No es lo mismo disolución que solución


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La carretera N-323 conecta, entre otros, Figueruelas con Mallén, en la provincia de Zaragoza. Se trata de un tramo de 27 kilómetros con un tráfico muy grande de camiones, y al ser una vía de doble sentido, los adelantamientos eran frecuentes. Para atajar la siniestralidad del tramo se cambiará la señalización para avisar a los conductores del peligro que tiene cada cinco Km.

Pero no sólo eso, se limitará la velocidad máxima a 80 Km/h y quedarán prohibidos los adelantamientos. El alcalde de Mallén declaró: “A 80 por hora, estos 27 kilómetros cuestan 20 minutos. Si realizamos uno, dos o tres adelantamientos, podemos llegar a ganar tres o cuatro minutos. ¿No merece la pena perder ese tiempo para evitar muertes?”.

Esos tres o cuatro minutos pueden tener un coste elevado. Incluso conduciendo un vehículo de gran potencia, pongamos 200 CV en adelante y en compacto/berlina, el número de adelantamientos unido a las condiciones hacen del tramo un sitio bastante peligroso. ¿Por qué? El factor humano por partida doble, cuando se diseñó la carretera y cuando se utiliza en el día a día.

Para curarse en salud, los políticos han decidido limitar la vía para evitar potenciales situaciones de riesgo. ¿Hay alternativa? Sí, la AP-68, que pasa cerca. El que quiera ir a más velocidad tendrá que ir por el peaje, pero no sólo eso, irá más tranquilo. Lo ideal sería tener una carretera alternativa de dos carriles por sentido, y gratuita.

Esa sería la solución, pero la disolución es poner restricciones a la carretera para reducir la siniestralidad. Una vigilancia más o menos regular de la Guardia Civil y radares para evitar que se vaya más deprisa serían medidas impopulares por los conductores locales, pero ¿y si realmente sirven para salvar vidas? Los argumentos en contra se empezarían a acabar.

R-305 Adelantamiento prohibidoR-305 Adelantamiento prohibidoComo he dicho antes, lo ideal es tener unas infraestructuras 10 en las que poder ir al límite legal de velocidad (algunos desean más) sin tener ni cruces al mismo nivel, ni cambios de rasante, ni riesgo por adelantamientos.

Pero eso no siempre es posible, y eso se mitiga conduciendo prudentemente.

No adelantar si no es estrictamente necesario, mirar bien en los cruces, respetar el límite de velocidad, evitar pisar las marcas viales contínuas, mantener la distancia de seguridad… Son métodos muy eficaces para reducir la siniestralidad que enseñan en la autoescuela, ahora bien, ¿cuál fue su grado de cumplimiento en la mayoría de accidentes registrados por ahí? Me imagino la respuesta, y seguramente vosotros también.

Conducir de forma segura y responsable siempre es mejor, con infraestructuras buenas o malas, haga sol o nieve, de día o de noche, con carga y sin ella, etc. Ese debe ser dogma a la hora de conducir, los resultados hablan por sí solos.

Imagen | Wikipedia
Vía | Heraldo de Aragón