mil kilómetros por hora</strong>, luego resulta que en realidad eso no tiene por qué ser así. Hablo de mi caso personal y puedo contar con los dedos de una mano el número de alumnos a los que he tenido que amonestar por un comportamiento inadecuado en el vehículo.</p>

	<p>Despistes los hay, y muchos. Impericias, lógicamente también. Errores de observación, los que quieras y más. Pero kamikazes al volante, más bien pocos. Al revés, cada día me encuentro con más alumnos que me cuentan historias para no dormir, como que un amigo murió en la carretera o que ellos mismos viajaban en un coche que acabó dando tres vueltas de campana. No les pidas que corran porque no lo van a hacer. Por contra, lo que muchos de ellos tienen ya antes de ponerse a los mandos es un <strong>miedo feroz</strong> a lo que les pueda pasar yendo en coche. Es cuestión de trabajarlo, claro.</p>

	<p><img src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/conductor_joven.jpg" alt="Conductor joven" class="centro" /></p>

	<p>Y llegamos al momento del examen práctico. El protoconductor, convertido en aspirante por un día, tenso por el momento que le toca pasar, cae en un momento de debilidad por la conjura de los elementos que lo rodean, revive su drama personal y sin querer va ralentizando la velocidad del vehículo mientras el examinador le va diciendo <strong>que tome más y más velocidad.</strong></p>

	<p>Es un contrasentido. Realmente, el examinador sólo está verificando que el ritmo del futuro conductor sea el adecuado, pero como no conoce al aspirante no tiene ni idea de cómo le están sonando sus bienintencionadas palabras mientras <strong>a nuestro alrededor vuelan el resto de los coches</strong> pasadísimos de vueltas entre temerarias maniobras que milagrosamente no acaban como el rosario de la aurora. Suenan de fondo las Walkirias y el aspirante ve <em>charlies</em> por todas partes. Vietnam existe.</p>

	<p>Creo que esta es una de las caras de la moneda de la que casi nunca se habla. Alguno me dirá que <strong>mejor para ellos</strong> si ya tienen claros los peligros de la vía, pero esa es una visión tan reduccionista que no la puedo compartir. No me parece respetuoso encogerse de hombros ante un problema que con el tiempo y a causa de la intolerable actitud de esos conductores que parecen sacados de una caverna puede derivar en una amaxofobia de lo más amarga. No creo que nadie se merezca eso.</p>

	<p>Foto | <a href="http://www.flickr.com/photos/52715207@N03/4860397576/">Autoescuela Miguel</a>, Josep Camós, <a href="http://www.flickr.com/photos/akarmy/2559017789/">Andy Karmy</a><br />
En Circula Seguro | <a href="http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/la-amaxofobia-se-intensifica-con-la-crisis">La amaxofobia se intensifica con las crisis</a>, <a href="http://www.circulaseguro.com/conductor-y-ocupantes/que-nos-pone-nerviosos-al-conducir">¿Qué nos pone nerviosos al conducir?</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Empatía, o 'la próxima vez podría ser yo']]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/empatia-o-la-proxima-vez-podria-ser-yo</link>
      <guid>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/empatia-o-la-proxima-vez-podria-ser-yo</guid>
      <pubDate>Sun, 26 Dec 2010 21:56:05 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image68825" src="http://img.circulaseguro.com/2010/12/empatia.jpg" class="derecha" alt="Empatía" /></p>

	<p>La forma en que vemos, interpretamos, recordamos y explicamos cualquier experiencia vital siempre pasa por un filtro personal e intransferible: <strong>nuestro punto de vista particular</strong>. Esta afirmación tan contundente (a la par que prácticamente ilegible) probablemente bastante obvia, pero a menudo no acabamos de tenerla en cuenta.</p>

	<p>Es perfectamente posible, incluso diría que es muy habitual, que ante un mismo hecho objetivo <strong>dos personas diferentes conclusiones diametralmente opuesta</strong>s. Aún es más cierto si ambas personas son partes interesadas en un conflicto. </p>

