¿Quién iba a imaginar que estaría ahí?

Atención en carretera sin visibilidad

Me ha hecho gracia encontrar una campaña de la DGT en la que se trata de la distracción al volante con la misma imagen que utilizaba yo en el aula para explicar a mis alumnos los peligros de un camino excesivamente conocido: la falta de atención. Explicarlo por escrito resulta complicado, porque para transmitir la idea me iba de una punta a la otra de la zona magistral, reconvertida en escenario de mis payasadas; pero creo que podré con el reto.

La cosa es que explicaba yo cómo, por efecto del exceso de confianza, un conductor —al que daba vida yo mismo muy metido en mi papel— iba degenerando en el arte de acudir con su coche de casa al trabajo y del trabajo a casa. De casa al trabajo y del trabajo a casa. De casa al trabajo y del trabajo a casa.

Aunque el camino fuera algo difícil al principio, por estar por ejemplo plagado de curvas, en poco tiempo la banalización de la conducción le hacía asumir actividades ajenas al manjeo del volante: mirar el paisaje, encender un cigarro, hablar por el móvil, hurgarse la nariz… De casa al trabajo y del trabajo a casa, de casa al trabajo y del trabajo a casa.

Hasta que un día…

… se comía una vaca, sin previa cocción. “¡Una vaca!”, era mi exclamación repentina, que equivalía a la magnífica foto que usa la DGT. El “efecto vaca”, lo llamaba yo ironizando con los otros muchos efectos que explicaba a la gente: el “efecto pantalla“ sobre viento transversal, el “efecto fading“ sobre calentamiento de frenos, el “efecto acordeón“ sobre retenciones de tráfico, el “efecto Ikea” para luces mal alineadas cuando cargamos el coche, el “efecto Tú a Málaga y yo a Cuenca” para luces mal alineadas entre sí… El tío de los efectos especiales, vaya.

La ciencia de prever lo imprevisto

Lo decía hace hoy una semana, cuando explicaba lo de las carreteras que ya nos van bien… hasta que dejan de irnos bien. La Seguridad Vial consiste, entre otras cosas, en prever lo imprevisto, en dotarnos de herramientas que nos permitan ponernos a los mandos de los vehículos sin tener que estar pendientes constantemente de lo que puede ir mal.

Es tan sencillo como partir de la base de que todo puede ir mal, y a partir de ahí hablamos.

No, en serio. La conducción preventiva parte de la base de que el resto de usuarios de la vía se pueden equivocar. Incluso la vaca, que ha ido a ponerse en mitad de nuestro camino, la muy insensata. Huelga decir que es preferible pensar que la vaca se equivoca a pensar que se pone ahí adrede, claro.

En cualquier caso, como no está en nuestra mano controlar lo que hará la vaca —a quien, evidentemente, no le vamos a pedir explicaciones de sus actos—, es más práctico que seamos nosotros los que controlemos cuanto está en nuestra mano para evitar tener un susto que vaya más allá del, por otra parte, lógico respingo.

Total, que aunque no sea una vaca lo que nos acecha al otro lado de la curva, aunque no haya curva y la curva visual la pongamos nosotros de nuestra cosecha cuando miramos hacia otra parte, aunque mantengamos la vista al frente pero con la cabeza en otra parte, la idea es siempre la misma: el exceso de confianza puede darnos algo más que un susto.