Semana Santa 2010, inflexión y reflexión

Números

Por lo general, en esto de la *siniestralidad vial* no soy demasiado amigo de hacer números, ya que entiendo que cuando hablamos de fallecidos y de heridos en la carretera estamos hablando de vidas y que por lo tanto *un solo muerto es demasiado*. Yendo un poco más allá, no le veo demasiado sentido a hablar de _buenos números_ mientras haya todavía tanto sufrimiento esparcido por los arcenes de nuestras vías en forma de ramos depositados para marcar el punto de una tragedia humana.

Y menos amigo soy todavía de hacer números cuando los guarismos son tan pequeños como para que una unidad arriba o abajo desvíe mucho las tendencias generales, pero a unas horas de resolver por completo la *Semana Santa* en toda España, parece ya un hecho que hay motivos para una seria reflexión porque al menos de momento y como mínimo *se ha estancado la tendencia a la baja en la siniestralidad vial* en España.

Lo dicen las cifras provisionales que se manejan ya por ahí, que a estas horas apuntan a un *posible remonte suave de la mortalidad vial* en relación con el mismo periodo del mismo año, y lo afirman los pequeños hechos de los que se compone el retrato de la realidad vial de estos días, con un repunte de los positivos en alcoholemia detectados en Galicia e incluso con nuevos récords de velocidad detectados por radares en Málaga.

*Cambio de ciclo*, pues, en un contexto de crisis como el actual que por lógica matemática debería apuntar hacia la baja, ya que una economía en horas bajas supone un menor número de desplazamientos en vacaciones. Bien, pues a pesar de todos estos pesares los resultados son los que son.

¿Dónde está el problema? ¿Cuáles son las razones de este estancamiento? ¿Acaso hemos llegado a nuestro punto mínimo posible en materia de mortalidad vial? Imagino que a estas horas *las ideas deben de estar fluyendo libremente* en los despachos de la DGT mientras de cara a la galería se nos dirá que no hay para tanto, pero sí que lo hay, por supuesto que hay para tanto.

Hay para tanto porque *tenemos recursos suficientes* como para que la siniestralidad descienda *a golpe de amenaza* y no parece que el remedio surta efecto sobre la herida. Hay para tanto porque cuando se ha concedido pleno crédito a una política de mejora de la seguridad vial lo único que moralmente se puede exigir es que los logros rocen la *siniestralidad cero*. Hay para tanto porque en todo este tiempo no se ha concedido la atención suficiente a la *reeducación sistemática de la sociedad*, y sí a la persecución de los conductores. Por todo eso este punto de inflexión marca lo que debería ser una profunda reflexión entre los responsables de nuestra situación, desde el chaval que irrumpe en mitad de la calzada subido a un patinete pasando por el conductor que elige beber antes de conducir hasta el director de la DGT, que se encoge de hombros cuando le preguntan *hasta cuándo seguiremos cosechando víctimas del asfalto*.

Foto | procsilas