Reino Unido hará sus radares más transparentes

Radar britanico

Uno de los países donde más aficionados al automóvil tiene un límite genérico de 112 km/h y una auténtica plaga de radares. Los cinemómetros, dependiendo de dónde se coloquen, pueden tener una función más recaudadora, más útil o favorecedora de la seguridad.

Para abril, los ciudadanos británicos podrán tener información pública sobre cada radar de velocidad. Por ejemplo, podrían saber cuántos accidentes hay en su entorno, las velocidades medias de paso e incluso el número de conductores sancionados por exceso de velocidad en ese punto.

Esa información servirá para saber hasta qué punto es útil un radar ahí o no. Por ejemplo, un radar que no contribuya a reducir los accidentes en la zona y que en cambio cace a muchos conductores, puede no estar colocado en el mejor sitio. También está el caso inverso.

Radar español

En nuestro país hay una enorme polémica sobre dónde colocar los radares. La mayoría de la gente los quiere en los puntos negros, de modo que “ni el tato” tenga la opción de tener un accidente donde aparentemente no pasa nada y aparentemente el límite es “violable” sin consecuencias.

Caso típico es el de la A-2 a la altura de San Fernando de Henares, sentido Barcelona. Una curva peligrosa, limitada a 80, era una trampa mortal para mucha gente que se veía sorprendida por el trazado de la curva. Desde que hay un radar ahí, no he visto ni un solo golpe en ese sitio.

Por el lado opuesto tenemos un radar colocado en pendiente negativa, donde es fácil que un conductor distraído tenga el coche embalado y supere el límite de velocidad por muy poco. Mucha gente tilda esa colocación de recaudadora, porque no colabora en la seguridad pero genera dinero para las arcas públicas.

Radar britanico

Estoy absolutamente convencido de que los radares no son un problema para quien está acostumbrado a respetar los límites de velocidad. En mi caso personal, solo me preocupo de dónde está un radar si sé que voy por encima del límite de forma voluntaria, porque siempre sé a qué velocidad circulo. Si no, me es indiferente.

La DGT pone como factor concurrente en muchos accidentes la distracción. Por lo tanto, quien es pillado por un radar a 132 km/h, por ejemplo, no es que vaya demasiado deprisa (zona 120), pero sí va algo distraído o poco pendiente de la velocidad. Podemos entender que esos radares también multan la distracción.

De todas formas creo que estaría bien una política informativa como la de Reino Unido, y saber qué radares están bien colocados. Las asociaciones de conductores y autoclubes suelen quejarse de que hay radares que, por el lugar donde se han puesto, no ayudan a la seguridad vial, solo recaudan.

Mini pillado por radarEl radar es una forma psicológica de modificar la actitud de un conductor. Si el riesgo del tramo es despreciable para él, la posibilidad de recibir un “mordisco” de 100 euros sí le preocupa. Es decir, pensamos con el bolsillo, y los radares atacan directamente a esa vulnerabilidad psicológica.

Eso solo tiene sentido para quien su poder adquisitivo se merma de forma apreciable, pero quien tiene una renta muy alta, se puede limpiar sus sudores con multas de 100 euros. La pérdida de puntos ya es algo más preocupante, a veces no lo suficiente. Para un mileurista, es el 10% de sus ingresos mensuales.

Poco a poco nos acostumbramos a convivir con estos agentes electrónicos, que solo multan al que va más rápido de la cuenta, o al que no se ha percatado de una limitación (por desobediencia o falta de atención). Ya no caen en los radares ni el 1% de los conductores, según las propias estadísticas de la DGT.

Fotografía | Amanda Slater, Javier Costas, Dave Bleasdale, Danny Sullivan