Potencia y peligrosidad, dos variables diferentes, pero no diferenciadas

Volkswagen Golf GTI

Una de las demandas recurrentes de los colectivos de víctimas de tráfico tienen que ver con la potencia de los coches, y de cómo ha de restringirse, dada su peligrosidad. En las jornadas de la FUNDACIÓN MAPFRE de la semana pasada vivimos un episodio más de esta lucha.

Me siento en la obligación de hacer un alegato en favor de los coches potentes, porque creo que el coche no es el problema, lo es quien lo conduce, porque los coches a día de hoy no toman decisiones por su cuenta. Son simples máquinas que obedecen a sus conductores, siempre que mecánicamente y desde la física eso sea posible.

Una activista preguntó a un ingeniero que pertenecía a la mesa de ponentes por qué no se pone freno a la escalada de potencia de los fabricantes. Su respuesta fue muy en línea con lo que voy a argumentar a continuación. El problema no está en los coches.

Porsche 911

¿A qué viene tanto caballo?

En los últimos años, hemos asistido a un incremento de la potencia de los coches, pero también del aumento de peso. En los años 70 el que tenía 60 CV se podía dar con un canto en los dientes, y más de 100 CV ya sonaba a pepino. Hoy día esa potencia en un utilitario ya no llama la atención a nadie que entienda de coches.

Los coches han evolucionado en confort, seguridad y equipamiento. Todo esto pesa. 60 caballos son más que suficientes para mover una lata con ruedas y cuatro plásticos, pero para mover tonelada y pico de coche, pues me temo que no. La potencia ha ido aumentando porque era necesaria, pero por otro lado, siempre han existido los coches más potentes que la media.

Ese incremento de potencia no ha supuesto contaminar más con los años. Un coche moderno de 300 CV contamina muchas veces menos que una manada de SEAT 600. Es más, si juntamos una manada de coches modernos, contaminan menos que uno de hace 30 años. Hemos ido evolucionando.

Nissan GT-R

La potencia se puede usar para hacer el bien o el mal. Lo podemos trasladar a rifles, hachas o cuchillos. Todos en nuestra cocina tenemos cuchillo, hasta los vegetarianos. ¿Somos potenciales homicidas? ¿Son los leñadores más propensos a acabar con la vida humana? El que responda que sí ha visto demasiadas películas.

Los rifles pueden utilizarse con propósito decorativo, para tirar salvas en honor de un difunto o para provocar una matanza en un colegio. Es un problema de quién tiene acceso a las armas. Con los coches pasa lo mismo. Un coche de “alta cilindrada” (qué poco me gusta ese término, por su imprecisión) no es peligroso per se.

Si tiramos de estadísticas, o de la simple observación del telediario, veremos que la mayoría aplastante de los coches que han sufrido accidentes no tenían una relación peso/potencia de escándalo. 60 CV bastan para matarse, no hacen falta más. Hablo del uso en exceso, no en defecto, que es otro tema.

BMW Z4

Hoy día elegir un coche potente suele ser muy voluntario, y va en sintonía con el poder adquisitivo: cuanto más potente, más caro, y el coste del seguro sube a niveles estratosféricos en relación a esa variable. Lo que hay que valorar es el uso que se va a hacer del coche.

Por ejemplo, hay varios todoterrenos que tienen motores de casi 200 CV. Alguien se llevará las manos a la cabeza, pero con menos potencia no se va a mover con la misma soltura, y para que cojan una velocidad elevada (que pueden), hace falta paciencia y mucha recta.

Cierto es que hay coches deportivos que alcanzan velocidades muy altas y en muy poco tiempo, pero si el conductor no demanda esas prestaciones, van como un coche normal. Me remito a una anécdota de un periodista del motor al que llevaron a Alemania a llevar un aparato de 500 CV.

Audi RS6 Avant

Los de la marca dijeron a los periodistas que andaran con mil ojos, que había muchos radares, que no se podía correr nada, etc. Total, que el periodista me contó que lo llevó como un coche normal, y cuando fue preguntado por la gente de la marca, sobre sus experiencias, espetó: “pues es casi como conducir mi coche”.

Ese es el quid de la cuestión. La potencia solo es peligrosa en manos inadecuadas. Pregunté a doña Anna Ferrer, de la DGT, si eran favorables a tener varios niveles de acceso al carnet de conducir, como ya pasa con las motos, y me confirmó que eran favorables a ello. Es una medida que defiendo: no todos valen para conducir cualquier coche.

En la mayoría de fabricantes, el que quiere potencia es porque la paga, pero los motores básicos no son brutales salvo en coches muy caros, donde el modelo de acceso tiene más caballos que las huestes de Atila. No hay que criminalizar la potencia, hay gente que va en coches de 400 CV a comprar el pan o a ir al mismo ritmo que los demás, pero pagaron una exclusividad.

Aston Martin DB7

Hay que procurar no prejuzgar, el que conduce un deportivo no es un asesino. Más miedo debería darnos un chaval con el pelo rapado, escape libre y mirada desafiante en un semáforo. También es un tópico, ¿pero a que da más miedo que un golfista que va en un Aston Martin de 200.000 euros? Pues eso.

La potencia también puede ser sinónimo de seguridad en algunas situaciones, donde ese “extra” nos puede salvar de un aprieto, ya sea por error ajeno o propio. Si se usa de la forma adecuada, no representa ningún problema. Hay que desterrar la idea de que un coche potente es peligroso, en todo caso será peligroso el que lo conduce.

Además, dejo unos datos para la reflexión. Habiendo actualmente como más del triple de coches que en los años 70, sabiendo que los coches ahora corren mucho más, ¿por qué hay muchísimas menos muertes por habitantes o por coches? ¿No es contradictorio? ¿Cuántas muertes podemos achacar a deportivos y cuántas a simples utilitarios?

Y ahí va el remate final: normalmente los coches deportivos o de mayor potencia tienen ajustes específicos de suspensión, frenos o medidas de seguridad que los hacen, en muchos casos, más seguros que el modelo básico, aunque haya una diferencia sustancial de caballos. La potencia con control sirve de algo.