	<p>Podemos encontrar perfectos ejemplos de lo dicho en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana. A riesgo de parecer falto de originalidad, permitidme citar el más trillado de todos: el deporte (también me habría podido decantar por la política, pero eso la verdad es que me da algo de pereza).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Dentro del deporte, como no, me centraré en la reina de las polémicas: <strong>un lance en el interior del área de castigo</strong>. Ante una misma jugada, no es difícil ver que los hinchas de ambos equipos no se acaben de poner de acuerdo en si el árbitro acertó al gritar «sigan, sigan», o bien debería haber señalado el punto fatídico. Es más, probablemente uno de ellos reclamaría que el trencilla eche mano de la tarjeta para castigar el piscinazo; mientras que el otro reclamará la expulsión inmediata del defensa.</p>

	<p>Y, en este comentario, ya no cuento con la práctica usual de <em>barrer para casa</em> ciegamente, que sin duda también se da (y mucho). Estoy hablando de personas que, <strong>honestamente</strong>, <strike>creen haber visto</strike> <em>saben</em> que han visto que su equipo era el perjudicado en la jugada. Estoy hablando de aficionados al deporte que han leído, y comprendido, el mismo libro de reglas (porque todos los que hablan de fútbol han leído atentamente el reglamento, ¿verdad?).</p>

	<p>En otros aspectos de la vida ocurre exactamente lo mismo. Desde quehaceres diarios, como quién debe limpiar los platos y bajar la basura, pasando por discusiones en el trabajo, llegando hasta situaciones más trascendentales, <strong>en que puede haber vidas en juego&#8230; como ocurre en la carretera</strong>.</p>

	<p>Por no hacer dramatismo barato, hoy no me centraré en situaciones con desenlaces fatal. Pero no conviene olvidar que, retórica a parte, <strong>los accidentes mortales en la carretera existen, son reales</strong>, y cualquier decisión inapropiada puede desencadenarlos.</p>

	<p><img id="image68826" src="http://img.circulaseguro.com/2010/12/emp_athy.jpg" class="centro" alt="Collage sobre la empatía" /></p>

	<p>Lo dicho hasta el momento tiene una aplicación evidente al tráfico rodado. Pensad en <strong>cuán frecuente es que reprobemos la actitud de los demás</strong>.  Pero, ¿os habéis parado a pensar alguna vez qué opinión tendrán los demás de tus propios actos?</p>

	<p>Hablar en general está muy bien, pero cansa un poco. Así que me permitiréis que, como de costumbre, recurra a un ejemplo más o menos real. Ocurrió cuando iba en un taxi a una reunión de trabajo. En este caso, el hecho de que fuera un taxista no es importante, <strong>lo mismo podría haber ocurrido con cualquier otro conductor</strong>; pero fue un taxista, que puedo hacerle yo.</p>

	<p>Íbamos por una de las grandes calles de Barcelona. Para quien no las conozca, en muchas de ellas se da una extraña paradoja. Lo que a pie parece una inmensa avenida con multitud de carriles, cuando uno va conduciendo percibe más bien claustrofobia por la estrechez de los carriles, y la escasa distancia lateral (sobre todo, con los autobuses). Sobre todo, si te encuentras en las calzadas laterales, que se encuentran entre un bulevar y la acera.</p>

	<p>En esta ocasión, íbamos por el carril de la izquierda. El vehículo que nos predecía (a demasiada poca distancia, para mi gusto), una berlina de color negro, <strong>decidió cambiar al carril derecho</strong>, probablemente con la intención de cambiar de dirección en la siguiente intersección. Pero el tráfico en ese carril repentinamente quedó atascado, al parecer había alguien intentando aparcar, así que el vehículo que nos precedía se tuvo que detener sin haber podido terminar de cambiar de carril, bloqueándonos el paso. </p>

	<p>Al verlo, el taxista que me transportaba &#8211; un hombre bastante majo, por cierto &#8211; realizó un ademán de incomprensión e impaciencia. <strong>¿Qué demonios hace ese parado ahí en medio?</strong> Hizo sonar el claxon, y sus labios abortaron lo que iba a ser un comentario de lo más soez (vale, durante un instante no pareció tan majo, el hombre). </p>

