Neurociencia y seguridad vial: el frustrado idilio

Neuronas

El otro día tuve la increíble oportunidad de visitar la sede de una empresa barcelonesa dedicada a la investigación y desarrollo. Su lema no puede ser más interesante, «donde la ciencia se convierte en las tecnologías del futuro». Concretamente, me recibió el responsable del departamento de neurociencia.

Entre muchas otras cosas, mi anfitrión me explicó un proyecto que habían intentado desarrollar en el ámbito de la seguridad vial. Aunque, por desgracia, la falta de un mercado claro les ha hecho poner el producto en la nevera por el momento, probablemente a la espera de algún cambio en la legislación que lo haga provechoso.

Resulta que uno de los productos estrella de esa gente es un equipo portátil de electroencefalografía. Es un chisme similar a las linternas que se usan en espeleología, que se coloca en la cabeza y sirve para monitorizar la actividad eléctrica del cerebro (entre otras cosas). El concepto no es que sea nuevo, claro; lo llevan utilizando los hospitales desde hace décadas. Pero el hardware hospitalario es caro y poco portable.

En esencia, los sensores del electroencefalograma registran las corrientes eléctricas que se generan en (y entre) las neuronas cuando se comunican. Sin embargo, los precisión no es suficiente para detectar las corrientes creadas por una sóla neurona. Por lo tanto, la señal captada por este medio corresponde a actividad sincronizada de muchas neuronas de una misma región. O sea, que nos da una buena idea de lo que está haciendo cada parte del cerebro.

Analizando la señal, un ordenador puede darnos bastante información acerca del estado actual de nuestra mente, asegurándose que estamos en condiciones de continuar circulando con seguridad. Lo más obvio: detectar si estamos a punto de quedarnos dormidos. Pero no tiene porqué limitarse a eso, en el futuro un sistema así podría llegar a avisar al conductor que está pensando en otras cosas, en vez de prestar atención a la carretera.

Por supuesto, es una de las formas más fiables de ver lo que realmente está pasando por nuestra cabeza. Existen sistemas de monitorización del conductor que se basan en síntomas externos (por ejemplo, una cámara enfocada al rostro del conductor observando permanentemente que los párpados estén abiertos).

Sin embargo, los gestos externos no son siempre infalibles para determinar el estado del sujeto (por ejemplo, si viene nos sol de cara, podemos entrecerrar los ojos para ver mejor, y el sistema podría interpretar que estamos cayendo en los brazos de Morfeo). En cambio, los datos del electroencefalograma provienen de la misma fuente de nuestra consciencia, no hay confusión posible.

Lo ideal sería poner un sistema de estos en las cabezas de todos los conductores, pero la verdad es que parece algo poco factible. En primer lugar, ¿vosotros os lo pondríais, si no estáis obligado a hacerlo? Y eso que no es nada incómodo, como llevar una gorra. En segundo lugar, por el precio del hardware necesario. Aunque esta empresa ha conseguido desarrollar una versión portátil y mucho más barata que los equipos clínicos, el precio sigue rondando los tres mil euros.

La idea iba más bien dirigida a los conductores profesionales, sobre todo aquellos que tienen bajo su responsabilidad a gran cantidad de pasajeros, o bien mercancías peligrosas. No obstante, no terminaron por encontrar un mercado para su innovación. Por desgracia, no siempre es suficiente con tener una buena idea.

Aunque no descartan que, en algún momento del futuro, el proyecto sea viable. Quizá con algún cambio de legislación, o de sensibilidad por parte de las empresas que realizan transportes de larga distancia.

A mi esto me recuerda en cierta medida lo que nos contaba Josep hace un par de semanas, acerca de la inexistencia de una ITV para el factor humano. Cada día más, la mecánica de nuestro vehículo es monitorizada por los ordenadores de abordo, hasta el punto que ya no vamos al mecánico a decirle que escuchamos un ruidito, sino que se nos enciende una luz en el salpicadero. Quizá algún día, el control en tiempo real también se extienda al cerebro que lo controla todo.

Foto | MethoxyRoxy
Vídeo | Starlab