“¿Quién te ha dicho que conduzcas por mí?”

Conductor algo chulesco ¿Uno más uno?

Hoy me levanto nostálgico y recuerdo una frase que pronunció José María Aznar allá por el año 2007, y que venía a decir “¿Quién te ha dicho que conduzcas por mí?”, en clara alusión a la campaña vigente de la DGT. Esta frase recorrió todos los foros, blogs, conversaciones de bar, debates y lo inimaginable, y sin querer entrar en si fue una frase desafortunada, si contenía algo más que nadie supo ver, o si, sencillamente, es cierta, me sugiere un tema con bastante miga.

En Circula Seguro siempre ponemos énfasis en dos claves para mejorar en Seguridad Vial aquí, en España: primero, que la responsable de las infraestructuras las tenga al día, en las mejores condiciones y que garanticen la seguridad “del medio”; segundo, que los conductores tomemos conciencia ya, de una vez, que la mayor parte de la responsabilidad en un siniestro la tenemos nosotros (y esto viene a cuento de que acabo de leer este artículo australiano).

Más versiones de la frase: “¿quién te ha dicho que vayas a 150 km/h?”

Hay un debate que no sale en las noticias, pero que sí se escucha en la calle: los coches de hoy en día son muy manejables a altas velocidades. Van desahogados, el nivel de ruido interior es muy bajo comparado con otros, van plagados de sistemas de seguridad activa y pasiva,… El problema son las autovías y las autopistas, pero sobre todo las carreteras secundarias.

Parece que se quiera hacer verdad eso de que, como el coche que tenemos es muy seguro, la velocidad en sí misma no es peligrosa y además nosotros estamos capacitados para circular a esas velocidades, la “culpa” de que hayamos pisado una placa de hielo y nos hayamos empotrado contra la mediana, que no aguantó el impacto, que pasásemos al otro carril y que casi (¡casi!) se nos llevara por delante un autobús hasta la bandera de pasajeros… la culpa, como decía, es de los políticos, que no son capaces de mantener las carreteras en perfecto estado.

Accidente vintage “Júntate, que no sales en la foto”

En la medida de lo posible hay que desacoplar tres conceptos: infraestructura, conductor y vehículo. Lo ideal es que los tres estén en perfectas condiciones, pero como bola extra, lo que tenemos que conseguir es que, dado un conjunto de tres elementos (una carretera dada, un coche determinado y un conductor que guía ese coche), haya un mínimo común múltiplo de “posibilidades”. Es decir, si ponemos por orden las capacidades de cada elemento, yo ordenaría así cada uno de ellos:

  1. Coche: el límite teórico de un coche moderno, con neumáticos adecuados y todo puesto a punto es muy superior a los límites de las autovías y carreteras en general, y muy superior al conductor medio.
  2. Infraestructuras: no todos somos Sébastien Loeb, así que modestamente creo que las carreteras nos “pueden” a la mayoría de nosotros. Son las que son, y nosotros debemos adaptarnos en la medida de lo posible.
  3. Conductor: el conductor lo pongo como lo “menos fiable” porque es el que tiene mayor responsabilidad. La responsabilidad de saber si se encuentra en las mejores condiciones, la responsabilidad de saber conducir con prudencia y adaptándose a las circunstancias,…

El conductor es siempre el que menos tolera los límites (más que nada por aquéllo de que el coche o la carretera no toman decisiones) y el que más veces los transgrede. Y así nos va.

Educa a tus hijos, por el bien de todos

Lo mejor que nos puede pasar es que un día, nuestro hijo o hija se acerque a nosotros y nos diga: “Papá, quiero aprender Seguridad Vial“. Bueno, no en esos términos, pero sí que veamos que se interesa de forma genuina en el porqué de las cosas, en cómo se cruza la calle de forma segura, en cómo la cortesía no cuesta nada y facilita enormemente la convivencia…

Lo normal es que nadie tenga que preocuparse de velar por la seguridad de los conductores, sino que ellos mismos estén totalmente mentalizados de que son los responsables últimos de que “en aquél momento, cuando perdió el control del coche, el firme no estaba para aquéllas alegrías, y cuando quiso darse cuenta, ya ni el ESP, ni nada pudo evitar que acabase en una cuneta”. Bueno, sí, el conductor podría haberlo evitado.

Fotos | mad drivers, Seattle Municipal Archives

  • HijoDeCain

    Interesante razonamiento y complejo en su trama… aunque disiento en su estructura.

    En su ordenamiento coche => infraestructuras => conductor, establece la rigidez de los dos primeros frente a la flexibilidad del tercero, y por tanto otorga a este el mayor margen de error en su funcionalidad.

    Brevemente, y enfocando exclusivamente a la seguridad, mi opinión con la estructura de su articulado, vamos con más frases…

    ¿Por qué los coches pueden llegar a 250 km/h si no podemos ir a más de 120 Km/h? …sólo enfocado a la seguridad repito.
    Un vehículo de 400 Cv es más seguro que uno de 100 Cv, porque sus sistemas de seguridad y detención están preparados para esa potencia. Por tanto a igualdad de velocidad, el vehículo es más estable, se detiene antes y permite al conductor evitar un peligro frenando, desplazándose o acelerando.

    ¿Por qué la A-2 (zona de los Monegros, Zaragoza) y la AP-66 (zona del pantano de Luna, León) tienen la misma limitación de 120 Km/h?
    La rigidez de las normativas generales implica casos como el anterior, en el que, mientras en la primera autopista cualquier conductor puede mantener dicha velocidad e incluso superior, en la segunda el nivel de capacidad de este se pone bastante más en entredicho.

    Cierto es que el conductor debe considerar cada uno de los anteriores elementos para su conducción, y estoy de acuerdo con el articulo australiano referenciado… pero no es menos cierto que algunas veces, determinados constructores se columpian dando gato por liebre (recuerdo cierto constructor germano que se le atragantó un alce cuando redujo determinados elementos en el modelo básico) y como la mayor parte de las veces, el regulador (o político como se le suele llamar), retira un disco de 120 km/h de una zona para poner el de 100 km/h, porque su estadística de accidentes se dispara y en eso no estoy de acuerdo con el punto de vista del articulo australiano ni con el suyo.

    Por último, estoy absolutamente en desacuerdo con su final. Si la seguridad vial no fuese un elemento terciario en nuestra vida diaria, el sentimiento que debería provocarnos esa frase, sería el mismo que si mi hija de siete años gritase en medio de una calle céntrica y concurrida “Papa, quiero aprender matemáticas”.