¡Qué diría tu madre!

Una madre y su retoño

Si toda la gente actuara como si su madre le estuviera mirando, el mundo sería un lugar mucho más agradable.

Soy incapaz de recordar donde escuché esta cita. De hecho, si a alguien le suena, le agradecería que me lo dijera. Mientras tanto, pido disculpas a su autor por no poder atribuirle el mérito.

No obstante, más allá de ser una cita más bien irónica, no deja de llevar algo de razón. A todo el mundo, desde pequeñito, le gusta decir “mamá mamá, mira lo que hago” para recibir el cariño y orgullo maternal. Con los años hemos aprendido a no dejar ni una miaja de comida en el plato, porque lo que no comemos siempre es lo mejor.

Y, sobre todo, hemos aprendido a portarnos bien delante de ella. Si no por principios, por lo menos para evitar la terrible vergüenza que uno siente con reprimenda pública que uno recibe. Sea por miedo o por amor (¿hay alguna diferencia?), incluso habiendo dejado la infancia muy atrás, todos queremos permitir que nuestras madres sigan autoengañándose, creyendo que si vástago es perfecto.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿haríamos algunas cosas de nuestro día a día de forma diferente si nuestra señora progenitora nos estuviera observando constantemente?

Si me permitís ir un paso más allá, y sin querer entrar en polémicas, no es una idea nueva ni mucho menos. La religión la lleva utilizando durante los últimos dos milenios (y, probablemente, la tomó de mitos más antiguos). La figura de una deidad paternalista, el “padre nuestro”, que nos vigila en todo lugar y en todo momento para decidir si premiarnos con el paraíso o castigarnos con la llama eterna. No me pronuncio aquí sobre si tiene visos de ser verdad o no, eso cada cual consigo mismo. Sólo digo que se basa en el mismo principio de mejorar la conducta en base a la observación de una figura de autoridad.

Tirón de orejas

Llegados a este punto, me doy cuenta de algo que me pasa de vez en cuando redactando este tipo de textos para Circula seguro. Resulta que llevo un buen rato escribiendo, y aún no he mencionado para nada la seguridad vial y la circulación. Podría haber utilizado prácticamente la misma introducción para después hablar de muchos otros temas, por ejemplo de la necesidad de limpiarse las manos con agua y jabón al salir del baño, o de que está feo convertir la cuchara en una catapulta para tirar puré al camarero en un restaurante.

Esto no es casualidad. Es un reflejo más de algo que probablemente se ha dicho muchas veces ya, en éste y en muchos otros blogs: la educación vial empieza por la educación, a secas.

La buena educación, en un sentido amplio de la expresión, indica una serie de usos y costumbres que cada individuo debe seguir para convivir en sociedad. Y eso es, exactamente, lo que pretende hacer el reglamento de circulación. No hay tanta diferencia entre no respetar la prioridad y tirar puré a la cara de un camarero con bigote.

Ambas acciones tienen cierto atractivo para quien las realiza. Tirar puré al camarero es divertido (… eso dicen…), y pasar primero nos evita la molestia de tener que esperar. No obstante, ambas acciones tienen un protagonista pasivo que sale perjudicado. Y esto es una verdad prácticamente universal para todas las costumbres de buena educación.

Y, no obstante, hay algunas diferencias substanciales entre ambas actividades. Se me antoja difícil imaginar que un camarero pudiera morir por tener algo de puré en la cara. Sin embargo, este tipo de lanzamientos no son muy habituales, ¿vosotros habéis visto alguno, en la vida real?

Por otro lado, sí que puedo imaginar peligro de daños corporales si no se respeta la prioridad en una intersección. De hecho, no tengo que imaginar mucho, yo mismo fui víctima (aunque, por suerte, sin consecuencias).

La verdad es que realmente me gustaría ver la cara que pondría el señor que se saltó un stop y se empotró contra mi puerta trasera si su madre le hubiera visto hacerlo… A lo mejor, le hubiera llevado a casa agarrándolo de la oreja.

Fotos | edenpictures, Donald Man

  • Kibbu

    Gran verdad. Todos parecen santitos a los ojos de su madre y ella diría “mi hijo es incapaz de hacer eso”. Ayyy si sus madres los vieran!