
Recuerdo que en los tiempos en que era un novato, e incluso antes en prácticas, una de las cosas que más nervioso me ponía era ver algo demasiado grande por el retrovisor. Sobre todo, porque a menudo el tamaño aparente en el espejito no está relacionado con el tamaño físico de mi perseguidor, sino por la ausencia de la apropiada distancia de seguridad.
Con el tiempo, los kilómetros y la eterna presencia de chupa culos tras de mi, en cierta medida me he acostumbrado, aunque odie decirlo. Sigue siendo una situación bastante delicada, pero ahora la sorteo con mayor tranquilidad. Sin esa sensación de angustia, que por otra parte sólo podía ser mala consejera.
Muy desde el principio descarté la opción de intentar distanciar a mi perseguidor utilizando la táctica de dar toquecitos al freno, lo suficiente para que se encienda la luz de freno y asuste al perseguidor, pero sin llegar a perder velocidad real. He escuchado y leído acerca de este modus operandi en diversas ocasiones, pero como digo la descarté porque me parece que hay demasiadas cosas que podrían ir mal.











