Nos vamos de vacaciones (2): Cargar maletas cuidando la espalda

Saber cómo cargar las maletas, para poder disfrutar de las vacaciones

Por fin ha llegado el día. Ya tenemos el coche a punto después de haberlo pasado por una revisión básica. Nos toca ahora la difícil tarea de cargar sólo con lo necesario y echarnos a la carretera. Cuando hayamos llegado a nuestro lugar de vacaciones, tocará descargar maletas y llevarlas hasta la habitación del hotel o el apartamento o la casa de esos amigos tan geniales que nos hospedan por la patilla durante unos días.

Ah, pero meter el equipaje en un maletero no es tan sencillo. No se trata ya del tetris que quizá tengamos que montar con las maletas para que todo encaje como un guante y así poder cerrar el maletero, sino que conviene reflexionar un poco sobre nuestra manera de manipular la carga para evitar llegar a nuestro punto de destino con una contractura que nos agüe las vacaciones. Lo mismo habrá que tener en cuenta a la hora de vaciar el maletero. Por otra parte, será básico adoptar una postura correcta en nuestro asiento que nos permita hacer nuestro camino sin que el cuerpo se nos resienta.


Los movimientos, siempre suaves

Estiramientos innecesarios para manejar una maleta

Para preparar el equipaje uno de los primeros pasos consiste en sacar las maletas del armario. Antes de echarles mano, debemos tener en cuenta dos premisas:

  • Cuanto menos forcemos nuestra columna vertebral, mejor.
  • Que nuestros movimientos sean siempre suaves, huyendo siempre de pegar tirones.

Por ejemplo, si tenemos las maletas guardadas en un punto alto del armario (o sobre el mismo mueble) será fundamental que nos hagamos con una escalera para llegar de forma adecuada hasta la altura a la que estén alojadas y así alcanzarlas sin problemas. Y si es necesario, no dudemos en pedir ayuda a otra persona que desde el suelo recoja la maleta que nosotros le acercamos desde lo alto de la escalera.

Otro punto interesante es que a la hora de coger la carga debemos hacerlo de manera que quede cercana a nuestro cuerpo. Dicho de otra manera, si podemos mover una maleta cerca de nuestro tronco, será mejor que si jugamos a extender la espalda y los brazos. Eso vale tanto para las operaciones de carga y descarga, especialmente cuando nos encaramamos a una banqueta para cargar la baca o portaequipajes, como para los movimientos que realicemos mientras caminamos arriba y abajo con nuestras cosas.


Evita cargar los movimientos sobre la columna

El discóbolo, ejemplo de torsión forzada

Cualquier movimiento de torsión o rotación sobre nuestro eje con un peso en las manos va a motivar un esfuerzo que nos puede llegar a ocasionar una hernia discal. Por eso, resulta fundamental que depositemos y recojamos las maletas estando de cara hacia ellas, y no de costado. Si cogemos una maleta con la idea de voltearla haciendo uso de su masa y de eso que popularmente se llama fuerza centrífuga, como si estuviéramos clasificándonos para la final mundial de lanzamiento de martillo, es muy fácil que antes o después acabemos lesionados.

A la hora de agacharnos, debemos huir de posiciones que exijan todo el trabajo a la zona lumbar de la columna vertebral. Por tanto, no doblaremos la espalda para coger la maleta, sino que nos agacharemos flexionando suavemente las piernas.

Una técnica adecuada sería la de coger la maleta con ambos brazos semiflexionados y con las rodillas también semiflexionadas. Podemos optar por mantener los dos pies a la misma distancia de la maleta o, si lo preferimos, adelantar un pie y retrasar el otro como si estuviéramos en una posición parecida a la de caminar. De cualquiera de estas dos formas distribuimos mucho mejor nuestro esfuerzo y, sobre todo, no lo hacemos recaer sobre la espalda. La maleta debe quedarnos entre las piernas, ligeramente por delante de nosotros, pero sin exagerar, para que quede suficientemente cerca de nuestro cuerpo y así evitemos sobreesfuerzos en la zona media-alta de la espalda.


Empujar, mejor que tirar.

Hombre tirando de una maleta, forzando la espalda

En los últimos años se han popularizado las maletas con trolley. Son una buena alternativa a la maleta de toda la vida. Sin embargo, también dentro de este campo hay diversas opciones. La ideal es aquella maleta que apenas necesita nuestra participación para ser movida. Es decir, que tiene cuatro ruedas y no sólo dos. Y esto es así porque con cuatro ruedas la maleta es autoestable, mientras que con dos ruedas va a necesitar que nosotros estemos tirando de ella todo el tiempo.

