Sanciones en Finlandia: del afán recaudatorio a la redistribución de la riqueza

Límites de velocidad en la frontera entre Finlandia y Rusia

111.888 euros. No, no es un número de atención teléfonica. Es la cantidad que deberá pagar un conductor finlandés por un exceso de velocidad. La vía estaba limitada a 60Km/h y el hombre pasó por allí a 82Km/h. Sucedió en la seguramente bonita ciudad de Siilinjärvi, en el centro de aquel país que exporta teléfonos móviles a todo el mundo.

La nota de prensa me ha dejado boquiabierto. Luego, leyendo un poco más, me entero de que el conductor sancionado es multimillonario, y que en Finlandia se bareman las multas graves en función de las posibilidades económicas del infractor. Pero ocurre también que en materia de velocidad la tipificación de “gravedad” se fija en 20Km/h por encima del límite. Total, que si el conductor sancionado hubiera circulado a 80Km/h, la sanción se habría quedado en 115 euros.

Y aquí se abre el debate: ¿Es esto afán recaudador o se trata de un modelo de redistribución de la riqueza?

Aportemos algún dato más. Como se aprecia en la imagen de cabecera, en Finlandia existen sólo dos límites genéricos, y no cuatro como sucede en España: 50Km/h para la circulación en poblaciones y 80Km/h en vías interurbanas. Por tanto, el exceso de 22Km/h por encima del límite de 60Km/h supone además un exceso de 2Km/h por encima del máximo límite genérico previsto en aquel país.

Y el conductor sancionado dice que no es para tanto. Ah, pero él no se refiere al exceso de velocidad. Eso lo haríamos nosotros, que tenemos la conciencia tranquilísima por ir a 150 en una autopista limitada a 120. “No es para tanto”, decimos, ajenos a la realidad que nos marca la Física con su inapelable relación entre energía cinética, masa y velocidad.

Supongo que ese “no es para tanto” que niega la evidencia de la Física carece de sentido en un país como Finlandia, así que la apelación del conductor se refiere a la riqueza que le atribuyen. El hombre declaró en 2007 unos ingresos de casi 9.000.000 euros por la venta de una empresa, pero él sostiene que aquella situación económica no se corresponde con la actual. Total, que no está dispuesto a soltar ni un euro de más. Al final, esto huele a regateo de mercadillo callejero, la verdad.

No nos engañemos. Esto es lo que sucede cuando concentramos tanta atención en torno al procedimiento sancionador. Lo que se refiere al bolsillo es negociable. Y más, cuando la sanción mueve dinero a mansalva. Al final, ¿qué es lo que importa? ¿Que el conductor circulara a una velocidad peligrosa para la zona o que se resienta su economía? Un señor que presuntamente atesora una fortuna, ¿aprenderá a respetar estrictamente las normas por el hecho de que le quiten una parte de su patrimonio?

Y aquí, ya que nos gusta importar sistemas de otros países aunque nuestras bases sociales y educacionales disten años luz, ¿copiamos el modelo finlandés?

Vía | Diario de León

Foto | Flickr (timo_w2s)

  • A mi me parece que las multas debieran tener correlación con el patrimonio de una persona: no es lo mismo que robe pan un pobre que un rico.

  • ¿Y eso ayudaría a reducir las infracciones y la siniestralidad?