¿Seguro o aprensivo? Ni tanto ni tan poco

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Llevo ya un tiempo escribiendo sobre Seguridad Vial y me doy cuenta de que a diario veo la vida con esas gafas. Llego a evaluar cada cosa que veo, cada acción y cada situación otorgándole una puntuación en mi escala particular de “seguritis”. Puede que eso se traslade a estar más encima del detalle, en definitiva a ser un pesado que no deja de aleccionar por todo.

A veces pienso en la frontera que hay entre conducir seguro y conducir con aprensión. No soy psicólogo, pero creo que a veces el miedo puede camuflarse de prudencia, y es entonces cuando el peligro se destapa y se hace real, desgraciadamente.

Porque, ¿qué diferencia hay entre ser prudentes y tener miedo? Creo que muy poca. Dar la murga a diario con que “las imprudencias se pagan“ es necesario, pero corremos el riesgo de ser demasiado vehementes, demasiado insistentes… o de llegar a alguien entre la audiencia que pueda interiorizar esas advertencias en la forma de miedos e inseguridades.

La hipocondría me parece (por favor, no me juzguéis, siempre puede haber alguien en el respetable que me ayude con este tema, y que me corrija si me equivoco) que puede ser fruto de un exceso de control y de información. Demasiada protección es más bien contraproducente, hasta una vacuna en dosis excesivas es dañina.

“Cuando yo era pequeño me arrastraba por los parques, tocaba perros y otros animales extraños, me mojaba en los charcos y mil cosas más, pero apenas enfermé”. Hoy, veo mil anuncios que nos enseñan que el mundo es el peligro máximo para nuestros hijos, y nos recomiendan la sobreprotección. Pero en realidad la sobreprotección puede derivar en debilidad y dejarnos desvalidos.

Para mi pasa lo mismo en los temas de seguridad vial, y que pueden corregirse, como casi todo en la vida, con educación. Educación vial, educación del sentido común (¡Oh, utopía!), mesura, moderación, perspectiva. Sirva este artículo para reivindicar la prudencia y recordar que también debemos luchar contra la aprensión y el miedo, ese miedo que nos puede dejar paralizados y desvalidos ante un imprevisto en la carretera.

  • escargot

    Pues sí, hay que tener cuidado porque el límite entre el control y la obsesión puede llegar a ser muy difuso. Y en la carretera lo mejor es que todo sea lo menos difuso posible.

    Los sistemas de seguridad están allí por si falla todo lo demás, y ahí estamos nosotros para evitar que lo demás falle. No vas a subirte al coche cada vez pensando que te vas a dejar los cuernos en una curva sino que tendrás el coche a punto para que responda bien, irás prestando atención para reaccionar ante lo que sea y, si toca, reaccionarás. Y si la reacción no sirve de nada entonces es el turno de todo eso que parece que esté ahí para recordarnos que nos la podemos pegar en cada viaje.