Sistema de localización global y navegadores (y 3)

Un coche repleto de navegadores

En los dos artículos previos hemos visto que los navegadores actuales representan una evolución digital de los mapas de toda la vida, que además pueden indicarte en cada momento donde te encuentras.

Esta tecnología nos puede resultar de gran ayuda, pero hay que tener en cuenta que la utilizamos mientras realizamos una actividad compleja, la conducción, que requiere de toda nuestra atención. Y, como sabemos, perder la atención puede causar resultados muy desagradables en la forma de siniestros. Utilizar responsablemente estos avances es un ingrediente imprescindible para la seguridad vial.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que un navegador es un instrumento difícil de utilizar. Hay que estar pendiente de la pantalla para afinar con nuestros dedos para accionar en la pantalla táctil donde queremos. Es más, colocados en el parabrisas normalmente hay que cambiar la postura para acceder a ellos. Esto es completamente incompatible con la conducción segura. Todo esto es completamente incompatible con la conducción segura.

En primer lugar, nuestra mente tiene que estar siempre alerta para controlar todos los elementos de la circulación. Si estamos pensando que dirección debemos introducir en nuestro flamante navegador, no estaremos pendientes de ese vehículo que está frenando por que pretende girar la próxima calle a la izquierda. O, peor aún, no veremos una señal vial de vital importancia, como un stop, un semáforo, o algún desvío obligatorio por obras.

Segundo, incluso si vemos ese obstáculo, debemos estar listos para controlar el vehículo. Nuestras manos deben estar siempre en el volante. Con la única disculpa del cambio de marchas, claro está. Sí, todos nosotros podemos controlar el vehículo en recta o curvas suaves. Pero a la hora de realizar un viraje cerrado, siempre acabamos recurriendo a las dos manos. Es imprescindible para controlar el vehículo.

Peor aún si debemos inclinarnos hacia adelante para llegar al navegador. Una mala postura en el asiento imposibilitará cualquier maniobra, incluso aunque nos de tiempo a intentar reaccionar. Es una cuestión de anatomía, si tenemos el pecho demasiado cerca del volante, las manos no pueden pasar por delante para hacerlo girar.

Navegador en el salpicadero de un coche

Por todos estos motivos, yo siempre procuro programar mi navegador antes de salir. Por que no es necesario mover el coche dos segundos después de subirnos a él. Y si en pleno trayecto me veo obligado a cambiar la programación, ya sea por que debo buscar una gasolinera cercana, o simplemente ha habido un cambio de planes, la circulación da muchas oportunidades de detenerse. Un semáforo lo suficientemente largo puede servir. Sino, una parada rápida en un lugar donde esté permitida (no, los arcenes de las autopistas no valen; los vados sí, si es menos de dos minutos).

La alternativa a la parada es pedir al copiloto que lo configure por ti. Pero eso sólo es una buena idea si el copiloto sabe utilizarlo. Tener que indicarle botón por botón lo que debe hacer puede provocar incluso más distracción que hacerlo uno mismo. Incluso si tu compañero de viaje no es muy diestro, puede llegar a ser frustrante. Y mantener un cierto equilibrio mental es necesario para tomar siempre las mejores decisiones al volante.

Otra cosa a tener en cuenta es que, como ya ha quedado claro, el navegador es un aparato complicado. Como buen ordenador que es, aunque pequeño en tamaño, su uso requiere cierta curva de aprendizaje. No sólo a la hora de configurar la ruta, que si se hace en parado no comporta ningún riesgo más que perder algo de tiempo antes de salir, sino también para interpretar correctamente los mensajes auditivos e indicaciones en la pantalla. Por que cuanto mejor comprendamos la información que nos proporciona, menos tendremos que apartar nuestra mente de la carretera para interpretarla.

Con este fin, la mayoría de navegadores tienen un modo de simulación, que permite configurar una ruta y que el sistema la recorra imaginariamente, dándonos todas las indicaciones como las daría en la realidad. De esta forma, podemos acostumbrarnos poco a poco a la forma de dar las indicaciones, tanto sonoras como visuales.

El siguiente paso del aprendizaje es poner en prueba el aparato en un recorrido conocido. Sabiendo de antemano las instrucciones que vamos a recibir, nos permitirá asimilar la forma en que recibiremos las indicaciones por parte de nuestro nuevo guía electrónico.

Sólo una vez hayamos comprendido e interiorizado el funcionamiento del aparato, podemos fiarnos de él en un trayecto desconocido. Eso sí, en ningún caso debe utilizarse el GPS como substituto de nuestro sentido común y de la orientación. Recordad que un navegador es básicamente un mapa, y los mapas se hacen anotando el trazado de las calles y carreteras. Pero todos sabemos que éstas pueden cambiar, ya sea por nuevas infraestructuras o por reordenación de las existentes. Que el navegador nos indique girar a la derecha en la próxima intersección no nos asegura que el ayuntamiento no haya decidido cambiar el sentido de la circulación en esa vía. Tener un navegador no nos exime de observar nuestro entorno y asegurarnos de la corrección de cada maniobra.

También es necesario observar correctamente los carteles a la hora de tomar bifurcaciones y desvíos. El navegador puede indicarnos que nos situemos a la izquierda… Pero, ¿significa ir al último carril? ¿O con quedarme en el penúltimo ya voy bien? Insisto, es aconsejable continuar observando la señalización para evitar tener que realizar maniobras arriesgadas en el último segundo.

Además, la ruta escogida no tiene por qué ser siempre la mejor para nuestros intereses. El aparato está configurado para buscar la ruta óptima según ciertos parámetros. Pero ese no tiene por que ser nuestro criterio siempre. A veces, vemos como nos hace pasar por una carretera en peores condiciones que nos retrasará. O por donde hay más tráfico normalmente. En estos casos, no debe pesarnos el ignorar la amable voz robotizada. Tranquilos, no tiene sentimientos; se quedará impasible al recalcular la nueva trayectoria cuando detecte que nos hemos desviado. Y si al final ella tenía razón, no nos lo recriminará (esto es un punto a favor de los copilotos informáticos, ¿verdad?).

En el futuro, los navegadores serán capaces de actualizarse instantáneamente, no sólo con las nuevas infraestructuras, sino también con la información del tráfico, ayudando a evitar las congestiones. De hecho, esta tecnología ya está siendo implementada en algunos modelos. Pero si va a aumentar la implantación de los dispositivos de navegación en los vehículos, es necesario que todos aprendamos a utilizarlos con responsabilidad. Como todo en la seguridad vial, vidas pueden depender de ello.

Fotos | mroach, Paul Vlaar (bajo GPL)