	<p>Como dicen en algunas series: <strong>mientras tanto, en la berlina negra</strong> (de esto, obviamente, no tengo información de primera mano, pero nos quedaremos con una <em>estimación fiable</em>), el conductor debía estar atento para reconocer la calle por la que tenía que doblar. «¡<em>Cáspita, si es esa! Tengo que cambiarme de carril ya&#8230; ¡<strong>Pero qué hace ese poniéndose a aparcar de repente</strong>! ¿No podía poner el intermitente para avisar con tiempo?... Y ahora, ¿por qué me pita ese <del>cap&#8230;</del> ser humano de buen corazón? ¿No ve que éste se me ha parado aquí delante sin avisar?</em>»</p>

	<p>Por completitud, veamos qué ocurría en el tercer vehículo involucrado, el que intentaba estacionar. Imagino que el conductor podría estar algo intranquilo, hacía ya dos manzanas que había pasado por delante del portal de su novia, y aún no había encontrado un lugar en condiciones para dejar su coche. «¡Ah! ¡Aquí! ¡Por fin!... ¿Y ahora que pasa por ahí detrás? <strong>¿Por qué le pitan a ese coche negro?</strong>»</p>

	<p><img id="image68827" src="http://img.circulaseguro.com/2010/12/avenida.jpg" class="centro" alt="Avenida con tráfico" /></p>

	<p>Como veis, nada que no ocurra una y mil veces en cualquier calle. <strong>La realidad es sólo una, pero todo el mundo tiene su visión</strong>. Y todos tienen razón. O, al menos, eso piensan ellos. Pero si se sentaran en un plató de televisión a hacer una tertulia sobre la jugada, no se pondrían de acuerdo. Si hubiera habido alguna colisión, probablemente se hubiera liado una tensa discusión. </p>

	<p>Lo mejor de todo esto es que, al ser una situación tan cotidiana, <strong>cualquiera de los involucrados puede encontrarse interpretando el papel contrario en una obra similar</strong>. Sin ir más lejos, cuando el taxi llegó a nuestro destino, realizó una maniobra relativamente brusca para entrar en un hueco donde poder dejarnos con seguridad. Ignoro si provocó que otro vehículo tuviera que frenar, pero no sería de extrañar.</p>

	<p>En el asfalto todos compartimos <strong>un mismo objetivo</strong>: llegar a un destino, vivos, enteros, sin asesinar a nadie,... y, a poder ser, lo antes posible. Además, como ser humanos dotados de punto de vista propio, siempre corremos el riesgo de interpretar la realidad de forma diferente a otro observador parcial. Lo cual también significa que otros interpretarán lo que hagamos de una forma diferente a nuestra intención. Por lo tanto, dada la simetría del asunto, ¿no estaría bien tener algo de <strong>empatía</strong>? </p>

	<p>Foto | <a href="http://www.flickr.com/photos/royblumenthal/3378820297/">Royblumenthal</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/49333775@N00/3775013030/">The Shopping Sherpa</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/soldon/3409346380/">Rodrigo_Soldon</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[En otras manos]]></title>
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      <pubDate>Sun, 14 Nov 2010 21:59:10 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image68636" src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/manos.jpg" class="centro" alt="Mano al volante" /></p>

	<p>Seguro habéis vivido algo similar a la siguiente situación. Un grupo de personas caminan por la calle, manteniendo una agradable conversación. Unos cuantos amigos, familia, una pareja&#8230; Da igual, es una simple manada de personas, <strong>iguales entre ellas</strong>, paseando por la calle en dirección a un vehículo que aguarda pacientemente en su lugar de aparcamiento</p>

	<p>Al alcanzar el destino, todos llevan a cabo más o menos la misma liturgia de siempre: dejar el equipaje en el maletero, sentarse cómodamente, <strong>abrochar su cinturón</strong>, ayudar al patosillo de turno que no atinar con la hebilla del suyo, etc. Hasta aquí, como antes, todos hacen lo mismo, los miembros del grupo están en pie de <strong>igualdad</strong>.</p>

