Resaca y conducción

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El peligro del consumo de alcohol no sólo es inmediato. Si su consumo es excesivo es posible que al día siguiente nos visite la temible resaca y que nuestro cuerpo siga sin estar en las mejores condiciones para ponerse al volante. También existe la posibilidad de que en función de las horas de descanso podemos tener restos de alcohol en sangre, aunque éstos sean dentro de los parámetros legales.

Seguro que a muchos de nosotros nos resultan familiares. Los sintomas incluyen dolor de cabeza, sed, fatiga, naúseas, alteraciones visuales-espaciales, temblores, falta de atención o de apetito. Todos ellos, síntomas hacen que cualquier tarea, por muy simple que ésta sea, se convierta en una acción mucho más costosa. En el caso de la conducción, actividad que no podemos incluir dentro de las tareas simples, estos efectos secundarios nos pueden hacer conducir hasta cuatro veces peor.

En lo que si podemos hacer comparaciones entre conducir bebido o conducir con resaca es en la capacidad percibida por parte del conductor. Tanto bebidos como “resacosos” el conductor no es consciente de que su aptitudes se han visto reducidas, convirtiendose en una amenaza potencial para la seguridad vial.

Un último estudio de la Universidad de Brunel, Inglaterra, destaca que con resaca se tiende a aumentar la velocidad media y se sobrepasan los límites de velocidad. Además se aumentan el número de infracciones por no respetar semáforos o stops y resulta más complicado circular sin pisar las líneas que delimitan los carriles.

Vïa | Revista Tráfico
Foto | ADN