¿Por qué nos sentimos culpables si nos para la Guardia Civil?

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Es una sensación muy interesante, a la vez que desconcertante. Imaginemos que circulamos tranquilos, quizás a la vuelta de vacaciones, a lo mejor camino del trabajo, y de repente, un control de la Guardia Civil. Los coches ralentizan su marcha y, mientras pasamos discretamente, las dudas empiezan a asaltarnos: ¿y si nos paran? ¿Y si hay algo que va mal? ¿Llevaré toda la documentación? ¿Cuál es?

De la misma manera, si no existe un control como tal, pero sí que vemos una pareja de la Guardia Civil que, seguro que de forma aleatoria, nos da el alto y nos indica que nos detengamos, una leve preocupación puede surgir en nuestras cabezas: ¿habremos hecho algo mal? ¿Cómo me tengo que parar? ¿Y si me multan? Pondría la mano en el fuego, pero creo que cualquiera con un mínimo de sentido común puede haber sentido alguna duda de este estilo alguna vez.

Es un caso similar al del “efecto Safety Car“, cuando de repente vemos cómo el ritmo del tráfico se reduce sensiblemente, y resulta que allá adelante hay un coche de la Guardia Civil que, por las razones que sea, circula a 110 km/h: todos detrás. ¿Por qué? Si seguimos con los ejemplos, no pueden faltar los radares fijos. No es la primera vez que hablamos de la reducción, a veces anormal, de la velocidad de algunos conductores a su paso por un radar. Si están programados para “saltar” a 120, ¿por qué hay quien reduce o frena hasta 100?

La duda razonable es buena señal

Será que se sienten culpables con buenas razones para ello, porque en muchas ocasiones suelen ser conductores que instantes antes nos adelantaron claramente por encima del límite superior de velocidad. En nuestro caso, inocentes conductores que hacemos a diario el mismo monótono recorrido, esa culpa nos enfada, a posteriori. ¿Por qué sentirnos culpables si lo hacemos siempre igual, y a priori lo hacemos bien?

Cuando era un niño, una vez pregunté a algún adulto (no recuerdo a quién), qué pasaría si yo, en realidad, estuviese loco. Su respuesta me acompaña hasta hoy: si te preguntas si estás loco, es que no lo estás. Nótese que empleo la palabra loco, pero solo por el motivo de que lo pregunté siendo niño, y como tal era “políticamente incorrecto”. No sé si es cierta o no, pero esa respuesta me lleva a pensar hoy en que, si de forma involuntaria, una persona que cuestiona si en realidad está haciendo las bien, es una persona que se preocupa por hacer bien las cosas. En cambio, si no hay reacción involuntaria, si no hay duda alguna de que estamos haciendo las cosas perfectamente bien, posiblemente hayamos cometido algún error.

Dándole la vuelta, seguro que lo entenderemos mejor: una persona que lleva algo ilegal en el coche y lo sabe, a la vista de la Guardia Civil se sentirá nervioso o culpable de forma consciente. Es posible que con algo de templanza pueda aparentar normalidad, pero sabe al 100% que es culpable de llevar algo ilegal. Si no lleva nada ilegal, de forma consciente no se va a sentir culpable, y puede dudar o no dudar de forma inconsciente.

No podemos confundir la duda razonable (“¿Habré cerrado el gas?”, “¿Pagué la comida?”, “¿Me pasaría alguna señal por alto?”) con la desconfianza en las autoridades. Esto, en realidad, es contraproducente porque si nos creemos, de verdad, que nos persigue, nuestras reacciones ante un alto serán dispares: desde ser maleducados, hasta permanecer a la defensiva. Pero esa es otra historia. Lo que me interesa saber ahora es: ¿alguna vez te has sorprendido sintiéndote culpable sin motivos aparentes? ¿Por qué crees que sucede?

Nota: no soy psicólogo, ni pretendo suplantar esas funciones.

Foto | Jose Antonio Pardo