Principios del comportamiento vial (1): la confianza

Stop en el carril bici

Como conductores y peatones que somos de todo este entramado de la circulación vial tenemos derecho a suponer que el resto de usuarios también debe cumplir las normas que regulan la circulación del tráfico. El comportamiento de los demás nos afectará de tal manera que adecuará nuestra forma de poder desenvolvernos por la red vial. Tan fácil, como esperar de manera confiada a que respeten, por ejemplo, nuestra prioridad de paso en una intersección, la distancia de seguridad entre vehículos, así como las buenas prácticas al volante que aprendimos en su momento.

Los principios que rigen en la conducción están explícitamente desarrollados en las normas de circulación para que durante su aprendizaje vayamos tomando nota sobre la forma de convivir con los demás si hacemos uso de las vías públicas. Por lo pronto, para recordar algunas normas sobre el comportamiento vial, hoy, comenzamos con el principio de confianza en la normalidad del tráfico. Un principio también denominado de expectativa adecuada por ese derecho a esperar de los demás un uso adecuado de las normas que regulan la circulación. Para ello, necesitamos saber qué van a hacer los otros conductores o peatones, cómo van a hacerlo, desde dónde y cuándo iniciarán su decisión.

El signo de exclamación en las normas de tráfico

peligro indefinido por teclasorg

De acuerdo con este principio de expectativa adecuada o legítima, todo conductor necesita circular con la relativa certeza y confianza de saber que los demás usuarios de la vía van a respetar las normas establecidas para la circulación. Conocer la reacción de los conductores y peatones próximos a nuestro entorno, dará la tranquilidad suficiente para anticiparse y prevenir situaciones de riesgo y así poder actuar adecuadamente en cada caso para evitarlas. No obstante, el hecho de presuponer que los demás conocen las normas, no significa que bajemos la guardia y la atención que se requiere al volante, ya que ante esa falta de compromiso o ante cualquier indicio de comportamiento indebido por parte de los demás usuarios de la vía, tenemos que ceder, es decir, poner de nuestra parte para evitar cualquier conflicto.

El desarrollo estricto de la norma por parte de todos los usuarios de la red vial es lo único que garantiza el conocimiento de lo que van a hacer los demás. Es decir, intentar prever cómo van a actuar los demás usuarios de la vía es lo que nos proporciona la tranquilidad y la confianza necesaria para anticiparnos a las posibles situaciones más o menos peligrosas y nos permite estar en una posición adecuada para tomar decisiones correctas. Por el contrario, cuando no respetamos la normativa de tráfico, podemos poner en grave riesgo nuestra propia seguridad y la del resto de usuarios de la vía, al hacer inesperado nuestro comportamiento. Un comportamiento que puede ser previsible por ese margen de desconfianza pero que no siempre se da, precisamente, debido a una mala interpretación o error de apreciación por parte de alguno de los intervinientes.

Cuando tolerancia y confianza se mezcla

cruce por infelix

Dos conceptos que quiero desarrollar para llegar a la conclusión de que el espacio compartido por todos requiere adaptarse a unas normas consentidas y admitidas para ser aplicadas. Me refiero a la expectativa adecuada y al margen de confianza que debe existir en la conducción. Es decir, esperar la reacción de los demás a sabiendas de que puede haber una mala interpretación o un fallo externo y ajeno sobre alguno de los que comparten el mismo escenario. Una señal de tráfico que no ha sido restituida por otra nueva, una obstrucción visual que no permite ver la proximidad de otro vehículo en un cruce, el exceso de confianza de algunos conductores experimentados o la falta de pericia en la conducción de un conductor novel, son claros ejemplos de que debemos ampliar esa expectativa y ese margen de confianza para no ocasionar un conflicto.

Además, con los ejemplos anteriores no sólo se hace imprevisible el comportamiento del infractor, sino que también se pueden provocar comportamientos igualmente extraños en los otros conductores. Estos, ante una grave alteración de la normativa, pueden no saber cómo reaccionar, al no estar contemplada esta circunstancia en las normas de circulación, y se pueden provocar a su vez nuevas situaciones de riesgo encadenadas que pueden dar lugar al incidente. Pero insisto, lo imprevisible no tiene por qué ser inevitable ni tampoco la experiencia en la conducción es la que resuelve todas las situaciones de riesgo. Por tanto, es la suma de dos hechos realizados por dos intervinientes y que llevados a una situación de riesgo no han podido resolver posiblemente por ese exceso o falta de confianza.

Por otra parte, el principio de confianza está basado, como es lógico, en el conocimiento y cumplimiento estricto por parte de todos los usuarios de las reglas y normas que regulan la circulación por las vías públicas, lo que obliga a las autoridades competentes a supervisar que todo aquel que circule por ellas esté debidamente formado y autorizado. Conocer y cumplir las normas es la garantía fundamental para la seguridad de todos los que compartimos el mismo escenario vial. Por eso, debemos respetarlas para que se confíe en nosotros como conductores y como peatones.

Foto | teclasorg, infelix

En Circula seguro | Principios del comportamiento vial: 
 

  • escargot

    Si yo hubiera tenido confianza en que los demás respetarían las normas, llevaría seis años muerta.

    • capreolus

      Dependerá de cada situación. El hecho de no respetar una norma, no siempre, puede ayudar a evitar un siniestro o un mal mayor. Por ejemplo: invadir el sentido contrario en una recta sin peligro para adelantar con seguridad a un ciclista, introducirse en el carril interior de una rotonda para salir por la última, realizar un ‘stop’ existiendo un ceda ante la proximidad y velocidad de un vehículo que circula por la vía preferente, etcétera… Tu mensaje me recuerda al que dice: ‘la culpa es del otro’ y eso, tampoco es. Pienso que hay que dar un margen de confianza, sin bajar la guardia y estar prevenido ante cualquier situación de riesgo.

      • escargot

        La culpa sí, fue de la otra. Se saltó un stop cuando yo pasaba por al lado y pasó muy cerca de mí. Si me llega a dar me mata. Precisamente no pasó nada porque me di cuenta de que la otra no tenía ninguna intención de parar en el stop y frené. Yo iba a 80 y la otra seguramente también. No hizo ni por fingir que aminoraba.

        A veces la culpa la tengo yo y entonces lo reconozco, pero lo que me faltaba era que en una ocasión en la que de verdad ha sido culpa del otro alguien deje caer que a lo mejor ha sido al revés.

        • capreolus

          Como dije al principio, dependerá de cada situación. No obstante, falta explicar otro principio del comportamiento vial que bien puede aplicarse al ejemplo que nos acabas de poner. Gracias por adelantado 😉

  • amparo19

    Ahora viene la contramedida, la conducción defensiva.

  • s63aut

    Deberíamos poder tener confianza en que los demás van a actuar correctamente, pero la realidad es muy distinta, eso de “piensa mal y acertarás” tiene mucho de cierto, en todo caso, hay que considerar que ese coche que está a punto de salir del cruce, puede ser que realmente salga, o que ese peatón que está en la acera, quizá cruce, no digo que haya que ir con un miedo absoluto a que pase de todo, pero sí que hay que estar atento por si la gente no cumple con las normas o por si no nos detectan adecuadamente.

    También es verdad que, si quien espera a que pases, te ve dubitativo, acabará pasando, pero no debemos confundir el conducir con decisión con la confianza excesiva en que los demás cumplan con su parte, sobretodo en países como el nuestro, en el cual cumplir con las normas y ser cívico parece que sea cosa de cobardes.