¿Qué moto me compro? (I)

Ducati

Todos los que tenemos esta afición común nos hemos planteado alguna vez esta pregunta: ¿qué moto me compro? La respuesta no es nada complicada, pero en la siguiente serie iremos desgranando poco a poco los tipos de moto, con sus ventajas e inconvenientes.

Lo primero que hay que saber cuando queremos adquirir una moto es, además de si el banco se fía de nosotros (todo un reto hoy en día), cual es el uso que le vamos a dar. Me diréis que es un poco complicado saber esto, pues si nunca habéis tenido ninguna, no os imagináis el uso que le podéis dar.

Bien, sinteticemos un poco el abanico de posibilidades. Lo mejor es partir de la base de cual ha sido nuestro estímulo para meternos en el mundo de las dos ruedas. Puede ser porque necesitamos desplazarnos por ciudad frecuentemente, y entre aparcar el coche, la hora, los aparcamientos y demás, acabamos perdiendo un montón de tiempo y dinero. O puede ser que nuestra intención sea viajar, porque nos guste conocer sitios y el ir en moto añade un elemento de aventura y diversión al viaje.

O bien, puede que conozcamos a varias personas de nuestro círculo de amigos que tengan una y nos apetezca compartir la afición con ellos, ya que nos morimos de envidia cada vez que oímos sus aventuras. Incluso podemos ser un poco cabra loca, que nos encante el mountain bike y queramos experimentar la tierra y el barro pero sin dar pedales (cansarnos, nos vamos a cansar lo mismo o más)

Y por último, incluso nos podemos haber planteado la compra para ir a divertirnos con ella a un circuito, hacer alguna carrerita contra algunos amigos o incluso, inscribirnos a alguna competición y demostrar lo rápido que podemos llegar a ser (o lentos, que hay de todo).

Así por lo tanto, las posibilidades que tenemos para comprar son casi infinitas: scooters, ciclomotores, naked, deportivas, sport-touring, touring, trail, streetfighter, enduro, supermotard, etc. Y con un gran abanico de precios, potencias y marcas. ¡Para aburrirnos!

Pero sobre todo, lo más importante, es que no existe una moto mala, sino una mala compra.

Foto | Morrillu