Peatón, se valiente: un paso atrás

Peatones

Habréis visto que en las épicas películas bélicas de los años setenta y ochenta, el sargento siempre pedía voluntarios para las misiones más arriesgadas. Aquellos que sentían que estaban elegidos para la gloria, se desmarcaban del resto dando un paso al frente, demostrando que se encontraban por delante de los demás. Este acto implicaba que no todos los que emprendían la misión volverían a casa sanos y salvos. Si como peatones que somos, decidimos dar ese paso al frente en comparación al resto, puede que nos ocurra lo mismo. Con la diferencia de que no tendremos una salva de disparos en nuestro funeral ni una medalla de Honor del Congreso.

Os preguntaréis a qué viene todo esto. Resulta que con la afluencia de gente a las ciudades en los meses de verano, los tumultos esperando a cruzar las calles más concurridas aumenta, y siempre hay alguno que le gusta estar en la “pole” aunque ello implique ponerse al borde de la calzada o incluso en ella. Si no me falla la memoria, la calzada es para los automóviles y la acera para los peatones, por lo que tanto si cualquiera de los dos invade el territorio del otro, hay algo que falla en la ecuación.

Esperar tan cerca del bordillo, implica que el más leve contratiempo que tengamos puede provocar una situación de riesgo. Un coche puede pasar demasiado cerca, o bien puedes recibir un empujón y acabar atropellado. Lo peor de todo es que implicaras al conductor del vehículo, que por esta vez, no estaba haciendo nada incorrecto. Si además, tenemos un niño a nuestro cargo, la situación es todavía más peligrosa: aun estando agarrados, los niños tienen tendencia a lanzar “patadas voladoras” a voluntad, por lo que sus piernas invadirán la calzada. Además, todos sabemos que los niños por definición no se están quietos…

Todavía os voy a poner un ejemplo peor: un cochecillo de niño, abandonado a las leyes de la gravedad en una de las rampas que facilitan a las personas de movilidad reducida subir y bajar de las aceras. Podría acabar invadiendo la calzada mientras nosotros nos atábamos los playeros.

Pero no sólo esperar cerca de la calzada implica un riesgo. Caminar muy cerca del bordillo también. Los retrovisores de los autobuses urbamos, sobre todo en las zonas próximas a las paradas, invaden el borde de la acera. Con facilidad podemos recibir un golpe en la cabeza, y seguramente no será ni el primero ni el último que fallece a consecuencia de ello.

En el metro, existen unas bonitas líneas amarillas para mantener a los pasajeros alejados del borde de los andenes. En los bancos y oficinas, para que el siguiente espere su turno y mantenga la privacidad del que es atendido. ¿Por qué no hacer lo mismo en la calle? Y no, no me refiero a pintar líneas. Estoy hablando de esperar un metro más atrás. No sólo por nuestra seguridad, también por la de los demás.

Foto | arepa182