Si te equivocas, sigue adelante

Perdidos
En carretera y mientras conducimos, nos podemos equivocar. Todo el mundo se equivoca, y ese podría ser el título de un libro como ese tan famoso para niños que no viene al caso, y quien niegue haberse perdido una sola vez, haber errado la salida de la autovía o la de una rotonda, que levante la mano. Aunque solo sea por pura estadística, todos cometemos, alguna vez, un error.

El caso es que hay dos tipos de conductores: los que rectifican a toda costa, y los que siguen adelante y lo solucionan en su momento. O dicho de otro modo, si nos equivocamos de salida en la autovía, podemos dar un volantazo y volver a la misma, o bien salir, aceptar que nos equivocamos e incorporarnos por la entrada a la autovía que hay tras cada salida.

La solución siempre está ahí delante

Me atrevo a decir que en la inmensa mayoría de situaciones en las que nos equivocamos, tendremos una rotonda, una salida, un lugar para cambiar de sentido con seguridad… en el próximo kilómetro, o un par de ellos más adelante. Dar una vuelta de más en una glorieta no es el fin del mundo, y vale más eso que entorpecer a otros conductores, u organizar algún tipo de lío.

En carreteras secundarias puede pasar que nos equivoquemos en una dirección y aparezcamos en “la nada”, sin saber si más adelante tendremos o no un apartadero, una gasolinera, un pueblo donde poder dar la vuelta. Lejos de intentar cambiar de sentido a toda costa, con los peligros que nos proporciona la mala visibilidad típica de esos trazados, tengamos paciencia, hagamos de tripas, corazón, y tiremos hasta encontrar el lugar más seguro del mundo para hacer el giro.

En autovías, qué menos. Cada salida está unida a su correspondiente entrada, normalmente separadas por una rotonda. Es tan fácil recuperar el ritmo que no vale la pena el riesgo de reincorporarse bruscamente, asustando (posiblemente) a otra persona que circula tranquilamente y de repente se encuentra con un obstáculo (nosotros). Nos equivocamos, así que lo asumimos, asumimos los cinco minutos que perdemos entre la desaceleración, rotonda, aceleración, y seguimos nuestro camino. ¡Oh, cinco minutos!

En la ciudad es básicamente lo mismo, pero contando con una mayor densidad de tráfico. Estamos medio perdidos y vamos pisando huevos mientras tratamos de leer los carteles de las calles, o bien programando el navegador en marcha… y entorpecemos la marcha de otros conductores; nos equivocamos de giro y lo enmendamos “haciendo una pirula”, dando marcha atrás (e invadiendo un cruce, algo que no se debe hacer) cuando podemos seguir adelante y recuperar nuestro camino correcto dos calles más adelante.

Es una cuestión de seguridad, principalmente. Es también civismo, pero sobre todo seguridad. No hay nada peor para tener un toque que encontrarse, de repente, un obstáculo delante de ti. Así que no nos convirtamos en obstáculos: si nos equivocamos, lo asumimos y seguimos adelante.

Foto | Benson Qua

  • Borja

    Los que no ayudan nada a cumplir esto son los ocupantes del coche. Te equivocas y, cuando ya no hay vuelta atrás, te hacen ver que estaba claro que por ahí no era. Tan claro que no te dicen nada mientras ven tus intenciones. Después, te sueltan que podías haber hecho una “pirula”, porque no venía nadie y, mientras te vas alejando, no paran de decirte que les estás llevando a tomar por culo.
    Así que, muchas veces entiendo a los que lo hacen, porque yo que soy muy tranquilo, me altera mucho esa situación. Sin embargo, si me ocurre yendo solo, sin problema ninguno.

    • estebano

      Toda la razón, loas acompañantes a veces son (y diría “somos”, al menos en mi caso a veces) un poco coñazo…

  • Guest

    Me ocurre lo mismo, cuando voy acompañado la presión de grupo o incluso la individual me ponen como una moto. Es insoportable y cuanto más tardas en hacer caso más te gritan y hasta te insultan. La verdad que conducir solo, sin prisas ni criterios ajenos, es un alivio…