Señalización excepcional para impactar al conductor en casos extremos

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A lo largo y ancho de la red viaria española existen muchos tramos difíciles, algunos poco seguros, otros en los que el riesgo aumenta considerablemente si no hacemos caso de la señalización presente. Hablamos el otro día de los túneles (sí, esos que están señalizados convenientemente) y de cómo muchos conductores no hacen caso de las señales. A veces pueden estar menos visibles, sobre todo cuando hay poca luz o algún fenómeno meteorológico que afecte a la visibilidad. Otras veces el conductor no presta atención, o considera que “no hay para tanto”.

Para los casos de peligro real, constante y reiterado, las iniciativas populares o extravagantes suelen tener mucho impacto en el conductor. Es lógico que cuando nos encontramos una señalización excepcional, fuera de lo común, prestemos más atención a lo que estamos haciendo, y precisamente eso es lo que se consigue con los dos ejemplos que vamos a comentar: una cortina de agua iluminada, y unos muñecos espanta-atropellos muy curiosos, a la par que aparentemente efectivos.

¡Presta atención!

La presencia de una señal de tráfico no nos garantiza que el conductor vaya a prestar atención a lo que pase después. O más bien, es de suponer que los conductores atendemos a todas las señales, pero nadie garantiza que, efectivamente, esa atención sea completa. Y por eso ocurren problemas. Sin embargo, si nos encontramos de sopetón con una cortina de agua iluminada en la que se proyecta una señal de STOP gigante, ¿cómo se nos va a pasar desapercibida? Esa es la solución al problema del exceso de gálibo en un túnel de Sidney.

Las autoridades locales, hartas de las continuas colisiones por exceder la altura del propio túnel, pensaron en este sistema que despliega una cortina de agua en el momento en que se detecta un vehículo que exceda las medidas permitidas en el túnel, de forma que el conductor vea “de un golpe” que no puede circular por el túnel bajo ningún concepto. Intuitivamente, podemos pensar que efectivamente ningún conductor se saltará ese singular STOP: la realidad es que hay de todo en esta vida. Pero al menos están muy bien avisados. Se supone que el sistema estará pensado para no sobresaltar a los conductores, en cuyo caso sería peor el remedio que la enfermedad.

El otro ejemplo que traemos hoy sirve para avisar a los conductores que pasan por determinado tramo de carretera del riesgo de atropello que existe en la zona. Esto ha salido de una necesidad clara y por iniciativa de la asociación vecinal Gaminiz Bizirik, cuyos miembros residen en Plentzia y Gorliz, y están cansados ya de los continuos incidentes y atropellos en la zona, principalmente relacionados con el consumo de alcohol y la conducción imprudente.

Las improvisadas señales consisten en “cinco muñecos [fabricados] con trapos, ropa vieja, palos y otros materiales, a quienes han dotado de llamativos carteles que advierten del riesgo de arrollamientos. Vestidos con pijamas y otras prendas y con la cabeza cubierta por gorras y sombreros, los han colocado en diversos puntos de la carretera denominada Mungia Bidea“. La función que cumplen es la de impactar al conductor (imagino que debe ser muy efectivo encontrarse con un espantapájaros tan llamativo), pero también dar un toque de atención a las autoridades y conseguir que se cumplan las demandas en favor de la seguridad de la zona, por ejemplo en cuestión de una mejor iluminación.

Ambos ejemplos me parecen sobresalientes en el sentido de que, realmente, se está luchando por mejorar en seguridad vial, y además en dos bandos muy diferenciados: el primero, desde las autoridades; el segundo, desde los vecinos. Todos somos protagonistas, a diario, de la seguridad vial de todos. Lo que no es de recibo es que ante la accidentalidad (peligrosidad o como queramos denominar a una situación de riesgo determinada) en algunos puntos de la red viaria se detecte pasotismo o desidia en algo tan fundamental como poner solución al peligro.

Iniciativas como estas demuestran que, cuando se quiere, se puede.