¡Quiero conducir, quiero vivir!

¡Quiero conducir, quiero vivir!

Al volante ni una gota de alcohol. La carretera te pide sin. El casco te salva la vida. En la carretera no vas solo. Levanta el pie. Hay muchas razones para ponerse el cinturón de seguridad. Así no vamos a llegar nunca. Si bebes no conduzcas. No podemos conducir por tí. Hazlo por ellos. Átate a la vida.

Todas las frases que he escrito antes tienen algo en común: han sido eslóganes publicitarios de campañas llevadas a cabo por la Dirección General de Tráfico. Algunas eran mejores y otras peores, en cuanto a diseño, dinamismo y movilización de masas. Otras han calado algo más profundamente y algunas han pasado desapercibidas o han sido un cachondeo total. Lamentablemente hacer campañas de semejante envergadura sólo está en manos de alguna institución importante y, quienes tienen el capital para ello y no son ninguna institución no se molestan en hacerlas.

Sí que es cierto que de un tiempo a esta parte estamos viendo más movimiento social: bodegas, compañías de seguros, industrias diversas… sin embargo la DGT tiene un problema importantísimo a la hora de concienciar y llegar a los conductores, y es que está totalmente desacreditada. Su falta de conocimiento respecto al mundo real y lo que sucede en las carreteras y una política que se concibe (quizá no tan erroneamente como quisiéramos) con el afán recaudatorio provoca que la inmensa mayoría de conductores ignoren sus consejos, aún cuando estos son realmente buenos.

Pero hay una campaña muy especial de la que no se hacen eco los grandes medios de comunicación. La radio no habla de ella y la DGT la ignora, aún cuando podría convertirla en un mensaje de esos que recuerda cualquier generación. Se trata de la campaña que ha lanzado Flor Zapata Ruíz, la madre de Helena.

Helena Castillo tenía veinte años y una vida feliz. Una tarde de 2005, concretamente el 17 de Abril un conductor borracho embistió el renault clio en el que viajaba acabando con su vida por politraumatismos y dejando herido al novio de la chica. Ahora, tres años después, Flor Zapata publica en su blog las notas sobre el juicio que ha tenido lugar al respecto y hace pública la sentencia, mostrando su desacuerdo e informando del recurso impuesto. Al mismo tiempo un puñado de diarios virtuales que se hacen eco de la seguridad vial lanzaban, a título personal, una campaña de apoyo a una mujer que se lo merece todo.

Tras la muerte de su hija nuestra amiga sucumbió a la depresión. Aconsejada por un buen profesional que no sólo la hizo el favor a ella, sino que nos lo hizo a todos, Flor comenzó a escribir sus pensamientos en la red. Su intención era llegar a nosotros los jóvenes y concienciarnos. Eso desencadenó hace cosa de un año la impresión de unas 2000 pegatinas con el dibujo que encabeza este escrito. Estaban destinadas a quienes las quisieran. Era una campaña personal, altruista, con afán educativo, informativo y reivindicativo. Un homenaje a una persona que murio, como muchas otras tristemente, por culpa del alcohol que no bebió. Las pegatinas se agotaron.

 

Pegatina de Helena

 

Este año Flor ha recibido eso que llaman compensación económica por el fallecimiento de su hija. Ese dinero que a una madre debe quemarle como si fuera hierro fundido. Lo ha invertido en la impresión de nuevas pegatinas y ha vuelto a anunciar que quien las quiera, puede solicitarlas y colocarlas en su coche. Yo le hice un pequeño pedido, para mí y para los vehículos de la autoescuela en la que he trabajado hasta hace muy poco tiempo. En cada moto, trailer y autobús, así como en los coches de empresa de cada compañero luce hoy por hoy una pegatina con el lema que Flor Zapata ha querido enviar y con la firma de Helena en su interior. Dice su madre que ese es el mensaje que ella nos habría enviado; el mensaje que se leía en sus ojos cuando decía «tengo mono de Clío».

Yo no sé muy bien como funciona eso del marketing y la publicidad, ni conozco qué campañas van a ser un éxito y cuales van a fracasar. Pero reconozco las que me llenan y las que me parecen sinceras. Lo normal es que la gente se eche para atrás ante el lema ‘¡Quiero conducir, quiero vivir!‘. Esta sociedad desentimentalizada en la que vivimos carece de valor para enfrentarse a los cánones marcados. «¡Que cursi!» he oído más de una vez. Luego, cuando les haces saber de donde viene… callan, piden pegatinas o bajan la cabeza y se marchan avergonzados. Tal vez como frase suene extravagante o incluso algo empalagosa, pero como campaña envía un mensaje directo y claro. Quiero disfrutar de la carretera y llegar a mi destino vivo. Es la frase que resume una trágica historia que podría dejar de repetirse si todos ponemos nuestro granito de arena.

Yo la llevo en mi portón. A la hora de colocarla no primó la estética, ni tan siquiera que pudiera ser leída por el vehículo que circula tras de mí. Es mi pequeño homenaje y recuerdo para una chica que no conocí en persona, pero que ha entrado en mi círculo personal y profesional,donde la seguridad y la educación vial forman parte de mi día a día. Es mi manera de honrar la memoria de Helena Castillo Zapata: colocando la pegatina en el mismo sitio que un homicida escogió para llevársela por delante.

Fotografía del coche | Javier Costas
En Circula Seguro | Se inaugura en Madrid un monumento en recuerdo a las víctimas de tráfico

  • Me escribe Flor a mi correo personal y me dice que este comentario que voy a poner ahora, iba destinado a esta entrada, pero que no quedó publicado.

    El texto dice así:
    !!!!!!!!
    Definitivamente, creo que así se escriben las lágrimas.
    Y no son lágrimas cursis.
    Aún sigo sin aceptar una de las frases, de la colección que hacía Helena, con la primera que me encontré, rebuscando entre sus cosas, que dice así:
    “Más vale pensar en lo que se ha tenido, que llorar por lo que se ha perdido”.
    Es imposible que acepte esto, pero tengo que reconocer, que gracias a Helena, he conseguido tener más amigos de los que ya tenía.
    Gracias
    Flor, madre de Helena.

  • Perdón por lanzar dos comentarios seguidos, pero es que Flor me hace llegar un enlace al periódico 20 minutos que hoy publicaba la noticia, algo mediatizada -el titular no puede ser más amarillista- y escueta.

    Merece la pena: 20 Minutos: Helena