¿Serviría de algo señalizar los puntos negros?

Puntos negros

Con cierta frecuencia se cita como ayuda provisional contra la siniestralidad la señalización de los puntos negros de la vía, unos 900 en toda España, con el fin de advertir a los conductores de que en esos tramos se concentran más colisiones que en otros lugares de la red viaria del país. “Ya que no lo arreglan, al menos que avisen”, suele ser el argumento de quienes defienden esta medida.

No está mal como idea. Incluso se puede aplaudir la iniciativa de aquel ciudadano riojano que llegó a diseñar una señalización para los puntos negros de la carretera. Sin embargo, y dejando de lado que la medida no sería más que un parche que no soluciona nada en realidad, en ocasiones uno se pregunta por la verdadera efectividad del aviso.

Lo explico con un paralelismo. Hace unos meses que la carretera que comunica la población donde resido con el mundo civilizado está en obras. Supongo que quieren eliminar un montón de curvas que hay esparcidas a lo largo del trayecto. El caso es que los carriles, dos por sentido, están reducidos en anchura, hay líneas amarillas mezcladas con los restos de las marcas blancas originales y barreras móviles rojas y blancas por todas partes. La velocidad máxima establecida para la vía es de 100Km/h, limitada en algunos tramos a 80Km/h, y en la actualidad ha sido reducida a 60Km/h.

Si normalmente la carretera ya tenía su intríngulis, ahora se ha transformado en un un verdadero campo de minas. Ni corto ni perezoso, hago una prueba muy sencilla cuando paso por ahí: conecto el control de crucero del coche y lo fijo a 60Km/h. ¿Resultado? Todo el mundo se me echa encima y me adelantan como sea. Y cuando digo “como sea” me refiero a todo tipo de vehículos pegados a mí cuyos conductores no dudan en pegar un volantazo para cambiarse de carril y salir disparados.

Poco importa que haya una curva detrás de otra, que los carriles se estrechen y se ensanchen cada dos por tres. Poco importa que haya todo tipo de maquinaria y de obreros trabajando junto al borde de la carretera. La gente pasa igualmente a toda castaña. En las últimas semanas he presenciado tres siniestros graves, con camiones rígidos volcados y algún que otro tráiler que ha acabado atravesado y haciendo equilibrios sobre la mediana de la carretera, una barrera New Jersey que quedó destrozada.

Por eso cada vez que pienso en los lugares donde se concentra la siniestralidad me asiste una duda: ¿Serviría de algo señalizar los puntos negros? Quiero creer que sí, que los conductores agradecerían el detalle y que actuarían en consecuencia, aumentando puntualmente su nivel de atención y disminuyendo la velocidad para mantenerse a la expectativa. Eso quiero pensar, pero lo que veo a diario me dice que el exceso de confianza, la vanidad y una especie de gusto por contravenir la norma haría que las señales se convirtieran en mudo testigo de una realidad que no variaría.

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