Oda al club de los conductores mancos

Este policía pertenece al club de los conductores mancos

Siempre he admirado a la gente capaz de nadar contra corriente, de ignorar lo que los demás piensan,… e incluso las leyes. Ellos son así, y así seguirán pase lo que pase. Los admiro hasta el punto que, si no fuera porque siempre he sido un inútil con la rima, les escribiría este humilde post en verso, en lugar de esta modesta prosa.

Y es que conducir con una mano es lo más. No sólo permite que quede una mano libre, sino que además es más chulo. Por algún motivo el mismísimo Christopher Reeve alargaba un sólo brazo para emprender el vuelo dando vida al hombre de acero.

Repito, admiro a la gente que conduce con una sóla mano. Profundamente, además. Yo, aunque no me considero especialmente torpe al volante, soy incapaz de hacerlo. Completamente incapaz. Pero no tanto por falta de habilidad, que también. Sobre todo, porque no puedo evitar la idea de que, en cualquier momento, puede acaecer cualquier imprevisto que requiera una maniobra precisa.

Es que, lo siento. No tengo suficiente carácter para saltarme lo que tanto empeño puso mi profesor de escuela en enseñarme. No tengo suficiente personalidad como para dejar de lado mis opciones de reacción y supervivencia por el simple motivo de pertenecer al club de los conductores mancos, por muy de moda que esté.

No soy conservador, ni mucho menos. Pero hay cosas que no me atrevo a arriesgar; al menos, no por el simple hecho de ser chulo. Podría arriesgar mi vida por algo que valiera la pena. Podría incluso arriesgar la tuya si la recompensa fuera enorme. Pero no tengo el suficiente carácter para arriesgarla a cambio de ser molón.

Y, creedme, está muy de moda. Yo, voyeur por naturaleza (aunque siempre observo cosas limpias, no penséis mal), me fijo bastante en la gente con la que me cruzo. No tanto cuando conduzco, que no me da tiempo (otra limitación, ¡cuánto me queda por aprender!), pero sí cuando paseo o viajo en tren cerca de una carretera. Y, sin pretender dar una cifra exacta, juraría que por lo menos un tercio de los conductores hacen méritos por entrar en el club.

No es que sea un asocial. Me encantaría que los mancos me aceptaran como uno más. Pero,… no me sale.

¡Mira mira, con una mano!¡Mira mamá, con una mano!

Además, si condujera con una mano me vería obligado a usar la otra para algo. No sé en qué… bueno, si me viera en la situación ya pensaría en algo. Por ejemplo…

Quizá coger un pitillo. Ah, que no fumo. Bueno, no pasa nada. Ya que conduciría con una mano, puestos a superar tabúes, podría también ignorar las advertencias los hechos conocidos sobre los efectos del tabaco. Y, de paso, podría provocar algún incendio tirando colillas por la ventana.

Quizá hablar por teléfono. Sí, ya sé que hay aparatitos que nos permiten hablar por el móvil sin necesidad de apartar las manos del volante, con total comodidad, seguridad y legalmente. Pero da igual, no se trata de eso. Ni siquiera importa con quien hable. Lo realmente importante es tener la excusa para conducir con una mano.

Quizá programar el GPS. Hasta ahora, las veces que lo uso (cada vez menos), siempre lo programaba antes de arrancar el coche. Porque, total, antes de salir ya sabía a dónde iba. Iluso de mi, con sólo esperar un poquito habría tenido la oportunidad perfecta para ocupar la mano libre. Lo malo es que sólo lo puedo programar una vez por viaje. Da igual, siempre puedo ir navegando por las estadísticas tan monas que ofrece el aparatito.

Quizá dejar la mano sobre el cambio de marchas. No me acaba de gustar como idea, porque dejar la mano y no moverla no es muy activo. Pero algo es algo. Al menos, tiene el incentivo que al aplicar fuerza sobre el cambio en marcha, a lo mejor me lo cargo y tengo una excusa para visitar a mi mecánico, que es muy simpático y hace mucho que no le pago una pared más para su chalet.

Quizá organizar expediciones mineras a mis fosas nasales (lo siento, tampoco me atrevo a poner en negritas eso, por muy eufemístico que lo haya puesto). ¡Qué gran idea! No sólo ocupo la segunda mano, sino que además mejoro mi higiene corporal. Y, si se tercia, siempre puedo matar el gusanillo.

Quizá… No sé. Con una mano se pueden hacer muchas cosas. Sin duda, cosas más interesantes e importantes que llevar mi coche con seguridad y precisión. Tanta libertad… no se me ocurre nada más. Pero seguro que vosotros, avispados lectores de circula seguro, amigos todos, tenéis mucha más inventiva que yo.

Foto | Lord Jim, len.melanson