Si se endurecen los exámenes de conducir, ¿tendremos una mejor seguridad vial?

Autoescuela San Eloy, en Sevilla

Un comentario que hizo hace unos días mi compañero Javier Costas en el texto sobre el nuevo permiso de moto me despertó un par de neuronas que tengo medio peleadas entre sí. Javier afirmaba que, siguiendo el modelo del permiso de moto, sectorizado según la experiencia del conductor, habría que hacer algo similar con el permiso de turismos, y además (y aquí llegó mi despertar neuronal), “que no falten exámenes duros que sirvan para separar a la paja del heno”.

Recuerdo haber hablado hace algún tiempo sobre la necesidad de restringir de alguna manera el permiso de coches según la experiencia del conductor. Pero la frase final de Javier me sugirió la pregunta que propongo en el título como punto de partida para un posible debate (si os apetece, claro).

Niña 'conduciendo'

Si se endurecen los exámenes, ¿tendremos una mejor seguridad vial? Pues… yo creo que no necesariamente. Ahí van algunas ideas al respecto:

En la formación del conductor intervienen unos cuantos elementos. Para no extenderme ahora, diré que es como un parto, del que todo el mundo opina y predica sin saber necesariamente de lo que habla. Tanto es así, que al final son padres y amigos los que ejercen la mayor de las influencias sobre la formación del futuro conductor. En consecuencia, el que aspira a la obtención del permiso de conducir ve en el examen un engorroso trámite burocrático que hay que vencer antes de lanzarse por las carreteras a vivir la libertad de llevar un vehículo entre manos.

La libertad, toda libertad, lleva aparejada una contrapartida en forma de eso que llamamos responsabilidad. Quien así lo entiende lleva a cabo una conducción equilibrada entre la agilidad y la seguridad. El que no… simplemente se limita a menear un vehículo desde un punto A hasta un punto B. Y lo que le ocurra por el camino, incluyendo sustos y colisiones, serán achacables a multitud de factores que nada tienen que ver con él, puesto que él como conductor es la host lo más y la responsabilidad de lo que le suceda siempre va a ser de otra persona.

Dicho de otra manera: Hoy por hoy, tal y como están las cosas, cualquier intento de hacer comprender a un futuro conductor que las cosas no tienen por qué ser fáciles toparía con el rechazo de la sociedad. Precisamente porque la nuestra es una sociedad que trabaja contra el esfuerzo. Las escuelas de conducción, vulgo autoescuelas, también tienen su parte de responsabilidad aquí, sobre todo esas que publicitan sus servicios diciendo algo así como “tu carné, en dos patadas y un suspiro”. ¿Que la competencia es feroz? De acuerdo. Pero hay maneras y maneras. ¿Por qué no se dedican a vender calidad más que celeridad? Ah, que la gente valora más la inmediatez que el hecho de vivir. Vuelta a lo mismo.

De ahí que yo diga que no necesariamente un examen más duro tiene que repercutir en una mejora de la seguridad vial. Nuestra sociedad está enferma de inmediatez. Confundimos la velocidad de las nuevas tecnologías de la información con el rendimiento de nuestro cerebro. Creemos que si somos capaces de saber qué está ocurriendo en la otra punta del globo en estos momentos sin más esfuerzo que el necesario para hacer click en un enlace (que ya ni teclearlo), no tenemos por qué tardar un cierto tiempo en aprender eso que los psicólogos definen como una “actividad compleja“: la conducción de un vehículo por un entorno absolutamente cambiante como es el tráfico de la ciudad.

Manneken Pis

Si el alumno pregunta a sus padres y amigos, ellos le dirán que tampoco es para tanto. Y seguramente no le engañarán, sino que simplemente no son conscientes de la dificultad de este aprendizaje. Pongo a menudo un paralelismo algo escatológico, pero ilustrativo. ¿Quién de los presentes sería capaz de explicarle a alguien cómo orinar? Difícil, ¿verdad? Lo tenemos tan interiorizado que se nos presenta como algo relativamente sencillo. Y sin embargo a nuestros padres les llevó unos años acostumbrarnos a hacerlo a horas convenientes y en un espacio concreto, que solemos llamar retrete. De un modo no tan extremo, quienes conducen a diario (independientemente de cómo lo hagan) pueden ver el aprendizaje de la circulación como algo “no tan difícil”.

