Si te cruzas con un peatón de noche, cuidado con las luces

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Este es uno de esos artículos que salen de una vivencia, o de varias, y posiblemente os parezca que esté hecho a propósito con el fin de ofrecer moralina gratis a todos los que pasen por aquí. No es así, ni mucho menos. Cuando hablamos de paseos nocturnos solemos hacerlo centrándonos en coches y su alumbrado, en ciclistas y sus reflectantes, e incluso en peatones que caminan por carreteras rurales.

Seguro que mi caso es muy particular, pero ¿qué pasa si circulamos por una carretera secundaria, o de menor entidad, y nos cruzamos con un peatón de noche que camina alegremente por un carril bici, separado de la calzada? En realidad, nada cambia: el peatón deberá llevar algún material reflectante (porque a pesar de estar separado de la calzada, sigue estando en un carril compartido, y nada menos que por bicicletas), y el conductor deberá respetar al peatón, por mucho que estén separados. ¿Y cómo se “hace” eso? Al menos, alma de cántaro, ten la decencia de quitar las luces de largo alcance.

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Mi caso particular es así: un carril bici a la derecha de la calzada, de tal forma que al “ir” caminamos solidariamente con los coches del carril derecho, y al volver, lo hacemos enfrentados con esos mismos. Cuando es de día no hay más problema que el ruido, pero vaya, es lo normal. Cuando cae el sol y se conecta el alumbrado (el de los coches, porque el carril bici discurre entre Mérida y Proserpina (lugar que recomiendo) a través de un paisaje bastante bonito y… sin alumbrado) es frecuente que los coches nos deslumbren a quienes caminamos. Veo muy frecuentemente el cambio de luces de corto alcance a las largas a pesar de haber transeúntes por el citado carril bici. ¿Por qué sucede esto? Se me ocurren varias hipótesis:

  1. Porque no nos ven, bien porque no se lleve material reflectante, bien porque simplemente no atienden más que a la carretera.
  2. Porque piensen que las luces de largo alcance solo pueden deslumbrar a los otros coches.
  3. Porque no les da la gana de quitarlas.

El punto 1 puede ser aceptable: si el peatón no lleva ningún material o chaleco reflectante, si no se hace ver, posiblemente debería “tragar” con ese deslumbramiento inadvertido por el conductor del coche. El punto 2 me suena más lógico, aún sin tener lógica. Con el alumbrado de largo alcance encendido no debemos descuidar a nadie, ni coches, ni motos, ni ciclistas o peatones, ni tampoco a las personas que viven en sus casas. Porque hay casos, seguro, de “deslumbramiento en porche al anochecer”.

El tercer caso es fruto del mal concepto que tengo de algunos conductores. Puede que piensen que como un peatón por el carril bici no es un peligro para el coche si es deslumbrado, qué narices: en un momento ya lo hemos sobrepasado. El problema es que caminar de noche sin luz, o peor aún, deslumbrado, es relativamente peligroso. No vemos bien el suelo aunque haya luna llena, podemos tropezar,… decenas de cosas. Cuando uno está deslumbrado, tarda unos segundos en recuperar “la visión nocturna”, y no creo que apetezca usar el truco del parche pirata para salir de caminata.

El respeto, igual que tener conciencia de que con las largas podemos deslumbrar a más personas que a meros conductores, es lo único que se me ocurre que puede cambiar las tornas. Si vas por una carretera secundaria permanece atento a los peatones, ya caminen por la propia calzada, por un carril bici adyacente, o bien estén en sus casas tomando ponche al anochecer. Cada uno a lo suyo así que como peatones debemos hacernos ver, y tomar todas las precauciones posibles.

Fotos | Mr Thomas, Mita Darkanov