‘Slugging’, cuando la gente se une para usar carriles VAO

Slugging

Si el otro día hablábamos del carril VAO, hoy nos toca comentar un curioso uso social que se le puede dar: el slugging, una práctica que se remonta a la Crisis del Petróleo de los años 70 y que en ciudades norteamericanas como Washington DC y San Francisco vive una renovada Edad de Oro.

¿Y en qué consiste el slugging? Pues muy sencillo: es una especie de viaje compartido improvisado pero altamente organizado, de manera que la gente hace cola en un punto de encuentro hasta encontrar un coche particular que lleve una ruta compatible con su desplazamiento empleando los carriles VAO. Es como una reversión del autostop, pero elevada a la máxima potencia. Del slugging se benefician diariamente cientos de estudiantes y trabajadores de las más variadas ocupaciones.

¿Por qué se llama slugging? Pues… teniendo en cuenta que en inglés un slug es una babosa, da algo de grima buscar un equivalente en nuestra lengua, pero el término viene de los primeros tiempos del slugging, por cómo los autobuseros americanos aprendieron a diferenciar si las personas que había en una parada estaban esperando el bus o un coche compartido, de la misma manera que al cobrar diferenciaban de un vistazo las monedas falsas, llamadas slugs en argot.

Los lugares en los que se recogen pasajeros suelen ser los parkings disuasorios de las ciudades y también otros puntos populares. Allí se forman colas vigiladas por los mismos viajeros, y aunque en algunas ciudades las autoridades locales se encargan de marcar los puntos de encuentro para facilitar el slugging, en realidad son los usuarios del servicio los que se organizan para llenar los vehículos.

Por su parte, los conductores que se ofrecen para transportar personas hacia el extrarradio de las ciudades se benefician de poder emplear el carril VAO o, dependiendo de la ciudad, tienen la opción de pagar un peaje más barato por el hecho de aprovechar su vehículo al máximo.

El slugging, por tanto, es improvisado en el sentido de que cada día pueden ser distintos los compañeros de viaje, pero se organiza y se autorregula hasta el más mínimo detalle. Es una práctica win-win en toda regla, pero para que el slugging funcione deben observarse algunas normas de comportamiento.

Normas para el ‘slugging’

  • No se permite que los conductores recojan pasajeros en ruta o fuera de la cola.
  • No se permite dejar a una mujer sola a la espera de un coche, por su seguridad.
  • No se permite hablar en el trayecto a menos que sea el conductor quien entable conversación.
  • No se permite comer, fumar, hablar por el móvil o maquillarse dentro del vehículo.
  • No se permite abrir las ventanas sin el permiso del conductor.
  • El conductor tiene pleno control sobre la radio y sobre el aire acondicionado.
  • No se permiten ni la petición ni el pago de dinero, ya que el slugging es una práctica que conlleva un mutuo beneficio, para el conductor y para el pasajero.
  • Al final del trayecto, tanto el conductor como los pasajeros deben decir “gracias”.

De hecho, estas normas son las esenciales para la convivencia entre personas, y más si tenemos en cuenta que el slugging se da entre desconocidos, lo que puede resultar un tanto delicado. De hecho, todos hemos compartido coche alguna vez, ya sea con compañeros de estudios o de trabajo, o puntualmente cuando alguien nos ha acercado hasta no sé dónde, pero una cosa es compartir coche y otra muy diferente, hacerlo por sistema con gente a la que no conoces y como quien coge el bus o el metro, pero de gorra y sin perder tiempo.

Claro, que nadie obliga a nadie a practicar el slugging. ¿O quizá sí?

Con los tiempos que corren, un solo céntimo de ahorro representa un gran logro en la economía de los ciudadanos, y el repunte del slugging entronca con la necesidad de ahorrar. Tanto es así que la página web del movimiento slug que opera en Washington DC (sí, también tienen página web) cuenta con un simulador de ahorro que permite calcular cuánto pueden dejar de pagar los usuarios del servicio si optan por compartir coches al vuelo en vez de emplear otras modalidades de transporte.

Pero no sólo eso. La página ofrece mapas con las líneas de slugging más habituales, carteles para anunciar la línea que se cubre con el coche e incluso un manual para crear nuevas líneas de slugging. Todo un abanico de recursos para una forma de hacer creada hace 36 años y que hoy se sirve de las nuevas tecnologías y de la necesidad de buscar una movilidad más económica sin perder agilidad en recorridos indirectos y en trasbordos grotescos.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Esto podría funcionar en España?

Más información | Slug-lines
Foto | John Martinez Pavliga