
Cuando hablamos de las cuestiones de salud que afectan a la conducción, normalmente pensamos en asuntos de cierto peso, como problemas relacionados con la vista o el oído, la lentitud de reflejos o cualquier circunstancia grave que supone una traba para desarrollar otras actividades de riesgo: haber sufrido de infartos o estar en tratamiento clínico con ansiolíticos, por poner un par de ejemplos.
Sin embargo, hay otras dolencias mucho más leves que pasan desapercibidas al hablar de su relación con la seguridad vial. No es para ponerse alarmistas, pero sí conviene tener claros algunos puntos para evitar problemas. Un ejemplo de esto sería el acné y cómo un conductor que lo padece podría descuidar la atención sobre la vía para centrarse en su piel.


