¿Qué moto me compro? (IV)

Aprilia RSV-4

Nos hemos estrujado el cerebro pensando que tipo de uso le vamos a dar a la moto, hemos visto los mejores modelos para ciudad e incluso ya hemos recapacitado sobre el actual carnet y el nuevo que se impondrá en el 2010. Pero la pregunta sigue en el aire: ¿qué moto me compro?

Partimos de la base de que la moto la vas a utilizar como vehículo de recreo, porque si no ya la habrías elegido en alguno de los capítulos anteriores. Pero claro, al igual que cuando éramos pequeños, en el recreo del colegio podíamos hacer muchas cosas: correr detrás de un balón, viajar con nuestra imaginación, jugar en la arena, sentarnos a tomar el sol…, lo que ahora sería irnos a hacer unas curvas, usarla para hacer algún viaje, un poco de conducción fuera de carretera o usarla para ir a la playa o a tomar algo en alguna terraza.

Modelos deportivos

Los modelos deportivos suelen ser los que primero nos llaman la atención cuando somos pequeños. Está claro que son réplicas con matrícula para ir por la calle, y a medida que han pasado los años, su grado de especialización es tal que prácticamente se encuentran más cómodas rodando dentro de un circuito que usándolas por la calle en el día a día.

Poseen motores potentes, de entre 110 y 190 caballos dependiendo del modelo y la cilindrada. En equipamiento suelen montar lo más moderno y la lucha entre las distintas marcas es feroz. Por un lado, las cuatro grandes japonesas (Honda, Yamaha, Suzuki y Kawasaki) y por el otro las deportivas europeas (Ducati, Aprilia, KTM, Triumph, MV Agusta y ahora BMW). Pero también, de un continente a otro se lanzan desafíos continuamente.

Ducati Desmosedicci RR

Estos modelos, si los usas con frecuencia, tendrán un mantenimiento bastante elevado. Su gasto de ruedas es alto pues montan compuestos blandos para poder transmitir toda la potencia al asfalto. Requieren un mantenimiento un poco más exhaustivo que modelos más civilizados, aunque este irá acorde con el uso que le des. Es lo mismo que tener por ejemplo un BMW M5: si haces 5.000 kilómetros al año no te resultará caro, pero si haces 30.000 si lo será.

Están diseñadas para un uso individual. El pasajero, situado ya no en el segundo piso sino en la azotea de la parte de atrás, va incómodo, con las piernas muy flexionadas y encorvado hacia adelante. Además no tiene donde agarrarse por lo que, o te quiere mucho, o acabará odiándote. Para dar un paseo si, para viajar mucho, ni te lo plantees. Lo mismo ocurre para el piloto: los estribos están muy retrasados, los semimanillares bajos y la protección aerodinámica es más bien escasa en los hombros y la cabeza. Con el paso de las horas, te empezarán a doler las rodillas y las muñecas. En caso de querer viajar, ya existen fabricantes que poseen portaequipajes blandos que se pueden adaptar a casi cualquier moto, pero sinceramente, le suelen sentar igual de bien que a un Cristo dos pistolas.

Además, y según la tendencia generalizada, cada vez las hacen mas pequeñas, por lo que si mides más de un metro ochenta, empezarás a tener dificultades para acoplarte correctamente sobre ella.

En resumen, poseen prestaciones de infarto, con motores muy poderosos que sólo podrás aprovechar en un circuito. Lo recomendable es usarlas de forma esporádica, en salidas no muy largas, sólo y requerirán un poco de inversión en el mantenimiento si quieres mantenerlas en perfecta forma durante mucho tiempo.

Fotos | Arpem
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