Si lo sabes, no me llames

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Dice el chiste que Graham Bell no tuvo ningún mérito cuando inventó el primer teléfono. No, el mérito lo tuvo la persona anónima que inventó el segundo, lo cual les permitió hablar.

Aparte de ser malísimo, el chiste nos enseña una verdad incuestionable sobre el invento: hacen falta dos personas para tener una conversación. Dos no hablan si uno no quiere, como las peleas.

Aunque lo cierto es que siempre la comunicación siempre comienza a iniciativa de uno, el que decide marcar un número y «obligar» al otro a dejar lo que anda haciendo para atenderle. Y todos sabemos que eso puede tener consecuencias negativas: que se queme la comida, dejar desatendido niños, olvidar lo que iba a escribir en el blog (me ha pasado, lo reconozco)…

Sin duda, la conducción es una de esas actividades que uno corre el riesgo a desatender si se intenta compatibilizar con el invento de Bell. Sobre todo si se hace de forma que requiera el uso de las manos, que deben estar en todo momento pendientes de controlar el vehículo.

Aunque hoy no quiero entrar en ésto. Porque imagino que a estas alturas ya tenemos todos bastante claro el riesgo que representa. Quien lo sigue haciendo, a riesgo de su vida y la vida de todos, difícilmente va a entrar en razón con lo que yo diga, que nunca será más acertado que todo lo que ya han dicho mis compañeros sobre el tema.

Hoy, lo que quiero recalcar es lo que decía al principio: dos no hablan si uno no quiere. Es más, dos no hablan si uno no puede. Porque estar conduciendo significa eso, estar ocupado en algo que hace recomendable prescindir del móvil. Incluso si se dispone de manos libres, debería reservarse para las situaciones excepcionales, y siempre el menor tiempo posible, no estamos en situación de charlar.

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Lo que siempre me ha parecido más curioso del asunto es que atender al dichoso ring ring se ha convertido prácticamente en una obligación social. Si no lo haces, incluso puedes llegar a ganarte una reprimenda la próxima vez que veas a la persona en cuestión.

Me es difícil imaginar otra situación en que se espere de nosotros que detengamos nuestras vidas para atender a otra persona en el momento en que ella lo desea. Por ejemplo, si yo quiero ir a comprar un libro, esperaré al horario de apertura de la librería. Si se me antoja comprarlo en domingo, me tendré que esperar. Ahora bien, si tengo el teléfono de un amigo, puedo llamarle cuando quiera; cualquier día, a casi cualquier hora.

Además, la reacción natural ante una llamada no contestada es… ¡llamar otra vez! Quizá la segunda vez tiene algo de lógica, quizá no he tenido tiempo de encontrar el teléfono en la enorme profundidad del bolsillo de mi pantalón (en esto, las señoritas tienen más excusa).

Pero a partir de la quinta vez quizá es hora de pensar que si no lo cogo es por algún motivo. Y lo más probable es que ese motivo tarde un rato en cambiar. Así que las reiteradas llamadas parecen fútiles. Sobre todo, teniendo en cuenta que los móviles modernos registran las llamadas perdidas, así que ya te devolveré la llamada cuando pueda.

Y si a la segunda o tercera contestas, aún es peor: «ahhh, no me lo querías cojer>». A mi me ha pasado alguna vez, conduciendo en una carretera sin posibilidades de parar a contestar hasta al cabo de un rato (no, en el arcén no me vale; tuve que esperar hasta llegar a una vía de servicio con plazas de aparcamiento).

En definitiva, que no pasa nada si suena el teléfono y no lo cogemos. No estamos obligados, ni al volante ni en ningún otro sitio. Si lo queremos coger, paciencia. La carretera es un lugar donde hay que estar atentos, pero tarde o temprano siempre nos acaba ofreciendo un lugar donde hacer una parada de forma segura para ver quien era y devolver la llamada.

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Tampoco quiero criminalizar a las personas que llaman a conductores. Al fin y al cabo, el gran defecto de la comunicación a distancia es que, por su propia naturaleza, no puedes saber si el otro está en condiciones de coger la llamada o no. De hecho ese es el motivo de que exista el timbre; si no fuera así, probablemente el teléfono se activaría automáticamente en cada llamada.

El mínimo exigible a quien marca un número es, si lo sabe (o lo intuye), que no llame. Es decir, tener en cuenta el conocimiento sobre los horarios de la otra persona. Por ejemplo, si sabemos que fulanito de tal sale del trabajo a las cinco de la tarde, y tarda unos cuarenta minutos en llegar a casa; quizá sea recomendable no llamarle hasta las seis (por eso de dejar un margen de seguridad). De ahí el título de este artículo.

Ah, para terminar… si alguna vez estamos hablando con alguien mediante el teléfono móvil y nos enteramos que lo hace conduciendo, siempre está en nuestra mano colgar. Lo que demuestra que todos podemos poner nuestro granito de arena en pos de la seguridad vial, incluso estando lejos de la carretera.

