¡Qué calor!

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¡Qué calor! Una de las exclamaciones más frecuentes en esta época del año. Por lo menos, para los que me leéis desde el hemisferio norte. Y es que como cada año, el Lorenzo se esfuerza al máximo para dejarnos bien chamuscados.

Pero no es sólo una cuestión de comodidad, las temperaturas elevadas merman nuestras capacidades, afectando negativamente a la conducción. Por ejemplo, se considera que a unos 35ºC sufrimos una reducción de reflejos equivalente a 0,5g/L de alcohol en sangre.

Nuestro cuerpo está diseñado para funcionar a una temperatura concreta. A temperaturas demasiado altas, las proteínas se deforman y rompen (ésta es una de las cosas que ocurre cuando cocinamos algo), el metabolismo se acelera y desequilibra, entre otros efectos desagradables. Por lo tanto, si la temperatura ambiental es demasiado alta, nuestro cuerpo se ve obligado a activar mecanismos para expulsar de su interior el calor.

Como la piel es la única parte de nuestro cuerpo que comunica con el exterior en circunstancias normales, nuestro organismo se dedica a mover todo el calor a ella. Y lo único que se mueve de forma regular dentro de nuestro cuerpo es la sangre. Por lo tanto, nuestro cerebro (centros nerviosos cercanos al hipotálamo)sensorcalor.jpg ordena aumentar el flujo de sangre hacia la piel. Además, se deposita sudor sobre la piel, que al evaporarse se lleva parte del calor que la sangre ha transportado hasta la superficie.

Pero la cantidad de sangre en nuestro cuerpo es bastante constante. Eso significa que si más sangre de la normal se desvía hacia la piel, otras zonas del cuerpo recibirán menos irrigación. Por ejemplo, el cerebro. Al verse reducido el aporte de oxígeno a través de la sangre, el cerebro se ve obligado a funcionar más lento.

En consecuencia, notamos cierto aletargamiento debido las elevadas temperaturas. Eso conlleva cierta somnolencia y pérdida de reflejos. Comparativamente, se observan efectos similares a la máxima alcoholemia legal (0,5g/L en sangre) al rededor de los 35ºC.

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Habéis leído bien, he dicho somnolencia y pérdida de reflejos. Dos de los compañeros de viaje que deberían quedarse en casa, siempre. Por lo tanto, mantener una temperatura ambiental adecuada dentro del coche es un elemento más de seguridad vial.

Poner el aire acondicionado a una potencia adecuada no sólo incrementará el confort, sino que permitirá al conductor mantener las condiciones adecuadas para maximizar la seguridad.

Claro, tampoco hay que exagerar. Pasar frío tampoco es muy adecuado. Cuando tengamos que salir de nuestro iglú móvil a la canícula estival notaremos un brusco cambio de temperatura, ideal para pescar un resfriado. Y es penoso pasarse las vacaciones enfermo.

Si no disponemos del aire acondicionado, entonces una buena alternativa es abrir las ventanillas. Sí, sabemos que eso tiene un impacto sobre el consumo. Pero el aire acondicionado también; de hecho, a velocidades de poblado normalmente afecta más el acondicionador. Pero nuestra seguridad bien vale esos céntimos de más.

No es cuestión baladí. La carrocería es muy buena a la hora de acumular calor en su interior. Todos sabemos lo desagradable que es entrar a un coche que hemos dejado al sol. Por eso, dedicaré el próximo artículo a explicar los motivos físicos por los que nuestros coches se convierten con facilidad en hornos ambulantes.

Asesoramiento médico | Dr. Josep Serra
Fotos | stuartpilbrow, Stuart Chalmers, SashaW