	<p>Hasta que uno, y sólo uno, hace algo que los demás no. Introduce una llave en el zócalo correspondiente al costado del volante, y la gira. A partir de ese momento, la <strong>seguridad</strong> y la vida del resto están en bajo su responsabilidad. A partir de ese momento, deja de ser uno más. Ahora es <strong>el conductor</strong>. </p>

	<p><!--more-->De esto quizá no siempre somos conscientes. Y a lo mejor es incluso mejor no ser siempre conscientes de la gravedad que tiene <strong>asumir la responsabilidad</strong> de llevar a alguien en una máquina que, si algo va mal, podría fácilmente convertir un cuerpo humano en una albóndiga sanguinolenta. </p>

	<p>Seguramente, cuando más cuenta nos damos de dicha responsabilidad es cuando <strong>no somos nosotros mismos</strong> quienes nos sentamos al volante. Más aún si, por circunstancias, estamos poniendo nuestras vidas en manos de un desconocido. Y, sobre todo, si <strong>no nos acabamos de sentir <em>confortables</em> con el estilo de conducción</strong> de nuestro nuevo chófer.</p>

	<p>Permitidme que relate una vivencia reciente que tiene que ver con lo dicho. Fue hace unos dos meses, cuando me vi en la tesitura de dejar mi coche en un taller mecánico en el pueblo de al lado. Normalmente lo llevo a un mecánico que hay justo en frente de mi casa, pero por desgracia estaba de vacaciones y tenía que venir un perito a valorar los daños sufridos en <a href="http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/me-han-chocado">un leve golpe que me dieron</a>.</p>

	<p><img id="image68635" src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/pickup.jpg" class="centro" alt="Furgoneta pick-up" /></p>

	<p>Una vez dejé la llave al veterano chapista, me preguntó cómo iba a volver a casa. Le dije que iba a volver a pie. Es que es una caminata de veinte minutos por el lecho de una riera. La verdad es que es un paseo bastante agradable si no llueve (que entonces, podría bajar a nado). Aún así, el buen hombre se apiadó de mi y preguntó a otro de sus clientes si le venía de paso acercarme.</p>

	<p>Así que, sin comerlo ni beberlo, acabé embutido en el minúsculo asiento trasero de una camioneta pick-up. Al arrancar, pensé que podría aprovechar la escasa media hora que acababa de ganar para empezar a resolver unas ecuaciones integrodiferenciales de Volterra (vale lo admito, lo que acabo de decir es una fantasmada, lo siento). </p>

	<p>Sin embargo, pocos segundos más tarde la <strong>realidad</strong> arrastró mis pensamientos lejos de los símbolos matemáticos. Me pregunté &laquo;<em>¿por qué vamos por la pista de tierra, en vez de por la carretera que va en línea recta entre los dos pueblos? Y, sobre todo, ¿por qué vamos a esta velocidad por una pista de tierra?</em>&raquo;. La verdad es que no me atreví a vocalizar estas dudas, pero probablemente habría recibido respuestas similares a &laquo;<em></em><em>para evitar el tráfico</em>&raquo; y &laquo;<em></em><em>para llegar antes</em>&raquo;. Quiero añadir que jamás en mi vida he visto un sólo atasco en ese tramo de carretera comarcal, de apenas 1200m.</p>

	<p>Nunca me había alegrado tanto de ver el cruce que da entrada a mi pueblo. A partir de ese punto, la carretera que deberíamos haber utilizado se convierte en travesía, y llega a morir a una rotonda abajo del todo, casi a orillas del mar Mediterráneo. Es la única calle transversal del municipio. Así que no teníamos más remedio que recorrerla en toda su longitud, nada de <strong>peligrosos atajos</strong> esta vez.</p>

	<p>Al menos, eso creía yo. Me equivoqué. Tomamos un desvío a la derecha, y entramos en una especie de vía lateral auxiliar, paralela a la calle principal. De nuevo, no atiné a preguntar, pero imagino que el motivo era &laquo;<em>para evitar los semáforos</em>&raquo;.</p>

