Cuando la moto es tu herramienta de trabajo: buenas prácticas para conducir con seguridad

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Vivir y trabajar en una gran ciudad puede tener algunos inconvenientes si nos referimos a cuestiones de circulación y transporte, sobre todo para aquellos conductores acostumbrados a las grandes aglomeraciones en los servicios de transporte público o el tráfico en calles y autovías en hora punta. Si eres de los que usa el coche para ir a la oficina o necesitas tu vehículo como herramienta de trabajo, puede que te interese pensar en la moto como tu nuevo medio de transporte, ya que resulta ágil y te permitirá tener una experiencia agradable y segura.

Además de ser una forma rápida para desplazarte o para desempeñar tu jornada laboral, la motocicleta puede ser un medio de transporte muy seguro si se atienden a las normas de circulación y el manual de buenas prácticas. Según el estudio sobre “Inercias en los medios de transporte” realizado por la consultora Nielsen, especialista en marketing e investigación sobre el consumidor, en el que se tomaron datos de más de 30.000 consumidores en 60 países, la moto es el vehículo más efectivo para ir al trabajo ya que, por ejemplo, cerca del 91% de los motoristas españoles llega al trabajo en menos de diez minutos, frente al 41% que tarda más de una hora en coche.

Atenerse a las normas y límites de seguridad

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Es lo primero que debe tener en cuenta cualquier conductor (más aún si es primerizo) para no bajar la guardia ni coger demasiada confianza cuando se está a los mandos. Tener en mente el respeto al resto de usuarios de la vía y a los peatones es fundamental, pero también lo es la responsabilidad de no superar la velocidad máxima, obedecer las prioridades, semáforos, cruces, señalizaciones y normalización del alumbrado.

Por otro lado, la legislación está para velar por nuestra seguridad y por ello debe cumplirse. Un requisito imprescindible, que es independiente del tamaño o cilindrada de nuestra moto o del trayecto a realizar, es el de llevar casco. Tendremos que hacer una buena elección, pues es obligatorio que esté homologado y que cumpla con las reglamentaciones legales, ya que es nuestro salvavidas.

Portar el equipamiento adecuado y tener la moto siempre a punto

Junto con el casco es importante llevar la ropa adecuada, pues nos ahorrará muchos contratiempos y nos sentiremos siempre prevenidos ante situaciones que no podamos controlar. Vestir una chaqueta reflectante con protecciones en hombros y espalda, llevar guantes, pantalón largo y calzado apropiado nos protegerá y permitirá no pasar desapercibidos al resto de usuarios de la vía. Si estamos de camino a la oficina, una buena idea es conducir con ropa cómoda para luego ponerte la camisa y chaqueta una vez hayas llegado a tu destino.

Resulta igualmente recomendable el realizar revisiones periódicas a la moto o ciclomotor y preocuparnos por su mantenimiento. Examinar el estado de las luces, la presión de las ruedas, el desgaste del dibujo de los neumáticos (nunca inferior a dos milímetros) y niveles de aceite es lo mínimo que hay que controlar con asiduidad o según el kilometraje o la edad del vehículo.

Por último, según la capacidad de la moto podremos cargar más o menos equipaje pero siempre de forma segura, teniendo bien amarradas cada una de las piezas en zonas estables con ganchos, pulpos o portaobjetos. Además, todo motorista debería incluir un mínimo equipo de protección, como kits de emergencia, reflectantes, herramientas o estuche de limpieza, para poder retirar restos de suciedad o barro que puedan resultar un obstáculo en días lluviosos.

Manual para una correcta circulación

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En carretera o calle, hay muchas circunstancias que no dependen de ti y que pueden ocurrir, pero no cabe duda de que todas ellas pueden ser evitables si eres un conductor responsable, previsor y concentrado. A pesar de que la moto es un vehículo ágil y rápido, no debemos apurar el tiempo con el que salimos de casa, ya que las prisas nunca son buenas y son las que nos pueden generar más situaciones de peligro. Por ello, es mejor conducir siempre a la defensiva en todo momento, estando alerta para no llevarnos ningún susto: si dudamos un instante es mejor no atreverse; y si pensamos que no nos han visto es mejor hacerse oír y ver, alertando de dónde nos encontramos ante posibles puntos ciegos de otros conductores.

Es posible prever las horas de más tráfico y las vías en peor estado para evitar prisas, estrés, fatiga y cansancio, pero más importante aún es eludir distracciones (como el teléfono móvil o los auriculares) y, en caso de recorridos largos, realizar estiramientos, descansar y consumir agua o refrescos.

Circular en línea recta y rehuir del zig zag entre coches, siempre señalizando cada maniobra y manteniendo la distancia de seguridad, pues la moto tarda más en frenar si tenemos en cuenta que sólo tiene dos ruedas. Igualmente, los motoristas pueden aprovechar la posición de ventaja de estar situados por encima de la línea de visión de otros vehículos. Mira lejos de ti para ver lo que te precede. En ocasiones puede ser útil situarse en mitad del carril ya que de esta manera evitas que coches más voluminosos realicen adelantamientos apurados, pero si nos colocamos en un lateral maniobramos más fácilmente ante frenazos inesperados.

Hay que tener cuidado con las trampas urbanas que supongan un riesgo. En los pasos de peatones hay que extremar la precaución por si alguien intenta cruzar en rojo; las líneas de pintura, tapas de alcantarillado, manchas de aceite o combustible y las rejillas de ventilación reducen la adherencia sobre todo con lluvia, ya que el agua juega siempre en nuestra contra, convirtiendo el asfalto en una pista de patinaje. Los vehículos parados o en segunda fila como autobuses o taxis pueden generar situaciones de peligro ya que muchos pasajeros se bajan sin mirar por el retrovisor o cruzan por delante sin visibilidad.

En conclusión, la moto es un medio muy ventajoso para conducir por ciudad ya que no es tan peligrosa como se piensa, reduce a la mitad el tiempo en que podría recorrerse el mismo trayecto en transporte público, supone una ventaja económica por el ahorro en atascos y combustible respecto a un coche, agiliza el tráfico, reduce las emisiones contaminantes y se aparca mucho más fácil que cualquier otro vehículo.

 

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Infografía | Fundación Mapfre

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