Siempre es mejor empujar que tirar. El empuje lo llevamos a cabo con todo el cuerpo mientras avanzamos. En cambio, el arrastre queda a cargo de uno de nuestros brazos, lo que ocasiona tirones en esa extremidad y torsiones en la espalda. Por otra parte, si arrastramos la maleta, por cada bordillo que encontremos en nuestro camino le daremos un tirón a nuestro equipaje, y ya hemos dicho que había que huir de los tirones. Mucha mejor solución será acometer los bordillos flexionando brazos y piernas y levantando la maleta, algo que podremos hacer si la empujamos a nuestra altura, y no si tiramos de ella.


La mejor postura durante el viaje

Niños durmiendo con el cuello forzado

En su momento ya remarcamos la importancia de mantener una postura correcta mientras conducimos. De hecho, cuando tratamos de la lesión por latigazo cervical comentamos también cómo una mala posición en el asiento podía agravar los daños sufridos en caso de colisión.

Un viaje largo es toda una prueba de fuego para nuestra columna vertebral. Las horas que permaneceremos sentados al volante nos pueden pasar factura si no somos especialmente cuidadosos con nuestra manera de ocupar el puesto de conducción. Toca, pues, ser meticulosos con nuestra colocación: piernas y brazos semiflexionados en una posición que nos permita accionar todos los mandos con comodidad, manteniendo la cadera en un plano inferior al de las piernas; espalda descansando completamente en el respaldo y reposacabezas a la altura de la cabeza y a una distancia de 4 centímetros.

En cuanto a nuestros acompañantes, debemos procurar que ocupen los asientos que mejor les convengan. Por ejemplo, solemos situar a la abuela en el asiento central trasero para que medie entre los dos gemelos que se empeñan en dar la tabarra por cualquier futilidad. Para cuando lleguemos a destino, lo más seguro es que a la abuela haya que ingresarla en un centro psiquiátrico previo paso por la Unidad de Traumatología, donde intentarán recomponerle la cadera y una de las rodillas (si no las dos), que habrán quedado molidas después de un largo viaje en una posición que le ha obligado a llevar las piernas excesivamente flexionadas.

¿Por qué no acomodar a la abuela en un lugar donde pueda viajar con las piernas bien colocadas? No, no pienso en la baca del coche ni en el maletero. Me refiero al asiento del acompañante del conductor. Ahí quizá vaya contándonos sus batallitas y quizá habrá que recordarle la importancia de su papel como acompañante, pero al menos evitaremos que se lesione (y las quejas y reclamaciones derivadas de la lesión, claro). Y, hablando de posturas forzadas, habrá que tener en cuenta que posiciones extrañas como esa de plantar los pies sobre el salpicadero puede ser el primer paso para acabar parapléjico en el mejor de los casos.

A menudo nuestros acompañantes se duermen. Es normal e incluso deseable, sobre todo en el caso de los niños y en el caso de adultos que son peores más molestos que los niños. Sin embargo, corren el riesgo de que su cuello sufra si les cae la cabeza hacia un lado. Para evitarlo, podemos darles un cojín cervical que les ayude a mantener la cabeza erguida aunque caigan en brazos de Morfeo.

Para acabar, debemos tener presente que si viajamos es para descansar, y no para volver a casa peor de lo que nos fuimos. Por eso, tener cuidado de nuestra espalda es una actitud que no permite vacaciones. En última instancia, si hemos pasado completamente de estas recomendaciones y hemos hecho las cosas tal y como aparecen en las fotos, antes que tomarnos un relajante muscular, que posiblemente nos adormecerá hasta el punto de que podemos perder de vista lo que nos rodea mientras conducimos, la solución pasará por aplicar calor local en la zona afectada. Estaremos de acuerdo en que aplicar calor en pleno verano no es plato de buen gusto, de modo que una vez más se hace patente que es mejor prevenir que curar.

Foto | Matthew Bietz, joebeone, Matthias Kabel, Ed Yourdon, Dossy

En Circula Seguro | Nos vamos de vacaciones (1, 2, 3, 4, 5)

  • PAL

    ups… yo soy de los que ponen los pies en el salpicadero… en la furgo de mi padre y sobretodo en los viajes hacia Francia. Ya no lo vuelvo a hacer…

  • ¡¡ PAL !!

    😛