Subida de los límites de velocidad genéricos: ¿sí o no?

Velocidad y límites
Los límites de velocidad vuelven a estar de plena actualidad gracias al debate que se ha abierto entre el Ministerio y los principales clubes automovilísticos. Durante la jornada de ayer se votó positivamente al incremento de la velocidad en autovías y autopistas, así como también se ha razonado que en las zonas residenciales, urbanas o especialmente sensibles como los colegios.

La Comisión de Seguridad Vial y Movilidad Sostenible del Congreso de los Diputados trató el tema de la velocidad y otros como el uso de drogas y alcohol por parte de los conductores, el exceso de velocidad y otras cuestiones. Lo que más salta a la vista es que, por una vez, parece que el aumento del límite genérico en autovía y autopista pinta como posible, o al menos eso se deduce a partir de las informaciones que existen: nadie ha dicho claramente que no.

130 km/h en las autovías, ¿factible?

Sin entrar en honduras como que muchos conductores apuran los límites “calculando” a partir de cuándo saltan los radares, lo de los 130 km/h en autovías y autopistas es algo que se viene comentando desde hace mucho tiempo. Que los límites de velocidad de hoy se impusieron hace ya muchos años no se nos escapa del periscopio, y que en los últimos tiempos el debate se reabrió numerosas veces, tampoco (para referencia estos artículos: límites en la Unión Europea, el debate se reabre, y en general en todos los que hemos hablado de límite de velocidad).

Creo que lo importante no es la velocidad que se pacte como máxima en autovías o autopistas (que parece que es la única que importa), sino que se consiga un perfecto acoplamiento entre las carreteras de nuestro país y las capacidades de los conductores y sus coches. O sea, conseguir minimizar las posibilidades de circular a velocidad inadecuada. Esa velocidad puede ser circular a 110 km/h en una autovía con niebla espesa o posibilidades de encontrarnos hielo, en una noche cerrada y sin luna, o con el segundo diluvio universal cayendo delante de nuestras narices. Velocidad inadecuada no quiere decir necesariamente que circulemos con el pie en la tabla.

Radar
Igual de importante es concienciarnos de que en zona urbana no es necesario esprintar entre semáforos, que una zona residencial no “pide” más de 20 km/h a veces, o 30 para que no creáis que soy un coco. Hace tiempo comenté que a ciertas velocidades hay conductores que no sienten la necesidad de sobrepasar el límite genérico. Imagina que el límite es 140 km/h, ¿te sentirías igual de seguro a 150 km/h? Muchos estoy seguro de que no, aunque siempre hay quien afirma que, por supuesto, sí. Pero entre 115 y 125, ¿quién no se siente seguro?

¿Qué es lo más importante que se debería debatir?

La seguridad, que a pesar de que se usa como excusa central para todo el debate de los límites de velocidad, escasea en casi todos los puntos de la red viaria española. Ejemplos os los cuento enseguida, seguro que los habréis vivido en una u otra forma: circular en sentido contrario 150 metros en un polígono para evitar dar un rodeo y hacer la maniobra correcta (esta misma semana lo viví frente a una furgoneta enorme), adelantamientos apurando la zona prohibida, hasta tal punto que puede adelantarse aún con línea contínua, a 70 km/h en zona urbana (también lo viví esta semana, qué casualidad),… cambios de sentido prohibidos, acoso al conductor que nos precede por “prisas”… y mil cosas más.

Esto no se debate porque es difícil de detectar y corregir. Un límite genérico es mucho más sencillo. La mentalidad y la actitud al volante es mucho más complejo de medir, y si no que se lo digan a Morrillu cuando nos contó su experiencia de la semana pasada. La actitud, la prepotencia, el desprecio por los demás, la valentía castiza, son cosas que no es posible corregir. Ir a 120 km/h, 130 o 140 me parece irrelevante y poco digno de debate cuando nos podemos encontrar tramos de carretera con el firme tan destrozado que no se puede circular por ellos (a la salida de Sevilla en dirección Mérida me encontré un tramo cortado por ese motivo, y a la entrada no estaba cortado pero sí lleno de “saltos”).

Limitar es barato, corregir es muy caro

Firme en mal estado
Es mi conclusión: cerrar un carril para evitar accidentes es necesario y barato; imponer un límite de velocidad es disuasorio y además no hay que adaptar entradas a las ciudades, construir circunvalaciones, renovar firmes, instalar medidas de contención para caso de accidente, o renovarlas, porque ya sabemos que la infraestructura actual no soporta impactos a más de 120 km/h.

El debate sobre el límite de velocidad genérico está bien, es mediático y muestra a la gente que las cosas se quieren cambiar, pero siempre es la punta del iceberg. En Francia el límite genérico se reduce en condiciones de lluvia (y mi única experiencia fue en una autovía de cuatro o cinco carriles por sentido – no recuerdo exactamente – desde Paris hasta Le Mans). Se reduce porque está claro que las condiciones no son las mismas, sea como sea el firme. Cuando sea posible adaptar todas las carreteras con algún defecto a la modernidad, entonces es cuando el debate sobre los límites tendrá más sentido. Mientras, es bueno que se mantenga sobre la mesa, pero a ver cómo justificamos después que, como la vía no pudo contener a tal coche, todos sus ocupantes sufrieron… lo que ya sabemos.

Vía | Terra Motor