	<p>Sin embargo, los semáforos en cuestión están ahí para <strong>regular el paso</strong> de los vehículos que circulan por las calles transversales. Y esos vehículos también tienen que cruzar la vía lateral que habíamos tomado. Así que, aunque ciertamente no hay semáforos, lo que sí hay son numerosas <strong>señales de detención obligatoria</strong>.</p>

	<p><img id="image68637" src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/stopoutlet.jpg" class="centro" alt="Señal de stop" /></p>

	<p>Y ya os podéis imaginar lo que pasó. En efecto, mi improvisado chófer circulaba <strong>demasiado deprisa</strong>, y vio al otro coche (que tenía prioridad, debido al <span class="caps">STOP</span>) <strong>demasiado tarde</strong>. La pick-up clavó frenos, pero no pudo evitar pasar, y de largo, por encima de la linea de detención obligatoria. </p>

	<p>Tranquilos, por suerte no hubo colisión. El otro vehículo atinó a desconfiar del monstruo que se le venía encima y paró antes del cruce. En definitiva, fue uno de tantos sustos que al final quedan en nada. Lo cual es lo mismo que decir que fue uno de tantos sustos que <strong>podría haber tenido consecuencias</strong>. </p>

	<p>Y lo peor es que fue un susto <strong>con motivos</strong>. Porque los errores son humanos, y a veces la culpa es de otro&#8230; Pero, en este caso, había motivos reales. Y si esos motivos no se erradican, <strong>volverán a ocasionar <em>sustos</em></strong>. La próximavez , a lo <strike>mejor</strike> peor, no hay tanta suerte.</p>

	<p>Mis compañeros de viaje circunstanciales intercambiaron unas risas sobre lo ocurrido, tras lo cual yo me atreví a decir &raquo;<em>si acaso, déjame aquí, que yo vivo más o menos a esta altura del pueblo</em>&laquo;. Circunstancialmente era verdad, pero probablemente lo habría dicho igualmente. </p>

	<p>Al apearme, de una pieza, en un primer momento agradecí no tener que volver a ver esas personas nunca más. O, mejor dicho, <strong>esperaba no tener que volver a verlas</strong> cuando yo esté a los mandos de mi propio vehículo. </p>

	<p>Mientras caminaba hacia mi humilde morada, reflexionaba sobre la impresión que había tenido de aquellas personas. Y me preguntaba <strong>qué impresión daría yo</strong> a alguien que se siente por primera vez en mi coche. </p>

	<p>Yo, honestamente, no cambio un ápice mi actitud al volante cuando llevo a gente. A  parte de tener en cuenta la masa extra (que se nota), conduzco exactamente igual que si fuera sólo. Porque si alguien pone en tus manos su vida, que es el mayor voto de confianza que se puede realizar, <strong>¿qué menos que cuidarla igual de bien que la vida propia?</strong></p>

	<p>Fotos | <a href="http://www.flickr.com/photos/aithom2/4914844773/">aithom2</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/djgrom/458796028/">New Basque</a>, </p>      ]]></description>
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                    <item>
      <title><![CDATA[Mirones]]></title>
      <link>http://www.circulaseguro.com/educacion-vial/mirones</link>
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      <pubDate>Sun, 31 Oct 2010 21:59:39 +0000</pubDate>

      <author>jaume</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image68586" src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/rail.jpg" class="centro" alt="Vía de tren" /></p>

	<p>A veces, la naturaleza humana nos lleva a hacer determinadas cosas, incluso a sabiendas que no deberíamos y que al final nos acabarán pasando factura. Pero aún así, no podemos evitarlo. Esto es tan cierto en <strong>seguridad vial</strong>, como en cualquier otro ámbito.</p>

	<p>De hecho, muy probablemente la mayoría de artículos de <strong>concienciación</strong> podrían empezar con este tipo de razonamiento. Hoy, en concreto, el fenómeno del que quiero reflexionar con todos vosotros es el irracional gusto que tenemos todos nosotros por meter la nariz en las desgracias de los demás.</p>

