
La conducción de un vehículo, además de los conocimientos teóricos y prácticos, requiere ciertas aptitudes psicofísicas. Digamos que son las condiciones físicas y clínicas exigidas por los Centros de Reconocimiento de Conductores para obtener o prorrogar el permiso de conducir. En dicha revisión se comprueba, además del estado de salud, la capacidad auditiva, la coordinación motora y sensorial.
Pues bien, uno de los requisitos más influyentes en la tarea de conducir es la capacidad visual, es decir, la acción y efecto de percibir el conductor, a través de la vista, el entorno que le rodea. Además de la atención permanente en la conducción, todo conductor, tiene que saber seleccionar los mensajes externos que le llegan, darle su importancia e interpretarlos acorde a su experiencia.
El tiempo que tardamos en reaccionar o la ausencia de maniobra evasiva son algunas de las causas que directa o indirectamente influyen en los siniestros con ocasión del tráfico. La respuesta ante una situación de riesgo al volante va a depender de cómo ésta sea percibida. De ahí la importancia de la percepción subjetiva y real de que dispone el conductor en la fase previa al conflicto.









