¿Por qué no funciona la prohibición del uso del móvil en el coche?


La pregunta del titular se puede escribir de muchas formas, y una de ellas es, ¿por qué hay gente que sigue utilizando el móvil al volante, a pesar de estar prohibido? Y para ir más allá, ¿por qué, aparentemente, la prohibición del uso del móvil en el coche no es significativa a la hora de reducir las muertes por distracción? Reconozco que cuando leí por primera vez esta pregunta, me quedé un poco pensativo.

En temas de seguridad vial, las prohibiciones nunca funcionan como se espera. Si prohibimos girar en un sitio en donde “no parece tener demasiado sentido”, la gente terminará haciéndolo; si prohibimos circular a más de 120 km/h, la gente terminará haciéndolo cuando consideren que es posible hacerlo; si prohibimos hablar, leer y escribir mensajes en el smartphone, la gente lo hará cuando considere que es seguro. El problema es que las prohibiciones son contraproducentes.

Los protagonistas de la historia son dos estudios. Uno se realizó en 1997, el otro en 2012, y los dos para California con el motivo de la entrada en vigor de la prohibición. El primero decía que “el riesgo de sufrir una colisión al utilizar el móvil (mientras se conduce) es cuatro veces superior al riesgo que existe cuando no se usa el móvil”. Literalmente. El “nuevo” estudio, de 2012, afirmaba que las muertes por distracción habían bajado “de forma consistente” tras la prohibición del uso del móvil en el coche (hablamos de California, recuerdo).

¿Y si quien usa el móvil en el coche, suele tomar más riesgos?


La cuestión es que existe un tercer estudio, más actual, que dice que si filtramos un poco más los datos y tenemos en cuenta otros factores de riesgo, como tormentas, periodos vacacionales y otros, no hay apenas diferencia entre las muertes por distracción a raíz del uso del móvil de hoy con respecto a las de antes de 2008. Es decir, que según este nuevo estudio, la prohibición no sirvió para nada.

Aquí viene el meollo de la cuestión. Ante los datos que encontraron los autores de este último estudio, se plantearon lo siguiente: “es posible que la gente que continuó usando su móvil, fuese gente más propensa a tener accidentes, de cualquier forma“. Traducido a palabras más sencillas, es posible que la gente que usa el móvil al volante toma más riesgos de forma habitual que aquéllos que lo tienen a buen recaudo. ¿Es verdad, es falso? ¿Es una verdad incómoda que nadie admitiría?

Creo que es una suposición (que no conclusión, ojo) arriesgada, pero también creo que tiene sentido. Lo generalizaría todavía más a que quien pasa de cualquier prohibición, está tomando riesgos conscientemente. Si vamos a 150 km/h en la autovía aunque no haya peligro aparente, estamos tomando algún riesgo extra: que nos pillen, que nos topemos con un animal cruzando o que calculemos mal la distancia de frenado.

Una prohibición puede tener razones que nosotros no conocemos

Si cambiamos de sentido sobre esa doble continua, estamos asumiendo riesgos porque estamos quitando validez a una prohibición que, posiblemente, no alcanzamos a comprender. Quiero decir, no sabemos exactamente por qué se prohibió (pensaremos que es por tocar las narices), pero valoramos que podemos saltárnosla. Si asumimos esos riesgos sin tener toda la información a mano (y suele ser así), entonces sí que me creo que quien no hace caso a las prohibiciones de forma sistemática es, en realidad, un conductor que toma más riesgos.

Por terminar con una conclusión, no creo que el uso del móvil al volante sea el único factor de riesgo. Los razonamientos que conté sobre los diferentes estudios me hacen pensar que prohibir el uso del móvil solo va a funcionar si la gente lo cumple, pero a la vez, ver que la mayoría de prohibiciones se ignoran (hablando de la población de conductores en general) hace que esté convencido de que el problema no es el móvil, el alcohol,… Es hacer lo que a uno le viene en gana, sin tener en cuenta que si se prohibió, puede ser por algo más que por tocar las narices.

Foto | Mr Jason Weaver