De ahí a que el endurecimiento de los exámenes agrave la situación hay sólo un paso. Pongamos la situación hipotética de que se endurecen los exámenes y sólo pasan aquellos que realmente dominan la situación. Al suspender, el aspirante a conductor se mosqueará. Sus padres y amigos reforzarán ese mosqueo cuando le digan (no necesariamente con palabras) que conducir es fácil y lo hace todo el mundo. Entonces ese aspirante se vuelve a presentar al examen… y llega un nuevo suspenso porque la dificultad es la que es y él todavía no está preparado aunque todos le dicen que “no es pa tanto”. La frustración aumenta en el aspirante. Y de la frustración al cabreo cuando uno no está acostumbrado a responsabilizarse de sus errores hay un simple paso más.

Frustración del aspirante a conductor cuando 'lo suspenden'

¿Cómo es posible que no apruebe, si todo el mundo le dice que es tan sencillo? Sin duda, piensa entonces, el suspenso forma parte de un complot mundial urdido para impedir que él disfrute de su legitimísimo derecho a la movilidad. Todos, todos ellos, están contra él. Los examinadores, los profesores, las autoescuelas… todos se frotan las manos cada vez que lo suspenden. Por cierto, que aquí podemos reparar en un ligero detalle. Fiel a su visión de una vida sin responsabilidades, este aspirante a conductor difícilmente aceptará que “ha suspendido”. Seguramente preferirá decir que “lo han suspendido”. Por contra, cuando apruebe, seguramente contará que “ha logrado aprobar” y no que “lo han aprobado”. Curioso, ¿verdad?

Pero todo sistema tiene errores. Y el sistema de evaluación, aun endureciendo los exámenes, seguirá teniendo los suyos. ¿Qué ocurrirá cuando por una de aquellas casualidades de la vida ese resabiado aspirante a conductor “consiga aprobar”? ¿Cuál será su actitud hacia la conducción segura que le habrán intentado inculcar a lo largo de su traumático proceso de aprendizaje? ¿Aplicará todo lo que le enseñaron aquellos que estaban metidos en el complot que ha conseguido burlar? ¿Alguien ha oído hablar del efecto rebote?

¿Será este recién estrenado conductor un modelo de seguridad vial?

Foto | Rocket Raccoon, Lorda, Ricardo Martins, Arden’s Way of Life

  • Lo básico sería que para obtener el carnet, el que sea, tras aprobar el examen y pasar por el tiempo de limitación (la famosa “L”), fuera obligatorio realizar un curso de conducción segura, en que el monitor inicialmente viera tus defectos y virtudes como conductor nóvel, los corrigiera o reforzase, y, por último, te enseñara realmente a llevar el volante de tu coche entre las manos.
    Sería muy bueno hasta cuando cambias de vehículo, para conocer sus defectos, virtudes, bondades y limitaciones.
    Muy pocos han pasado por una escuela de conducción, si fuera algo más natural otro gallo nos cantaría
    Saludos, juanrivas

  • Al leerte, y no es la primera vez que me ocurre, parece que lea mis pensamientos y tus preguntas son las que me hago a diario, y no tengo respuestas, pero el sistema no es el adecuado porque los resultados no son los deseados.

    Hoy en C.R. expongo algo parecido.

    Voy a responder a tu última pregunta, NO, ESE CONDUCTOR RECIEN ESTRENADO, NO SERA UN EJEMPLO DE SEGURIDAD VIAL.

    ¿Sabes? me siento responsable de que sea así, sin poder hacer nada para evitarlo.

    Un saludo

  • Ahora mismo dejo de leerte la mente para escribir mis posts. 😛

    Son preguntas que flotan en el aire porque nos implicamos en lo que hacemos. Si nos diera igual todo, seguramente nos limitaríamos a cantar “La yenka” todo el día, ¿no crees?