Fotos | Dominio público, ximenacab, Lord Jim

  • Buenos días, al menos por acá.
    Trabajo en seguridad vehicular y estoy ocupado, mas que preocupado en el asunto.
    Por aquí esta muy difícil, sobre todo corregir el uso de Celulares durante la conducción de vehículos, las políticas existen pero son extremadamente frágiles y vulnerables, y como el cambio de costumbres implica un cambio cultural en los pueblos, la tenemos difícil.
    Personalmente lo comparo con el tabaco, después que nos dijeron por años, que es rico, eleva el estándar, resulta atractivo y varonil, representa aventura, libertad, y todo lo mas, después en la soledad resulta que te puede matar y de cáncer. Pensemos en las publicidades de celulares.
    Voy al punto, creo que tecnológicamente las empresas pueden fácilmente instalar dispositivos que bloqueen o perturben la señal mientras el vehículo este en movimiento, o incluso que remitan un mensaje, bloqueando así, la posibilidad de interferir la atención sobre el manejo de vehículos, ¿por que no se hace? Por lo que todos suponemos, por lo mismo que no existe un fabricante de automóviles o motocicletas que diga en su publicidad, “Atención!!! que esto mata fácilmente”, “Atención!!! que las velocidades superiores a 30 km/h, son contraproducentes para los seres humanos”, “Atención!!! que las leyes físicas indican claramente que usted no podrá modificar nada a partir de cierta velocidad”, “Atención!!! Que es necesario un entrenamiento teórico y practico adecuado antes de su utilización”, etc., etc. Porque es anti comercial y punto.
    Nadie duda de la eficiencia y del estándar de seguridad del sistema Sueco, sin embargo ni ellos pueden lograr la no utilización del celular en automóviles, porque la marca líder de ese país no solo contribuye con dinero al sistema de seguridad vial, además es parcialmente del estado Sueco y punto.
    Considero que únicamente se podrá hablar en serio de estos temas, cuando los gobiernos tomen a los fabricantes de vehículos y comiencen a cobrarles de alguna forma, toda vez que permitan que algo interno o externo, pueda interferir negativamente en los estándares de seguridad de los vehículos que venden, léase agregados inseguros, porque hablamos del celular y que tal los GPS, y los posavasos a bordo, las heladeras portátiles, los equipos de música de 1000 W. Ustedes que seguramente pueden, trabajen desde la anticipación igual que en la conducción eficiente de vehículos y que los fabricantes de vehículos no instalen o no permitan que funcionen cosas que interfieran con la seguridad vehicular . Aquí todavía estamos muy lejos, aun hoy y a pesar de que la legislación Argentina y la Mercosur es muy clara al respecto, la mayoría de los fabricantes de vehículos de origen Europeo siguen entregando vehículos de todo tipo sin cinturones de seguridad en asientos traseros y/o sin apoyacabezas y otras cuestiones que como mínimo intentan echar por tierra, la dedicación de quienes venimos desde hace tiempo y de forma privada tratando de modificar culturas nefastas para la seguridad vehicular, con mucho éxito, pero dentro del ámbito de empresas privadas, que es solo un granito de arena.

    Saludos cordiales, Guillermo Arnaldo Álvarez Sottana

  • Un punto básico es acostumbrar a nuestros contactos más habituales a entender que si no les cogemos el móvil… es que no podemos. Sin más. 🙂

  • #2 Josep, el problema no son los más habituales, estos hasta cierto punto se pueden acostumbrar y adaptar. Lo malo son los menos habituales, que a veces llaman y llaman hasta que te dan ganas de tirar el móvil por la ventanilla, o los teleoperadores que te molestan para tocarte los hu–s con un asco de oferta.

    Yo pienso como dice #1 gaas, que podían poner en los teléfonos móviles un estado en el que si te llaman alguien, el celular inmediatamente le cuelgue y le mande un sms diciendole no puedo cogerlo, estoy conduciendo, ya te llamaré más tarde. Así el conductor no es molestado.

    Un saludo.

    Pd: Jaume no es tan malo el chiste jejeje.

  • pep

    Jaume plas pla plas ….mas acertado dificil!!!

    En su dia ya dije en un blog hermano o aqui que incluso es tan peligroso marcar o coger con la mano el movil que atenderlo con las manos libres. Hay evidencia cientifica que lo demusetra (por tomografia de emision de positrones c erebral si vamos a por todas).
    en ellas se ve como cuando se atiende al movil se desplaza actividad cerebral necesaria para conducir a otras zonas …
    pero bueno no hace falta ensayo cientifico…cualquiera sabe (por desgracia) que estar hablando por el manos libres puede hacer que te saltes un semaforo en rojo perfectamente o que estar demasiado atento a nuestro copiloto tambien …acordaos lo que ocurre cuando os llevan media hora hablando en el coche sobre temas X, si lo haceis bien…quedais FATAL con el de vuestro lado diciendo aquello de = aja, aja ,aja…de que hablabas???(en resumen zapatero a tus zapatos)…no solo el movil ok?
    cortar la conversacion por movil es un acto socialmente inaceptable (de ahi que sea igual de arriesgado habalr con vuestro jefe por el manos libres) pero deberia importar un huevo de pato cunado hay tanto en juego sobre el asfalto.

  • pep
  • pep
  • #3: En caso de teleoperadores, yo lo tengo clarísimo. A la que veo “Número privado” o una ristra de números más larga que la mili de Rambo (sintiéndolo mucho por el currante que está al otro lado y no tiene culpa alguna) le doy un toque al botón rojo y a correr. Y en el caso de gente poco allegada, en cuanto me entero de quién es mi interlocutor se lo digo abiertamente: “Oye, mira, no te puedo atender, que estoy conduciendo”.

    Y sobre lo mal que queda colgarle a alguien el teléfono… queda peor pegarse una nata por ir distraído, así que… 🙂

    Pero sí, supongo que lo suyo sería que el mismo teléfono se dedicara a hacer este paso, simplemente con ponerlo en modo “Car”.

  • pep

    dios quien entre conmigo de copiloto en el coche va a pensar que igual soy un tipo raro al que de repente al subir a un vehiculo le cambia el caracter volviendose arisco y huraño completamente…pero bueno ya se lo advierto antes de entrar.

    por cierto no valen comentarios como: claro Pep es que no te das cuenta que eres un tio? …ya sabes 2 cosas a la vez…No por fa no… ;-]