Problemas de tiroides y su influencia en la seguridad vial

Tiroides

De vez en cuando nos gusta repasar, con la ayuda desinteresada del Dr. Josep Serra, algunas patologías que pueden resultar incompatibles con la conducción segura. Hoy nos vamos a centrar en el hipotiroidismo y en el hipertiroidismo y veremos en qué aspectos pueden dar problemas.

En segundo lugar, trataremos un problema que hemos abordado ya alguna otra vez, y que tiene que ver con la detección de este tipo de dolencias. Mientras el afectado no acude a la consulta del médico y explica qué le pasa, mientras no se pone en marcha la detección y el remedio, continúa conduciendo su vehículo, poniéndose en riesgo a sí mismo y al resto de los usuarios de la vía.

Los problemas de tiroides y la conducción

El hipotiroidismo autoinmune, o enfermedad de Hashimoto, es una patología más frecuente en mujeres que en hombres, en una proporción de 14 a 1, y se debe a la afectación por autoanticuerpos del propio paciente hacia su glándula tiroides, que se vuelve insuficiente a la hora de producir hormonas tiroideas. Otro caso de hipotiroidismo es el que viene de la extirpación de la propia glándula, pero el autoinmune es el más frecuente.

Esto puede conllevar a un riesgo de déficit de concentración mental y cierto grado de deterioro cardiaco entre otras manifestaciones que pueden afectar la conducción. Entre otros síntomas, puede dar somnolencia, aletargamiento, lentitud en la toma de decisiones, complicaciones visuales… aspectos que no parecen dibujar un buen escenario para ponerse al volante.

De hecho, el hipotiroidismo puede andar ligado a otro enemigo de la conducción del que hemos hablado en ocasiones, el SAHS, y como sucedía con aquel, los síntomas de letargia mental se traducen en una lentitud en los reflejos y en la toma de decisiones que son incompatibles con la conducción segura. También como sucede con el SAHS, en ocasiones son estos síntomas los que evidencian que algo en el organismo no funciona del todo bien.

El tratamiento del hipotiroidismo se realiza habitualmente con una hormona suplementaria, la levotiroxina, que debe administrarse con sumo cuidado para evitar derivar en un problema de hipertiroidismo por exceso hormonal suplementario, que conlleva un riesgo de arritmias, temblores o ataques de hipertensión, síntomas que son poco compatibles con la conducción segura.

Como es lógico, el inicio del tratamiento es un momento crítico, pero también es necesario un control médico a lo largo del tratamiento para verificar que el suplemento hormonal se ajusta en todo momento a las necesidades del afectado, lo que redunda en la necesidad de reducir los periodos de vigencia del permiso de conducir. Por supuesto, si el médico así lo indica, los problemas de tiroides, bien controlados y tratados, no tienen por qué impedir la conducción de vehículos.

La voluntad del conductor, como motor de detección

El problema mayor en muchos de estos casos es que la responsabilidad de todo recae en la persona que sufre la dolencia, que puede, o no, tener constancia de ella, puede, o no, acudir a la consulta del médico y puede, o no, decidir dejar de conducir mientras no esté claro que puede conducir sin poner en riesgo su vida ni la de los demás. Por eso, quizá fuera buena idea adoptar algunos cambios que podrían redundar en un beneficio para todos.

Algunas propuestas que se pueden afrontar para mitigar este problema contemplan, por ejemplo, la historia sanitaria compartida por los organismos afectados: centros de asistencia primaria, hospitales, centros de reconocimiento médico, centros de Tráfico. En este sentido, hay ya un primer paso desde que las jefaturas de Tráfico acceden a los datos que permiten la renovación del permiso de conducir.

Las redes de comunicación permiten que hoy en día los diferentes organismos puedan disponer de acceso selectivo a los datos sin quebranto de la necesaria confidencialidad que ampara a los usuarios de la sanidad, de manera que sería posible establecer un sistema en el cual el médico introdujera el dato cuando su paciente no resultara apto para conducir sin que el resto de la cadena tuviera acceso a los detalles confidenciales de ese paciente.

Cómo saber si una persona es apta para conducir

Esto nos llevaría a un escenario en el que comprobar la aptitud del conductor sería tan sencillo como evaluar si un vehículo está o no al corriente de la ITV o del pago del seguro. Y, de cara a las renovaciones del permiso de conducir, la información puesta en común sería un elemento clave para apoyar a los centros de reconocimiento. Cada uno, desde el lugar que le corresponde, podría realizar sus funciones con mayor rigor.

Y, por supuesto y ante todo, el conductor debería conocer toda esta operativa, debería ser formado en la idea de que un control médico de sus dolencias y la privación de conducir redundarían en su propio beneficio y en el de todos los demás. Es un tema muy delicado que admite debate, un debate muy parecido al que suscita quien defiende su derecho a conducir para ganarse la vida frente a aquel que esgrime su derecho a vivir por no sufrir las consecuencias de un siniestro vial.

Con independencia de cómo se desarrolle esa discusión, estas son propuestas encaminadas a lograr que el conductor se encuentre en unas condiciones psicofísicas aceptables, y sobre todo que esas condiciones no se vean duramente mermadas con el agravante de que pase tiempo y más tiempo hasta que llegue el momento de renovar el permiso de conducir. En determinadas dolencias, un plazo de 10 años es toda una eternidad.

Asesoramiento | Dr. Josep Serra