Reducir los fallecidos en las carreteras secundarias no sólo pasa por meter miedo a los conductores

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Con unas autopistas en las que parece que se ha controlado más o menos el número de fallecidos (al menos a ojos de la Administración), desde hace años el grueso de las campañas y el control ha pasado a las carreteras secundarias. Por definición son las carreteras más propensas a que haya un accidente y que además, éste sea de consecuencias más graves: no hay separación entre los carriles, conviven todo tipo de usuarios y vehículos, cuentan con cruces y márgenes con obstáculos, etc.

La solución desde el Ministerio del Interior pasa por un férreo control, sobre todo de velocidad, para que nadie se desmadre. En breve (ya no sabemos ni el tiempo que llevamos diciendo esto) se implantarán los nuevos límites de velocidad más bajos que pretenden disminuir el número de accidentes. Pero la solución no sólo pasa por prohibir y multar sino en trabajar y mejorar al unísono todos lo puntos que confluyen.

Dice el sabio refranero español que Muerto el perro, se acabó la rabia. Y es cierto, pero no es la solución ni mucho menos. Es por ello que la Asociación Española de la Carretera (AEC) ha puesto de manifiesto la necesidad de un plan nacional de Seguridad Vial para carreteras convencionales que mejore la seguridad en las mismas.

Los pilares básicos de este plan se sustentan en tres líneas estratégicas: reducir el riesgo de accidente debido a las características de la vía y su entorno, crear un entorno más seguro para la coexistencia de tráficos heterogéneos y controlar el cumplimiento de las normas.

Con ello se podría crear un entorno más seguro y homogéneo para todos los usuarios que podría evitar la muerte de hasta el 25% de los fallecidos (unas 235 personas según datos del 2014) e incluso llegar hasta los 585 fallecidos menos en el mejor de los casos, sólo con tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Programa de “carreteras que perdonan” los errores de los usuarios: refuerzo de la señalización, adecuación de trazados, implantación de sistemas de alerta de peligro, eliminación de obstáculos en los márgenes, reducción de pendientes laterales y, en su caso, instalación de sistemas de contención apropiados para todos los usuarios.
  • Inspección de seguridad vial de todas las intersecciones de la red viaria convencional, a fin de mejorar accesos, señalización y visibilidad, y optimizar pendientes.
  • Construcción de “carreteras 2+1”, en las que cada sentido de circulación alterna la existencia de un carril adicional durante un número determinado de kilómetros, eliminándose el choque frontal como consecuencia de adelantamientos y reduciéndose el riesgo de impacto frontolateral.
  • Reducción de los desplazamientos nocturnos de peatones, proporcionando alternativas de transporte y realizando una fuerte labor de difusión y concienciación, sobre todo en los municipios más pequeños.
  • Diseño de itinerarios seguros para ciclistas, a fin de que puedan circular en carreteras con un arcén de anchura suficiente.
  • Restricciones a la circulación de vehículos pesados en determinados tramos de carreteras convencionales con problemas de accidentalidad, siempre que exista una alternativa de alta capacidad. Desde el pasado 6 de julio entro en vigor de forma voluntaria el desvío del tráfico pesado, algo que según la AEC debería ser obligatorio con el fin de mejorar la seguridad.
  • Aumento de la presencia policial en las vías convencionales de forma aleatoria, con el propósito de evitar conductas recurrentes de incumplimiento de las normas al tiempo que se consigue el máximo aprovechamiento de la tecnología móvil de control de velocidad.

Pero claro, en este caso debería haber una clara predisposición tanto de parte del Ministerio de Fomento como del Ministerio del Interior de buscar soluciones alternativas, en las que todos debemos arrimar el hombro, desde nosotros como conductores a ellos como entidad que vela porque todo esté correcto. Bonita utopía.

Vía | Mutuamotera