	<p>En concreto, la irresistible tentación que siente <strong>cualquier conductor</strong>, igual que el resto de pasajeros, al pasar por dónde ha acaecido un desgraciado accidente de ralentizar la marcha para mirar, a ver si tenemos la dudosa suerte de ver un hígado humano desparramado por la carretera. Es lo que a menudo llamamos <strong>efecto mirón</strong>.</p>

	<p><!--more-->Permitidme que comparta con todos vosotros una anécdota que acaeció no hace muchos años, cuando era usuario de trenes de cercanías a diario (aún lo soy, de forma esporádica). </p>

	<p>Resulta que en la salida de mi pueblo hay lo que podríamos llamar un <strong>punto negro</strong>. Tanto por la carretera nacional que pasa por allí, que tiene una doble curva ciega bastante estrecha, como por la vía férrea, que transcurre a escasos metros de una cala bastante pequeña. Con el peligro añadido que los trenes salen de un túnel escasos metros antes, con lo cual resulta <strong>muy difícil verlos llegar</strong>.</p>

	<p>Antaño, ni siquiera había una valla de protección, así que por desgracia habían ocurrido bastantes arrollamientos mortales a la salida del túnel. Tanto accidentales, como suicidios. </p>

	<p>Hoy en día, la cosa está algo mejor. En la carretera han hecho una rotonda para racionalizar el tráfico de vehículos (cosa que no consigue del todo, pero bueno). Y han construido un paso subterráneo para que los peatones puedan cruzar raíles y asfalto con total seguridad. De hecho, a principios de año ya comenté a cerca <a href="http://www.circulaseguro.com/via-y-climatologia/quien-vigila-la-seguridad-vial-en-obras">de las obras en este lugar</a>.</p>

	<p>Pero retrocedamos en el tiempo, hasta aquel día, cuando aún la vía del tren estaba completamente desprotegida. Un pobre hombre resultó muerto al <strong>perseguir un perro</strong> que, asustado, cruzó a la carrera las vías del tren. Por culpa del túnel, no pudo ver ni escuchar el convoy que se le acercaba a toda velocidad. Todo esto, según la versión que pude leer días más tarde en la prensa local.</p>

	<p>Como es lógico, el tráfico de trenes se vió algo afectado. El cadáver no puede ser retirado hasta que un juez lo ordene, no sin antes realizar todas las pesquisas necesarias para la investigación. Finalmente, lograron limpiar una de las dos vías, dando paso alternativo a los trenes en ambos sentidos de la marcha. </p>

	<p>Como es lógico, pasamos muy lentamente por aquél lugar, por seguridad de todo el equipo policial que aún laboraba en el lugar. Al pasar por el lugar de los hechos, de repente la mayor parte del pasaje <strong>se abalanzó contra los ventanales del vagón</strong>. </p>

	<p>&laquo;<em>Mira mira, ahí tapados con una sábana. ¡Mira! Ahí también</em>&raquo;. Estas palabras procedían de un grupo de señoras de mediana edad, con un tono que si bien seguramente no era de entusiasmo, mostraba verdadero y morboso interés. &laquo;<em>¡Que pequeñitos! Parece que sean dos niños</em>&raquo;. A riesgo de parecer gore, debo señalar que los dos bultos sanguinolentos eran partes de una única víctima, adulta.</p>

	<p><img id="image68587" src="http://img.circulaseguro.com/2010/11/tren_tunel.jpg" class="centro" alt="Túnel de tren" /></p>

	<p>Una de las ¿des?ventajas del transporte público colectivo es que mientras dura el trayecto, tienes <strong>una ventana a la vida de tus compañeros de viaje</strong>. Yo he llegado a presenciar desde intensas negociaciones mercantiles, hasta la dolorosa ruptura de una pareja. En esta ocasión, la providencia quiso que en el viaje de vuelta a casa aquella misma noche, coincidiera con una de las señoras de media edad, de las que en la ida habían estado comentando los restos del pobre hombre.</p>

