¿Podemos evitar accidentes provocados por errores de los demás?

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Deberíamos tener claro cómo conducir y cómo circular con nuestros vehículos de manera que no provoquemos accidentes, pero esto no es suficiente: el error puede venir de otros.

Si bien los accidentes  se convierten en inevitables una vez sobrepasada cierta situación límite, como atestiguan muchos conductores tras un incidente con el típico “todo ocurrió muy rápido, no pude hacer nada”, quizá podríamos favorecer el tener tiempo, espacio y opciones de reacción ante un error de un tercero siguiendo ciertas pautas en nuestra manera de conducir para salvar una situación de accidente potencial.

Muchos motoristas, incluso sin ser conscientes, adoptan hábitos de conducción defensiva dada su vulnerabilidad  básicamente conduciendo siempre con conciencia de dónde está y qué actitud muestra cada vehículo que le rodea o se les acerca, incluso el que tienen detrás, y conducen teniendo en cuenta que alguno de esos vehículos pueda maniobrar en su contra.

Esto mismo podemos aplicar los conductores de turismos, intentar mantener un “mapa mental” de los vehículos que nos rodean en cada momento, de cuales son sus intenciones y adoptando algunas medidas destinadas a aumentar las opciones en caso de que cometan errores.

 

Intersección con preferencia de paso

Si tenemos preferencia de paso en cualquier intersección, no dar por hecho que los contrarios siempre van a cumplir las normas.

Las intersecciones son puntos de riesgo, ya sean reguladas por semáforo, señales verticales o por norma de preferencias de paso, y donde se produce un tipo de colisión muy dañino para los ocupantes del vehículo que recibe el impacto por un lateral.

Si atravesamos una intersección con preferencia de paso previamente deberemos adecuar la velocidad a la visibilidad que exista del cruce, y estar atentos con visión periférica a algún vehículo que pueda venir despistado en trayectoria de colisión. Podemos hacer el ejercicio de imaginar esta situación mientras conducimos y adecuar la velocidad de manera que pudiéramos frenar a tiempo y maniobrar para esquivar ese vehículo imaginario. Aunque la percepción del peligro es algo subjetivo, vamos a descubrir que esa velocidad suele ser menor de 50 km/h en cruces de calles anchas y de unos 30 km/h en calles estrechas y de un solo carril, velocidades muy similares a las que marca el Código de Circulación.

Intersecciones con semáforo

Si nos toca arrancar en una intersección con semáforo recién puesto en verde y somos los primeros de la cola, debemos arrancar de forma suave mientras miramos a ambos lados, pues ya sabemos que alguien puede atravesar el cruce por despiste o por resistirse a parar por semáforo rojo recién encendido.

Intersección sin preferencia de paso

Aquí puede haber responsabilidad “compartida” en caso de colisión: quizá uno no miró suficientemente, el otro venía demasiado rápido. Si nos toca arrancar de parado en una intersección en la que no tenemos preferencia, mirar dos veces antes de atravesar o incorporarnos a la nueva vía: una para decidir, y otra vez mientras iniciamos suavemente la marcha por si bien no habíamos mirado con suficiente atención o bien venía un vehículo a velocidad excesiva que estaba lejos o fuera del alcance de la visión cuando miramos la primera vez.

Incorporaciones

Si  somos los que ya circulamos por la vía  y se acerca una incorporación, adecuar la velocidad para el caso de que se incorpore un vehículo muy lento o que no respeta la norma de preferencia. Siempre que podamos cambiaremos de carril dejando libre el contiguo a la incorporación para facilitarles la maniobra y evitar riesgos.

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Disciplina de carril

En vías de múltiple carriles en el mismo sentido por error o imprudencia cualquier vehículo puede cambiar súbitamente a nuestro carril de forma indebida, y es por ello que debemos evitar rebasar a otro u otros vehículos a velocidad mucho mayor que la suya.

Si circulamos en paralelo a otro vehículo intentar no permanecer en ángulo ciego del otro conductor, esto es, la zona que comprende desde le trasera del vehículo contrario hasta el respaldo de su conductor. En esta zona es posible que no nos vea su conductor por el espejo retrovisor si decide hacer un cambio de carril de forma impulsiva. Para ello bien aumentaremos momentáneamente la velocidad para ponernos a la altura de su ventanilla o bien disminuiremos para colocarnos por detrás de su vehículo, donde no hay riesgo de colisión y nos ven más claramente por lo espejos retrovisores.

Travesías urbanas

Circularemos a velocidad moderada de manera que tengamos siempre margen para poder frenar en caso de que cualquier vehículo o peatón pueda invadir por sorpresa la vía, así como animales o puertas que se abren. Cuanto más estrecha sea la visión, menor deberá ser la velocidad. Una calle estrecha con hileras de coches aparcadas a los lados es el peor caso porque no tenemos visión de lo que ocurre a pocos centímetros a los lados de la calzada.

Carreteras

Conducir con una velocidad moderada y mantener siempre la atención de lo que ocurre más adelante, son las medidas más eficaces que podemos tomar de forma continua para evitar accidentes provocados por otros. Curvas, cambios de rasante y cruces suelen estar señalizados con señales de reducción de velocidad precisamente para evitar accidentes debidos a falta de visibilidad y errores de cualquier usuario.

Debemos mantener siempre una distancia de seguridad suficiente con el vehículo precendente pues tiene derecho a frenar de forma brusca o cualquier otra maniobra cuando lo necesite, por alguna razón que nosotros no vemos. Además cuanto más alejados estemos del vehículo de delante mayor información visual tendremos de lo que ocurre en la vía y más fáciles y seguros serán nuestros adelantamientos.

Déjese ver: lleve las luces encendidas de día, el coste de esto es despreciable.

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Curvas

Al acercarnos a una curva, adecuar la velocidad a la visibilidad que tengamos de lo que ocurre durante y tras la curva. Pensemos que puede haber un vehículo parado, adelantando en sentido contrario, un animal o cualquier otro objeto invadiendo la vía. No se trata por tanto de adaptar la velocidad según los límites de adherencia de nuestro vehículo, muchos nos sorprenderíamos de cuán alto es, sino a poder tener opciones en caso de imprevisto.

Como vemos muchas normas del Reglamento de Tráfico marcan de forma implícita comportamientos que aumentan las posibilidades de poder corregir errores de otros. Al cumplimiento de las normas, cada conductor debería aportar  inteligencia y paciencia a la conducción, siendo conscientes que las vías públicas son eso, un medio de desplazamiento colectivo en el que cualquiera puede equivocarse.

 

Imágenes | iStock Vitality Pozdeyev

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