	<p>Pude escuchar como le explicaba a otra amiga <strong>el &laquo;mal cuerpo&raquo; que se le había quedado después de ver lo sucedido</strong>. Que no podía quitarse de la cabeza la imagen de la sangre derramada por los raíles, y los trozos de carne bajo un trapo. </p>

	<p>Si yo hubiera estado en la conversación, no habría tenido más remedio de preguntar &laquo;<strong>Entonces, ¿por qué miras?</strong>&raquo;. Al abalanzarte hacia el ventanal, era bastante evidente lo que acabarías viendo. Fue una <strong>elección personal</strong>, nadie te obligó a mirar&#8230; ni a continuar mirando una vez visto el panorama.</p>

	<p>Yo debo reconocer que no quise mirar. De hecho, al ver que todo el mundo iba hacia el ventanal de la izquierda, yo preferí girarme y mirar por la derecha. ¿Qué vi? Pues <strong>más mirones</strong>, abrazados el cordón policial, de pie en el arcén de la carretera contigua, mirando como mi tren pasaba al lado de los restos de un pobre hombre que (como todos) no mereció morir aquél día. Y mucho menos hacerlo <strong>a la vista de todos</strong>. </p>

	<p>Yo, que evité ver la más mínima mancha de sangre, <strong>no pude evitar pensar</strong> en aquél suceso durante los días siguientes. De hecho, incluso busqué la información que os he contado en la prensa local. La verdad es que una muerte trágica, tan cerca de casa, siempre es un <em>shock</em>. No puedo ni imaginar <strong>cómo me hubiera sentido de haber visto los restos mortales</strong>. Aunque no tengo que imaginármelo, vi de primera mano como se sentía aquella pobre señora, que se dejó dominar por la curiosidad.</p>

	<p>Ahora, años más tarde, como <strong>conductor</strong> de vez en cuando vivo situaciones similares. Sólo que en este caso, en vez de dejarme llevar por el maquinista, soy yo mismo quien hace avanzar el vehículo poco a poco, evitando poner en peligro las asistencias que están <strong>intentando salvar vidas</strong>. </p>

	<p>Mi actitud sigue siendo la misma. Clavo la mirada en la <strong>distancia de seguridad</strong> con el coche de adelante, intentando salir de allí tan pronto como tenga vía libre. Invariablemente, todas las veces que me he visto en situaciones desagradables de este estilo, he visto como el coche precedente <strong>ralentizaba su marcha</strong>, permitiendo que su conductor &#8211; y otros ocupantes &#8211; escudriñaran el amasijo de hierros, carne y sangre.</p>

	<p>¿Por qué lo hacemos? No lo sé. Aunque lo supiera, no es el momento de teorizar sobre la naturaleza humana. Lo que sí sé es que no puede ser bueno, sobre todo para la <strong>salud mental</strong>, y el derecho a la intimidad de los que se han visto involucrados. ¿A ti, en su lugar, <strong>te gustaría sentirte observado</strong>?</p>

	<p>Pero es que tampoco es una actitud solidaria con el resto de conductores. Este tipo de retrasos no hace más que <strong>empeorar la retención</strong> provocada por el accidente. Y, además, como cualquier fenómeno que nos haga apartar la atención de la conducción, <strong>incrementa el riesgo de nuevos accidentes</strong>. </p>

	<p>Como he dicho, ni sé ni cual es la causa, ni cómo evitarlo. A lo mejor no es posible, ni deseable; al fin y al cabo, somos humanos y todos queremos seguir siéndolo. En cualquier caso, acepta mi consejo: la próxima vez, antes de girar la cabeza, ten en cuenta que <strong>si miras, corres el riesgo de ver</strong>. </p>

	<p>Fotos | <a href="http://www.flickr.com/photos/alphaducentaure/3047794519/">Alpha du centaure</a>, <a href="http://www.flickr.com/photos/francescalamon/5093558515/">Francesc Alamon</a></p>      ]]></description>
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